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A 50 años, Tlatelolco no se olvida en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Con una fuerte concentración policíaca y con la participación de mil 500 personas, de acuerdo a estimaciones de la Policía Vial Estatal, la Sección 22  de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) marchó en las calles de la ciudad de Oaxaca para recordar el 50 aniversario de la matanza ocurrida el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.


“El motivo de la marcha es recordar la masacre que ocurrió en Tlatelolco por una manifestación de estudiantes y obreros, por lo que exigimos justicia, al mismo buscamos justicia para los muertos de Nochixtlán y demás caídos y desaparecidos”, dijo Alfredo Aquino Julián, representante regional de la Sección 22 en la región de Valles Centrales.


La Sección 22, representada principalmente por docentes de Valles Centrales y de la Sierra Sur, estuvo acompañada por organizaciones sociales, sindicatos independientes y estudiantes, quienes a través de consignas mostraron su repudio a la Reforma Educativa.


Además, participaron grupos radicales de anarcopunks, quienes realizaron pintas en negocios y casas a lo largo del recorrido de la marcha. Estos grupos se mezclaron con el grueso del contingente, con lo que consiguieron pasar inadvertidos para las fuerzas policiales.


Marginados


“La manifestación la vamos a hacer de manera ordenada, a los grupos anárquicos los sacaron de la Universidad, por lo que vamos tenemos un grupo de seguridad para que no haya desmanes durante el recorrido”, explicó Aquino Julián.


La manifestación inició a las 18:00 horas y partió de la fuente de las Ocho Regiones para seguir por la Calzada Porfirio Díaz, Avenida Juaŕez, doblar en Morelos e Hidalgo y finalmente llegar al zócalo, donde organizaron un mitin.


La concentración ocasionó caos vial en las colonias Reforma y Centro de la capital del estado, además del cierre adelantado de negocios, cuyos propietarios temían saqueos o destrucción de los productos.


“Sabemos que a este tipo de eventos acuden personas que cometen actos vandálicos, es por eso que nos ordenaron cerrar mientras pasa la manifestación, y creo que hicimos bien pues algunos encapuchados realizaron pintas en el banco de enfrente”, dijo un mesero, quien labora en una cafetería que se ubica sobre la Calzada Porfirio Díaz.



Los oaxaqueños no olvidaron la masacre a 50 años de distancia. FOTO: Emilio Morales

Acompañan policías a manifestantes


Sin mezclarse con los manifestantes, decenas de policías viales y antimotines resguardaron la marcha organizada por integrantes de la Sección 22.


“Estamos a la espera de cualquier contingencia o acto vandálico, los antimotines se ubicaron en las calles paralelas a las calles del recorrido”, dijo un policía vial.


Al llegar la manifestación a la avenida Juárez, el contingente policíaco se ubicó en la parte trasera de la marcha, donde los siguieron guardando su distancia. “Las pintas en los negocios y casas las realizaron en medio de la marcha, en donde no podíamos ingresar, ya que eran protegidos por los manifestantes”, declaró un oficial.


Al llegar al zócalo, una hora y después de iniciada la marcha, los manifestantes se dispersaron, por lo que en el mitin sólo participó una pequeña parte de los docentes.


El 68 un recuerdo que se desvanece


Majestuoso, el cerro de San Felipe vigila a la Verde Antequera. Lejos de la plaza de las Tres Culturas, pero cerca del anhelo de justicia.


La cita era a las 17:00 horas, pero los convocados llegaron tarde, otra vez. El motivo: conmemorar y exigir justicia para uno de los sucesos que más le duelen al pueblo mexicano: la masacre de Tlatelolco de 1968.


El cerro de San Felipe sólo observa mientras el astro rey le brinda sus últimos rayos, el ajetreo en sus faldas lo provocan cientos de personas que se aglomeran en la fuente las Ocho Regiones, que ayer sólo fueron dos: Valles Centrales y la Sierra Sur.


— Ya te anotaste.


— No.


— Pues apurate porque casi salimos.


Los maestros buscan apresurados anotar sus nombres en las listas para ser tomados en cuenta. Los estudiantes conversan y los integrantes de las organizaciones sociales y sindicatos, rien.


Los otros, los radicales, llegan apresurados, vestidos de negro y con la apariencia de jóvenes de no más de 17 años, preparan la pintura y las calcas. Algunos se tapan el rostro con pañuelos y lentes, al ver la mirada inquisidora de los reporteros.


Las consignas


“Avanzar, avanzar, a la huelga nacional”, se escuchan en las bocinas y el contingente se mueve lento rumbo al zócalo de la ciudad. Transcurren 10 minutos para que el cerro de San Felipe vea al último manifestante retirarse de la fuente.


El sol se ha ido por hoy. Los radicales ponen manos a la obra y, sin ninguno que muestre la cara, inician su trabajo; pintan las fachadas de negocios y casas. Los dueños más cautelosos cerraron, otros sólo veían con esa mirada de impotencia que cientos de oaxaqueños muestran en los bloqueos.


Los policías viales van al frente y atrás, cuidando que los vehículos no impidan el paso de los manifestantes; los antimotines aguardan en calles paralelas al recorrido.


Los clichés


Al frente de la manifestación piden justicia. Sus consignas parecen clichés: "maestro, luchando, también está enseñando" o “diálogo sí, masacre no" sin que faltara el "solución, solución, no queremos represión".


Al llegar a la casa de gobierno, los radicales vieron frustrados sus planes, pues pintado con material antigraffiti, los planes de dejar un mensaje con aerosol no fue exitoso, sin embargo, adornaron con su “arte” decenas de negocios y casas particulares.


Sin mayores contratiempos, tomando como referencia lo ocurrido en años pasados (saqueos y hasta quema de vehículos de agencia) los manifestantes llegaron al zócalo, donde se desvanecieron y los radicales se mezclaron.


Así se recordó 50 años de una masacre, con la súplica eterna de justicia, con un recuerdo que se disipa.

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