Claudia Díaz Jiménez
La soledad
Cardo que carcome el tejido
Que remueve la carnosidad predispuesta
en la cornea de Vulcano
Apológica lengua que revela la verdad
Que convierte el corazón de Vulcano
en la extraviada hoja de un árbol
que en otoño soñó con gorriones
volar
la primavera
y se desmorona
arrasada en escoba de ramas de sorgo escobero
que también soñó
alguna vez
e irónica ruge
cuando sus ramas
crujen y arrastran
arrasan y rasgan
rasguñan y arañan
del suelo
la hoja del árbol sin gorriones al llegar el frío.
Labios, labios que no alcanzan tocar otros labios
y cae el beso
como cayó la hoja,
retama de apretados dientes que tirita en transparente,
blanco o azulado dependiendo la impureza
o la cantidad de luz que se filtra
cuando barre éstas hojasoledades
porque hay de soledades a soledades.
Pero siempre hay una
la mas antigua
la que susurra Apolo
la mas insatisfecha
el amate que se desliza en las ramas
y poco a poco
las va ahorcando
hasta secar el árbol
y convertirlo en leña para el fogón de un lugar solitario
donde alguien se sienta
con frío de osamenta,
con frío en las uñas,
con la piel erizada
con el espolón calcáneo
buscando
de un lado a otro,
con la boca abierta
con el vaho de cebollas rancias
con ojos de anuro buscando moscas
una piel,
otra piel,
la que sea,
mientras una gota,
la gota que cae de la hoja
la gota en el cardo
la gota en la rama
la gota mas fría
se introduce en el pecho,
en las arrugadas manos,
en los nevos abultados
y al fin se percata como en epifanía
de que esta solo,
que uno siempre
al final del poema
muere solo.
Luego está la soledad artrópoda,
la que se teje en hilo de seda, de algodón o de estambre
pero no
la que rodea el pistilo
y luego se desteje mezclando el ovillo
para que no se enrede
con vueltas circulares
de un lado a otro
hasta formar geométricamente hablando
una superficie donde todos los puntos del espacio
equidistan
en un solo punto
llamado el centro
de la soledad
donde cae la hoja donde esta el filamento
que es la parte estéril de la misma soledad
donde caen los amantes
red de hierro o estambre
que se llama punto bajo cadeneta de un tejido
que no aplaca ni entibia la artrópoda soledad.
Y siguen las soledades.
Pero yo quiero hablar de la hoja
la que soñó con gorriones
la que sintió Vulcano con su red de hierro
cuando Apolo le dijo que Venus y Marte.
la soledad poco agraciada
coja y jorobada
la soledad que aúlla
como aúlla el hambre
e irónica ruge cuando sus ramas
crujen y arrastran
arrasan y rasgan
rasguñan y arañan
del suelo la hoja del árbol sin gorriones
hilos brillantes en la forja de Vulcano
para exhibir en un abrazo a Venus y Marte.
lengua de Apolo de hoja delgada
que apuñala con su filo liso, estable y fuerte
cuchillo filetero que corta el corazón
que lame la soledad de Vulcano.
que carcome el tejido en la cornea de Vulcano
que sostiene la red del circo
que exhibe a los amantes.
Semblanza
Claudia Díaz Jiménez, es Licenciada en Contaduría, declamadora, escritora de poesía y cuento ha publicado cuento en la Antología de Chile, Mole y Pozole de la editorial Matanga, diplomada en Antropologías Corporales para la Creación promovido por IDAS.Oaxaca, recientemente cursó el Seminario en Socialización y Producción de Poesía en la Biblioteca Henestrosa.
