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Andador de Letras: La salvaja que cautivó a Chico Pino | Primera de dos partes

Foto(s): Cortesía
Redacción

Manuel Matus Manzo    

Un tal Chico Pino dice que salió una buena mañana de su casa para ir hacia el sur de los gulucheños de Zanatepec, a un aguaje conocido como El Tábano. Su mujer, Juliana, le dijo:

—También lleva bastante agua, Francisco, a lo mejor no regresas luego.

—Te voy a buscar el venado más grande, mujer, para tener carne seca y también para vender— dice que le dijo para animarla.

Lejos estaba de conocer lo que le sucedería o presentir el alboroto que causaría en su pueblo, San Mateo del Mar.

—¿A dónde vas, Chico Pino, con la boca abierta? -le preguntó un paisano al reconocerlo.

—Voy en busca de un venado que tengo visto en el monte.

—Pero si tú no matas ni un conejo.

—Sigue tu camino, teco cabrón, tú sólo eres bueno para robar los bueyes de la gente— le respondió al hombre.

—Pues ten cuidado— escuchó Chico Pino y siguió andando.

 

Llegó a aquella montaña ya tardecito. Ya sabía dónde estaba el aguaje, donde bajan los cievos a beber agua. Buscó un lugar para acomodarse. Vio un árbol de chicozapote y se trepó en una de sus ramas para divisar mejor al animal. Estuvo ahí mu cho tiempo, y el venado esperado nada que bajara. Durmió un rato acomodado en la ramazón. Al amanecer del siguiente día escuchó ruidos y preparó su escopeta. Fue grande su sorpresa: eran voces de gente, pero gente desconocida.

—¿Posh?-dijo uno.

—¡Posh!-contestó una voz de mujer.

Se dio cuenta —dice Chico Pino— que eran un hombre y una mujer; nada menos que un par de salvajes. Muchas veces había escuchado historias de salvajes pero nunca había tenido la oportunidad de contemplar alguno. ¿Será posible que yo vea a estos diablos? dice que se preguntó. Le dio mucho miedo que lo descubrieran. Luego de un rato, los miró dirigirse al aguaje que estaba allí, para bañarse. De pronto, el salvaje comenzó a olfatear el aire dando vueltas y mirando hacia todos lados. "Olfatean estos diablos el tabaco porque les gusta mucho, si me descubren, será mi mal", se decía —dice Chico Pino—, casi sin respirar y bien acomodado entre las ramas.

—¿Posh, posh? — alertó el salvaje.

—¡Posh! — respondió la salvaja, muy quitada de la pena, más parecía que desde antes ya se hubiera dado cuenta de la presencia de Chico Pino, el encaramado.

Ariscos, miraron hacia todas partes. Después salieron corriendo y Chico Pino salió tras ellos. "Le voy a dar en la madre a ese salvaje", dice que se propuso. Preparó su escopeta. En la punta del cañón, a la altura de la mira, amarró un pelo del sexo de Juliana, su mujer, que siempre cargaba consigo, por si las dudas: sabía que sin este artificio su disparo sería en vano. Se escondió detrás de un tronco de huanacastle, sobre la misma vereda. Apuntó y disparó. 

 

Continuará el próximo sábado…


Semblanza:

Manuel Matus Manzo (1949) nació en San Francisco Ixhuatán, Oaxaca. Es poeta, narrador y ensayista de amplia trayectoria. Autor de los libros El viento es una multitud 1989, Ciudad soñada (UABJO,2008) y El tren de las bayunqueras (UABJO/ CARTELES EDITORES, 2017). Su más reciente título es La musa del Mezcal (1450 Ediciones, 2024).

Santuario del sueño y otras mentiras (COLECCIÓN PARAJES, 2005) obtuvo el premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda Andrés Henestrosa 2004. De este libro tomamos el presente relato.

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