Pasar al contenido principal

La psique y el retorno a la génesis del saber

Ilustración conceptual sobre la psique humana, representando la complejidad de sus leyes estructurales y el retorno a la génesis del saber.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Sentarse a escuchar a un paciente en el consultorio es comprendido tradicionalmente como un acto clínico centrado en la palabra y el aparato psíquico. Sin embargo, el encuentro con la Nueva Filosofía Mecanicista (NFM) en el seminario de formación de psicoanalistas del INEIP fractura esta visión mía tan limitada. Ser analista hoy exige un recorrido obligatorio por la génesis humana: desde la exactitud matemática y la astronomía antigua hasta las leyes de la física moderna.

Este viaje epistemológico no es un adorno intelectual para el instituto, es la herramienta fundamental que posee el analista para desligar su propia moral de las vivencias o narraciones que el paciente confiesa. Al comprender que la psique humana opera bajo leyes estructurales complejas y no bajo juicios de "bien o mal", como analista, me veo en la necesidad de abandonar la pretensión de "cambiar" o "corregir" al sujeto. El trabajo clínico se transforma, entonces, en una aventura: un viaje cartográfico para recorrer las estructuras de la psique.

EL ORDEN DE LA NATURALEZA Y EL SÍNTOMA 

Nuestros antepasados zapotecos miraban el cielo y la tierra con un profundo sentido de que los astros, los ciclos del cielo y la vida humana respondían a un orden. Esta misma geometría perfecta es la que hoy la ciencia describe a través del Caracol de Fibonacci y la sucesión matemática (0, 1, 1, 2, 3, 5, 8...).

La espiral de Fibonacci nos demuestra que la naturaleza no crece de forma caótica; cada nuevo giro depende matemáticamente de la suma de los pasos anteriores. En el psicoanálisis, el síntoma de un paciente opera bajo esta misma lógica: el sufrimiento o el tropiezo al hablar no son eventos al azar, son el giro actual de una espiral matemática que está determinada por la historia, los traumas y las palabras fundacionales del sujeto, sus eslabones anteriores. El analista, como el antiguo astrónomo zapoteco o el matemático puro, no busca juzgar la forma de la espiral, busca calcular y comprender la ley de sucrecimiento.

Recuerdo que cuando cursaba la secundaria escuché hablar de este caracol de Fibonacci por primera vez y me causó una gran fascinación, sin embargo, ahí quedó; ahora, no sé por qué,este seminario que trató de la Nueva Filosofía Mecanicista me remonta a él, a la psique y al consultorio.

Los números más pequeños que están en el centro del caracol son el pasado o el inicio, la curva exterior por donde va creciendo el caracol es el presente y hacia donde se va a expandir es el futuro y lo que me resulta sorprendente es que con un sujeto ocurre lo mismo o al menos así lo percibo. El caracol necesita ese centro o pasado para sostener la curva del presente y proyectar el futuro. Cuando un paciente de 45 años llega, se sienta en el consultorio y llora, lo hace con la misma angustia y el mismo dolor que vivió en sus años de infancia; para ese paciente que está narrando esa va vivencia no es un recuerdo del pasado, es un evento que está formando parte de su vida y que también sin duda conformará su futuro.

Así que, cuando escuchamos en la clínica el síntoma del presente, investigamos el pasado a través de su historia y de relatos, para así poder deconstruir el futuro. Es decir, el pasado,presente y futuro se sientan al mismo tiempo en la misma silla o se recuestan en el diván, eso es lo que escucha el o la psicoanalista.

Con la Nueva Filosofía Mecanicista veo que no somos una versión deshumanizada como un robot biológico, al contrario, me doy cuenta de que de alguna manera nos comportamos como los perfectos engranajes de un reloj y que la salud, el dolor y la psique son el resultado de mecanismos en cadena donde el cuerpo, la mente y el entorno político y cultural se acoplan perfectamente.

 El Analista como copiloto de viaje

El seminario del INEIP me deja una certeza invaluable: en la formación de analistas despojarse de la moral es obligatorio. El analista no es un juez, es un cartógrafo de mecanismos vivos.

Los psicoanalistas, nos sentamos como copilotos en el vehículo llamado vida del paciente que a su vez es el chofer para hacer un viaje o recorrido por todo su andar. Este viaje no tiene el propósito de cambiar las piezas de un reloj que ha dejado de funcionar, sino que el paciente descubra cómo funciona su propia maquinaria, entienda el ritmo de su propia espiral y logre, finalmente, alcanzar la armonía con su destino.

No te pierdas nuestros artículos de “Consultorio del alma” y de “Lecturas para la vida”, donde leerás el encuentro ético entre el analista y su propia ignorancia frente al saber.

[email protected]

 

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.