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Vivir en Armonía: El poder del conocimiento

Imagen conceptual que representa el poder del conocimiento como herramienta para alcanzar una vida en armonía, paz y bienestar personal.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Servando Nava Echeverría / Colaborador

 

Desde tiempos inmemoriales sabemos que el conocimiento es poder y de ello se han aprovechado los seres humanos para bien o para mal. Definitivamente el conocimiento es la llave que abre las puertas de la tranquilidad, la prosperidad y el crecimiento personal, por lo contrario, el conocimiento se utiliza también para realizar o procurar actos de maldad. Incrementar nuestra información, pero en el terreno de la positivo, sin duda alguna, mejora nuestra capacidad de elección, al contar con mayores elementos cognitivos. En varias aportaciones anteriores hemos comentado que tenemos una tremenda capacidad neuronal y que somos capaces de hablar varios idiomas a la perfección. Pensemos ¿Por qué algunos no hablan ni su propio idioma correctamente?

El conocimiento que podemos adquirir con frecuencia encuentra obstáculos para su adquisición. Uno de ellos es la presencia de la soberbia en nuestra personalidad, el antivalor de la Humildad. Solamente siendo humildes tendremos capacidad de reconocer nuestras limitaciones y entonces nos entregamos a la obtención de conocimientos. El otro factor que obstaculiza la incorporación de nuevos y mayores conocimientos, es sin duda alguna nuestra inmensa capacidad de excusarnos, de pretextar mil cosas para no hacer las cosas que debemos, y con esa argumentación desperdiciamos el tiempo, que debería de estar dedicado al aprendizaje. Otro elemento que nos impide de hacernos de conocimientos o información de calidad es que en estos tiempos modernos sufrimos de una enfermedad llamada Obesidad Mental. ¿En qué consiste este grave padecimiento? En que simplemente nos hacemos de abundante información basura, de una pobreza científica enorme, de nula calidad literaria, que nos deja solamente resabios de incultura y de ignorancia. ¿La causa? Para muchas personas, sin generalizar, es la irrupción de las Infotecnologías, que nos acechan, frecuentemente con una poderosa información inmunda que satura nuestras neuronas y no deja espacio para lo esencial.

Para que podamos tener una respuesta asertiva, adecuada y fina ante cualquier estímulo en la vida, debemos de recordar que, entre un estímulo y una respuesta, hay un espacio, el espacio de la elección, espacio que puede durar desde centésimas de segundo, horas, días o meses para decidir la elección. Para que esta elección sea de la mayor riqueza, razonabilidad, congruencia y con resultados positivos, debemos de contar con un gran acervo de información y una profunda cultura de valores. Un ejemplo. El estímulo: una damita atractiva pasa caminando frente a un grupo de personas del sexo masculino, lo cual despierta de inmediato una de las Leyes de la Naturaleza humana: el instinto sexual. La respuesta instintiva y primitiva es el abordaje sexual de inmediato, pero ese reflejo primario tiene una barrera de contención: nuestra información, conocimientos y nuestra riqueza ética y dependiendo de ese acumulo o pobreza dependerá nuestra respuesta. Alguno de ellos se acerca a conocerla y presentarse decentemente, otro quizás la aborda con chiflidos e insinuaciones bruscas, otra ni caso le hace y posiblemente uno más pudiera en un futuro buscarla y violarla. Esto que tiene un carácter metafórico, ilustra cómo nos comportamos ante cualquier estímulo y de las diversas respuestas que podemos tener ante el mismo estímulo.

De lo anterior deducimos, que cuando nuestros conocimientos son muy limitados, con una carencia ostensible de valores universales en el alma de las personas, padecemos de Miopía existencial. Pero además esta pobreza informativa genera conflictos entre las personas porque habrá diferencias significativas entre ellas. Un ejemplo formidable de lo que comentamos es nuestra posición en materia política. Evidentemente que los desinformados, con limitaciones éticas, son convencidos fácilmente por las mentiras de los políticos populistas, que a través de moverles las emociones y de estimularles las leyes de la naturaleza humana como son la envidia, la codicia, la obsesión por el poder, el complejo de inferioridad, etc, provocan en ellos una limitada capacidad de elección que se traducirá seguramente en votos y las consecuencias en materia de seguridad, certidumbre, crecimiento económico, generación de empleos, realización personal, pobreza aspiracional, no se harán esperar, pero tarde o temprano la inconformidad se hará manifiesta y se cierra el círculo vicioso. Por eso el arma letal de las tiranías o dictaduras es el de regalar dinero para tranquilizar las conciencias de los que fueron engañados.

Que poderosos son el conocimiento y la cultura de valores, tanto así, que somos el resultado de esta poderosa mezcla; de su abundancia o pobreza, dependerá tu calidad de vida y tu porvenir.

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