En las notas anteriores comenzamos a analizar cómo el título universitario opera como un fetiche que intenta colmar la falta subjetiva. Sin embargo, este síntoma individual, si bien podemos suponer nace de la experiencia de falta, encuentra soporte y robustez en una maquinaria política y económica que utiliza la acreditación académica como mecanismo de control social y segregación productiva.
Hoy pareciera que la vida se trata de rentabilidad económica, la cual obedece a la estandarización del cuerpo y la mente, convirtiendo al título universitario en uno de tantos instrumentos para ello. Pudiéramos hacer responsable a la hegemonía económica de los filtros de clase social y del ideal de la meritocracia, pero con ello dejaríamos fuera lo que en el campo psicoanalítico conocemos como subjetividad.
¿Qué es la subjetividad?
Me permitiré contarles lo que es la subjetividad a modo de un mito, una leyenda o un cuento. ¿Te has preguntado cómo surge el alma, la vida psíquica o la mente —cómo quieras llamarla—? Sigmund Freud, el creador del Psicoanálisis, propuso que existen procesos primarios en los albores de la psique: proyección, introyección e identificación. Les daré le versión resumida del cuento. No podemos dejar de lado un proceso fundacional de la psique, la distinción del afuera y de adentro, pues al parecer la cosa que nace no viene con dicho distingo, esta se vive como un todo. Sí, sí; sé que suena a fantasía, les dije que les contaría la historia de la psique como un cuento. Entonces una vez que se da este distingo, está puesta la mesa para que hagan presencia los procesos antes mencionados.
Pero, como el organismo que nació cuenta con un sistema nervioso, tramitador de estímulos, pronto comenzará a experimentar sensaciones, ya conocidas por nosotros:placer, displacer, dolor, etc. Como es sabido desde la biología, dicho organismo se servirá de la motilidad para tramitar los estímulos, pero esta no será suficiente pues estos no cesan de aparecer y, por otro lado, hay estímulos internos y externos, que prontamente exigirán otros mecanismos para deshacerse de ellos.
Aquí es donde entran en juego la proyección e introyección. Estímulos provenientes del exterior y agradables, el organismo se los adjudicará, y aquellos desagradables y provenientes de su interior tendrá la vivencia que son del exterior. Esta es la versión más simple del cuento. En la vida adulta el organismo culpará a los otros de su desgracia.
Regresemos a nuestro tema
Mencioné que el título universitario, en muchas ocasiones, sirve para ocultar la falta del sujeto, en el menor de los casos; en otros, lo pusilánime de este; porque a veces, ni siquiera se trata de proteger un buen ejercicio profesional, no es necesario ofrecer ejemplos de esto. Creo importante poner la discusión sobre la mesa, pues de un mal ejercicio profesional, como es en nuestro campo hoy, existen graves consecuencias, no sólo para el o la paciente, sino también en nuestro tejido social.
Como se darán cuenta, queridas y queridos lectores, el problema no es que el Yo cree nuevas estrategias para ocultar su falta, en psicoanálisis decimos, ocultar su castración exhibiendo que tan larga es su pared llena de títulos, sino lo que, en ocasiones, se oculta con un título, la falta de profesionalismo y lo canalla que puede a llegar a ser el Yo.
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Tercera y última parte
