Con lágrimas, Adolfina Vasconcelos Hernández narra cómo murió su hermana Sara hace un mes; la pobreza provocada por la pérdida en las ventas de sus dulces y buñuelos, impidió que tuviera atención de calidad.
“Así nos ha dejado el olvido, la indiferencia y la insensibilidad de las autoridades que han permitido que se pierda no solo la tradición, sino la única forma que hemos tenido de llevar el sustento a casa”, dice.
En el momento que platica su historia, Adolfina es interrumpida por una turista que al hallar el puesto de los tradicionales buñuelos, manifiesta su entusiasmo por recordar su infancia, cuando acudía con sus padres a degustar la tradicional fritura y romper el plato de barro donde se sirve.
“Llevo dos días buscando un buñuelo, me duele ver que aquellos puestos que lucían en la Alameda y a donde acudía tanta gente están extraviados; ¿cómo pueden permitir eso en Oaxaca?; ¿qué acaso no saben las autoridades la importancia que tiene este producto en el gusto de la gente de aquí y los visitantes?”, cuestionó.
Una tradición que muere
Con dolor, Adolfina evoca la época en que don Jorge Pérez Guerrero les brindó el apoyo como autoridad municipal, para que se instalaran 17 puestos de buñueleros en la Alameda de León, una labor que iniciara su familia.
“Mis abuelos maternos comenzaron con esto, luego mi madre quedó viuda y de ahí nos sacó adelante, sus hijos y nietos siguieron la tradición; los buñuelos, los dulces de frutas cristalizadas y los de harina eran un éxito, el turismo se acercaba y disfrutaban esos productos, los que hoy ya desaparecieron”, manifestó.
Y en efecto, en esta temporada como en otras fiestas, solo tres expendedores de buñuelos se encuentran en la ciudad, dispersos y a expensas de la buena voluntad de los líderes de ambulantes, verbeneros y de mercados, así como de las autoridades municipales, para que les permitan vender.
“El del Jardín Morelos, que era el de mi hermana, ahorita está sujeto a que los verbeneros se levanten; en caso contrario tendrán que esperar a que lo hagan, el otro lo mandaron al Jardín San Francisco y este de San Agustín, atrás quedaron los buenos tiempos”, expresó.
Adolfina tuvo que aceptar que el puesto de dulces tradicionales del que se sostiene lo enviaran hasta la colonia Reforma, y espera ansiosa las fechas como la decembrina para la venta de sus buñuelos, en la que apoyada por su hija, busca llevar un poco más de ingreso a su hogar.
“Me duele lo que está pasando, sobre todo porque nos desplazaron por dulces que ni siquiera son oaxaqueños; el zócalo está lleno de puestos, de cosas y vendedores que no son de aquí, ahí tiene el montón de triciclos que en todos lados venden las marquesitas de Yucatán; ¿y nosotros y los dulces oaxaqueños como el buñuelo?, nos menosprecian y hacen a un lado”, dice.
Romper el plato y realizar un sueño
María Isabel Díaz, la turista que interrumpiera la plática, escucha también la historia de la buñuelera más antigua de Oaxaca. Ella dice que la ilusión de romper el plato cuando tenía 7 años y acudía con sus papás a la Alameda, la trajeron de vuelta después de muchos años.
“Me fui a vivir a Martínez de la Torre en Veracruz y hoy que se dio la oportunidad, le pedí a mi hijo que me acompañara a buscar un buñuelo, queremos romper el plato y pedir un deseo, volver y ver que de nueva cuenta podremos encontrar este dulce; no se vale que las autoridades no pongan atención a algo tan tradicional, único en México”, indicó.
Agregó que durante dos días no cesaron en su búsqueda, hasta que dieron con el más céntrico, el de Adolfina, que a sus 79 años sigue en la lucha por sobrevivir y no dejar morir la hermosa tradición que ya fenece.
En respuesta, Adolfina puntualiza: “Yo también quisiera romper un plato, como se ha hecho en tantos años y que se cumpla mi sueño, lograr que alguien voltee la mirada hacia nosotras y nos ayude a no morir con la tristeza de saber que no hubo mayor oportunidad, como no la tuvo mi hermana, que se decidan a rescatar la tradición de los buñuelos y los dulces oaxaqueños que son nuestro sustento”.
