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Sin disminuir trabajo en terapia intensiva por casos de COVID-19 en Oaxaca pese a cambio de semáforo

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Para la médica residente en cuidados intensivos en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca, Isabel Baños Figueroa, la COVID-19 ha generado dos mundos opuestos: el de la cotidianidad donde la gente insiste en relajar las medidas de prevención de contagios y el de las terapias intensivas donde el trabajo no cesa.


“Desde que empezó la contingencia no hemos parado de trabajar, con el semáforo no ha disminuido el trabajo, estamos al tope, al igual que desde que empezamos”, expresa notando una clara diferencia con lo que ocurre en las calles.


Originaria de Putla Villa de Guerrero, Isabel cursó la carrera de medicina general en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).


En el Hospital de Especialidades La Raza hizo una especialidad en anestesiología y en marzo inició su residencia de dos años en el Hospital Regional de Alta Especialidad para convertirse en médica internista.


A la par de la contingencia


Su ingreso coincidió con el inicio de la pandemia. Después de un mes de capacitación se abrió la Unidad de Cuidados Intensivos del área COVID-19. El 8 de abril el primer paciente llegó a esa terapia intensiva. 


Nueve días después ese primer paciente de 70 años que estaba intubado, egresó.  Como una enfermedad “totalmente desconocida” todo el abordaje médico “era nuevo, teníamos cierto temor por los antecedentes de que había mucho contagio en el gremio médico y cómo aumentaba la tasa de mortalidad”.


Aún así, “los tres primeros que entraron no fallecieron, fue el cuarto paciente que ingresó al hospital el 16 de abril el que falleció el 2 de mayo”, se trató de un hombre de 52 años.


El riesgo de fallecer


De los 120 pacientes que han llegado a esa terapia intensiva, entre el 37 y el 40 por ciento ha fallecido a pesar del tratamiento integral que tratan de otorgarles.


“La terapia intensiva es un servicio de una atención muy individualizada, enteramente nos debemos dedicadamente a cada paciente, por eso hay pocas camas, porque implica gastos de 50 mil a 100 mil pesos diarios, es muy demandante y en esta pandemia todos quisiéramos que entraran los que lo necesitan”, reflexiona con los miedos que pudo domar por las jornadas diarias.


Sin un contagio en estos siete meses, ella considera que lo más triste es ver la desesperación e impotencia de los familiares cuando realizan una videollamada con un paciente, pero no se arrepiente de comenzar la residencia en medio de la pandemia.


“Si hubiese sabido que iba a estar en la residencia, lo hubiera hecho porque es un objetivo desde hace mucho tiempo, no entré desde antes por cuestiones de papeleo. Es una satisfacción cuando un paciente que ingresa al borde de la muerte regresa a continuar con su vida allá afuera”, dice orgullosa.


“Es una enfermedad que si se puede controlar si somos disciplinados. Yo estoy en riesgo en mi trabajo porque decidí esta meta y me gusta, lo hago con todas las medidas que implica estar un lugar así, además brindo un servicio”, pero cuando ve que la gente no usa cubrebocas quisiera que entendiera lo que a ella le toca ver en la terapia intensiva, donde el ritmo de trabajo no ha cesado.


 


120 pacientes han llegado a esa terapia intensiva


37 y el 40 % ha fallecido a pesar del tratamiento integral 


 


“La terapia intensiva es un servicio de una atención muy individualizada, enteramente nos debemos dedicadamente a cada paciente".


Isabel Baños Figueroa, doctora.


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