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Estas Letras Que Lees: La lógica del absurdo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Rodrigo Velásquez Torres

La ciudad de Oaxaca es una ciudad bella y sin embargo es muy complicado vivir en ella. Tengo recuerdos infantiles de visitantes, nacionales y extranjeros, que llegan a la ciudad y se volvían encantados con todo lo que ella les ofrece, mercados, gastronomía popular, folclore y autenticidad. Disfrutaban de las manifestaciones culturales que tanto habían deslumbrado desde tiempos centenarios, admirando calendas, convites y demás verbenas populares que todavía embellecen nuestras calles y realzan el carácter cultural de la ciudad. 

Sin embargo, esas mismas actividades, para quienes vivimos en la ciudad, han pasado a transformase en sinónimo de generación de mayor congestionamiento vehicular en las ya de por sí calles con sobrecargado tráfico, pues las pequeñas avenidas de la ciudad fueron trazadas cuando el medio de transporte más popular eran las carretas y los caballos, acaso el tranvía jalado por mulas. Ahora nuestras calles están repletas de unidades de motor particulares, camiones urbanos que datan del siglo pasado, además de transportes de dos plantas para el goce turístico. El ciudadano de a pie poco le ha importado a la ciudad, pues las banquetas siempre han sido pequeñas e insuficientes y secuestradas por la vendimia ambulante.

Por otro lado, nuestra ciudad se ha convertido en un bastión económico cultural que ha atraído a grandes capitales de todo el mundo. Se han invertido millones de pesos en publicidad para que Oaxaca aparezca en portadas de revistas de todo el mundo, cientos de artículos (sobre todo escritos en inglés) describen a la ciudad como un paraíso tradicional donde la cultura ancestral convive plenamente con los flashes de las cámaras de los turistas, pues la cultura y la tradición se han mercantilizado hasta el absurdo, llegando a organizar varias calendas y verbenas semanales, algunas consecutivas en la misma sede (por ejemplo una boda a las 4pm y una celebración de XV años a las 5 en Santo Domingo, ambas con su respectiva calenda), para el goce y disfrute de los flashes haciendo sentir a los turistas parte del folclore popular de Oaxaca. Es un golpe de mercadotecnia maravilloso.

Esta transformación de Oaxaca, en la cual las manifestaciones culturales son patrocinadas por el oficialismo del momento, en lugar de surgir mediante el entrelazamiento vecinal y popular, han derivado en una mercantilización cultural tan voraz que han transformado el sentimiento de arraigo que ciertas manifestaciones populares tenían, pues la gente local que las conmemoraba ha sido desplazada de sus lugares de origen popular (vecindades o casas céntricas) al encarecerles el modo de vida, para ser habitados ahora por personas extranjeras que disfrutan de dicha mercantilización, pues tienen las tradiciones listas para fotografiarse. 

Así, pues resulta hasta lógico (por la misma voracidad del capitalismo) que llegaran a intentar cobrar por tomar fotografías, recordemos que algunos vecinos en la zona céntrica tienen letreros que prohíben que se tomen fotos en sus calles, estamos viviendo en la lógica del absurdo, aunque digan que no.

Para saber:

Se han invertido millones de pesos en publicidad para que Oaxaca aparezca en portadas de revistas de todo el mundo, cientos de artículos describen a la ciudad como un paraíso tradicional donde la cultura ancestral convive plenamente con los flashes de las cámaras de los turistas.

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