Raúl Orduña Picón
Algo que está transformando el ser, hacer y saber de los seres humanos es el paradigma ciencia-sociedad, que surge a partir de la humanización de la práctica científica.
A principios del siglo XX, la ciencia era entendida como una actividad meramente objetiva y neutral. Los científicos de la época intentaban ocultar los aspectos sociales presentes en la producción de conocimiento para no relacionarlo con nada de carácter subjetivo. Los sociólogos de la ciencia se encargaron de proponer que esta es una práctica humana con diversos propósitos e impactos. De acuerdo con este enfoque, la ciencia es una herramienta humana con características únicas debido a los propósitos que persigue; sin embargo, esta práctica es similar a otras tantas por la condición humana de sus principales actores, que están inmersos en contextos políticos, económicos y sociales.
La sociedad provee recursos económicos y humanos para cubrir las necesidades de la ciencia; a su vez, la ciencia devuelve a la sociedad conocimientos, prácticas y productos que directamente benefician y mejoran la calidad de vida de las personas. La relación entre ciencia y sociedad contribuye al progreso y al desarrollo económico y social del mundo y representa la piedra angular para la integración de investigación, desarrollo e innovación.
La ciencia ha influido en la cultura y en la política. El ingeniero químico Mario Molina fue un extraordinario investigador que revolucionó la conciencia y la política ambientales en el mundo entero. Molina y su equipo de investigación identificaron y estudiaron la descomposición del ozono de la estratosfera. Su labor científica fue trascendental para la regulación de las emisiones contaminantes con el fin de eliminar el plomo, reducir el azufre, mitigar los clorofluorocarbonos y disminuir la formación de ozono troposférico. Así que Molina y otros investigadores practicaron activismo y política científica para enfrentar el cambio climático.
De acuerdo con este ejemplo de la relación entre ciencia y sociedad podemos reflexionar sobre los cambios rápidos que están ocurriendo en la sociedad y la ciencia, además de la participación informada de la ciudadanía para enfrentar los retos y necesidades de un mundo cambiante. Una pregunta general que surge a partir de nuestra reflexión es: ¿qué esfuerzos debemos hacer para formar ciudadanos informados y capaces de tomar decisiones cruciales sobre problemas y asuntos actuales? La educación juega, indudablemente, un papel primordial en este ejercicio reflexivo y representa una posible respuesta a esta gran pregunta
El aprendizaje y la enseñanza de la ciencia desde el paradigma ciencia-sociedad
Debido a la inherente relación entre sociedad y ciencia, la educación científica ha considerado pertinente crear reformas para desarrollar en las personas diversas formas de pensar, hacer y ser, que funcionen como recursos para enfrentar diferentes retos en las sociedades actuales. Se piensa que, si se implementa una educación basada en el paradigma ciencia-sociedad, los estudiantes construirán una conciencia crítica hacia la ciencia y su entorno social para tomar decisiones que resuelvan retos personales y colectivos. Así que enseñar y aprender por medio del enfoque ciencia-sociedad requiere transgredir la enseñanza habitual de la ciencia, que se caracteriza por presentar los conceptos disciplinares de una manera aislada.
Una enseñanza tradicional de la ciencia muestra a la práctica científica y a los científicos alejados de los problemas reales del mundo, ajenos a los retos que se ven y escuchan, por ejemplo, en los medios de comunicación y las redes sociales. Una consecuencia de esta enseñanza tradicional de la ciencia es que los alumnos perciben su práctica como ajena al mundo en que viven; no hay una clara conexión entre lo que sé y lo que puedo hacer con lo que sé. Se trata de romper con la imagen de una ciencia neutral que ignora los conflictos económicos, políticos, ambientales, culturales y sociales de un país.
Ventajas del paradigma ciencia-sociedad
El paradigma ciencia-sociedad es un enfoque que invita a un cambio de gran alcance en el que los contenidos disciplinares dejan de ser tópicos aislados sin ninguna conexión con la experiencia humana y el contexto en el que se aprenden cobra una importancia trascendental para darle significado a la ciencia en nuestras vidas.
Para trasladar el paradigma ciencia-sociedad al aula, los profesores deben identificar aspectos sociocientíficos globales y locales; es decir, aspectos que sean relevantes para los alumnos tanto en su vida diaria como en la sociedad de la que son parte.
(Artículo tomado de la revista UNAM Internacional, Núm. 8, (noviembre 2024 – febrero 2025).
*Raúl Orduña Picón es doctor en Investigación de la Educación Química. Actualmente es director de proyectos e investigador postdoctoral en la Universidad de Massachusetts, Boston, EUA.
