La Plaza de la Danza se convirtió en el epicentro de una fiesta viva, donde los años se transformaron en danza, orgullo e identidad. Alrededor de mil 500 personas se reunieron para celebrar la tercera edición de una Guelaguetza muy especial: una fiesta protagonizada enteramente por personas mayores, quienes demostraron que la tradición no tiene edad, sino memoria y corazón.
La magia comenzó desde la tarde con una colorida calenda que partió del Templo de Santo Domingo de Guzmán. Entre el estruendo de las bandas de viento, marmotas gigantes que giraban en el aire, faroles iluminados y el brillo de la pirotecnia, el Centro Histórico de Oaxaca se llenó de música y sonrisas. El alegre desfile guió a los participantes directo al escenario principal, contagiando a locales y turistas a su paso.
Doce delegaciones integradas por abuelas y abuelos de distintos clubes de día del estado se encargaron de revivir la riqueza cultural de sus comunidades a través de un emotivo viaje por las ocho regiones. La delegación de Santa Lucía del Camino abrió el escenario con el garbo y la alegría del Jarabe Ejuteco, dando paso a los sones y jarabes de la Sierra Juárez presentados por San Melchor Betaza. La riqueza mazateca se hizo presente con San Mateo Yoloxochitlán, mientras que San Lorenzo Cacaotepec interpretó las tradicionales chilenas de Santiago Pinotepa Nacional.
La fiesta continuó con el ritmo costeño de Santa María Tonameca, la elegancia del Jarabe Mixteco de Santiago Chazumba y la fuerza de la emblemática Danza de los Diablos de Santiago Juxtlahuaca, una expresión que recordó a todos la resistencia cultural de su región. El público también se rindió ante la nostalgia de la Sandunga de Santo Domingo Tehuantepec, el ritmo del Fandanguito de San Pedro Totolápam y los sones de Guadalupe Etla. Hacia el final, la Plaza de la Danza vibró con la simetría perfecta de Flor de Piña a cargo de San Bartolo Tuxtepec y el colorido indiscutible de las Chinas Oaxaqueñas de Santa Cruz Xoxocotlán.
Este encuentro no solo fue un espectáculo de baile y música, sino un recordatorio profundo de que nuestras personas mayores son las verdaderas guardianas de las tradiciones, la identidad y la riqueza cultural que hacen único a Oaxaca. Fue una noche donde el aplauso del público se convirtió en el mejor agradecimiento para quienes han dedicado su vida a preservar nuestra herencia.
