Daniela Clarisa Concha León
Al parecer, la psicóloga tenía la hipótesis de que Marita sufría un tipo de violencia, pero quería confirmar cuál. Sin embargo, al aplicar las pruebas psicométricas no había concordancia. Fue por eso que sólo después de la sexta sesión, la doctora tuvo un diagnóstico más cercano a los indicadores. Le comunicó a doña Lulú que Marita presentaba problemas de aprendizaje resultado de la falta de atención en casa y que afectaba muchas esferas, entre ellas la autoestima, lo cual, por otra parte, desencadenaba múltiples conductas auto dañinas. Doña Lulú, al escuchar aquel diagnóstico, comenzó a unir los hilos.
—¡Claro! Marita me comentó que no le gustaba ir a la escuela porque la maestra es muy regañona y que le grita; también me dijo que algunos de sus compañeros la molestan.
—Así es, muchas veces las dinámicas escolares afectan a los niños; niñas, en este caso de Marita, pues es un lugar muy importante para su socialización— dijo contundentemente la doctora.
—Pobre de mi niña, todo lo que pasa y yo sin saber— se lamentó doña Lulú.
—Es algo que no podemos controlar, señora Lourdes, sin embargo, podemos trabajarlo.
Marita, que estaba al tanto de la conversación, respiró aliviada. Al parecer no se habían dado cuenta de que ella era muy mala. Marita no quería decirle a nadie que a veces tenía pesadillas por todas las cosas que había provocado, como cuando no quiso ir a la escuela porque tenía mucho sueño y de la nada comenzó a llover tan fuerte que no hubo clases, pero también su casa se inundó.
Si sus papás se enteraran de que ella fue la causante, se enojarían; o cuando no quiso prestarle un juguete a su primita y deseó fervientemente que se fuera, y su primita se cayó tan fuerte que tuvieron que llevarla al hospital. Ella había provocado otras cosas; recordó que, en una ocasión, no quería que su papá abrazara a su mamá y al poco tiempo se pelearon, y es que los pensamientos de Mari parecían provocar un mal en los otros, al menos eso creía, que era la que ocasionaba los accidentes o dolores a las personas de su alrededor.
Lejos estaba de pensar que ella no tenía nada que ver con aquellos eventos, que eran producto de la casualidad, que ella no poseía tal poder. Con el paso de los años, en ella siguió creciendo la idea de que tenía el poder de causar la mala suerte. En su mente, una semilla ya había crecido y sacaba ramitas en su corazón.
