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Agonizan afiladores por la pandemia; tecnología y virus dan el tiro de gracia

Foto(s): Cortesía
Alexei García

Andrés Pérez es afilador de cuchillos en Oaxaca de Juárez, pero la pandemia de COVID-19 agravó su situación económica; no obstante, su fe lo ha mantenido en pie durante este vendaval de inactividad laboral y ante la obligación de llevar el sustento a su casa.


Calcula que la cantidad de cuchillos que afila actualmente es menor en 50 por ciento al trabajo que realizaba en los días de la antigua normalidad. “La verdad que sí nos perjudicó a todos. La escuela, el trabajo, pero pues ahora sí que ¿qué podemos hacer? Pues al menos este trabajo es honrado, pues más que nada es un trabajo artesanal, es un trabajo honesto”, afirmó.


Antes de dedicarse a ser afilador, hacía de todo un poco; fue ayudante de albañil, pintor; además, en el tiempo en que fueron renovadas las calles en la capital oaxaqueña, fue encargado de una bodega.


“Cualquier trabajo, nada más que sea honesto y honrado, porque todo tiene su tiempo, todo tiene un tiempo donde hay trabajo y a veces no, a veces escasea. Esta situación que estamos pasando, le vuelvo a decir, la necesidad, la obligación de llevar el sustento más que nada; un lugar de afilador, andar afilando”, aseguró.


“De hecho, mi oficio no es este; yo le sé a la electricidad, a la plomería, pero todo tiene su tiempo, a veces no hay, a veces hay trabajo; pero, pues aquí me la voy pasando”, mencionó Andrés, en una de las calles del Centro Histórico de la capital oaxaqueña.


Sobre su horario de trabajo, comentó que todo depende de la hora en que salga de su casa. “Si yo me salgo temprano, regreso temprano; si salgo tarde, pues tarde. Este trabajo es de caminar y caminar y caminar”, puntualizó bajo un inclemente sol.



El silbato de afilador, un sonido característico


Mientras espera a una clienta que lo citó frente a la entrada del Jardín Etnobotánico, Andrés Pérez señaló que su forma de comunicarse con sus clientes es a través del silbato de afilador. “Nosotros ocupamos como afilador el silbato y por el silbato nos identificamos y ya sale la persona”.


En esta forma de atraer la atención de sus clientes, también se vio afectado por la pandemia de SARS-CoV-2, pues aseguró que “rara es la persona que sale, pues por la pandemia tienen miedo de contagiarse”.


Este silbato lo compro en el mercado 20 de Noviembre, ubicado en el Centro Histórico de la capital oaxaqueña. “Pero ya casi ya no hay, ya no hay”, mencionó mientras muestra su silbato que ya ha sido reparado en muchas ocasiones.


“De hecho ya se rompió, porque es muy difícil para conseguirlo y como todo, ya se va terminando su plazo”, comentó resignado y con cierta tristeza.


Un oficio en vías de extinción


Este afilador de cuchillos sabe que éste y los siguientes años podrían ser los últimos de este oficio. “El trabajo del artesano ya se va quedando atrás, ahorita, ya que es lo que pasa. La inteligencia, vienen otros aparatos, por ciento venden en el zócalo un aparato para afilar, como sierrita y todo se va acabando”, lamentó, pero sin llegar a conmoverse.


Andrés Pérez cobra 20 pesos por afilar un cuchillo, del tamaño que sea, siempre y cuando sea puro filo. “Hay dos clases de trabajo, puro filo o hay que ‘despalmarlo’, que es del filo hacia arriba, un centímetro y medio adelgazar la hoja a ambos lados, ese cobraría 30 o 40 pesos, pero pues rara la vez”, explicó.


“Realmente son pocas las personas que salen, que necesitan el servicio”, relató.



Una fe inquebrantable


Este adulto oaxaqueño tiene dos hijos, a los cuales debe mantener, junto con su esposa. A pesar de las dificultades que ha encontrado a lo largo de su vida, nunca pierde la fe y así lo demostró mientras respondió a la entrevista para NOTICIAS Voz e Imagen.


“Nos encomendamos al de allá arriba, como debe de ser, en primer lugar. Ahora sí que no dependemos de nosotros mismos, dependemos de Él. Él es el que provee, Él es el que da el sustento, Él es que da las fuerzas, Él que realmente nos tiene, por la misericordia de Él, nos tiene buenos todavía”, finalizó.


 


  • 50 % se redujo el trabajo para los afiladores

  • 20 pesos cobra por afilar un cuchillo

  • 30-40 pesos cobra por despalmar un cuchillo

 


La verdad, que sí nos perjudicó a todos; la escuela, el trabajo; pero pues, ahora sí que ¿qué podemos hacer? Pues al menos este trabajo es honrado, pues más que nada es un trabajo artesanal, es un trabajo honesto”, Andrés Pérez, afilador de cuchillos


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