En el andador, todo normal. Si no fuera porque todos llevan cubrebocas, podría decirse que es un sábado más. Grupos de turistas mochila al hombro caminan mientras beben téjate y se sacan fotos; los limosneros, indigentes y vendedores ambulantes, contribuyen al abarrotado paisaje urbano del centro de Oaxaca de Juárez.
Así transcurre el día en la capital del estado, la ciudad catalogada como uno de los mejores destinos turísticos a nivel mundial y en donde, en contraparte, mayor número de casos de COVID-19 se han registrado desde marzo, cuando la pandemia alcanzó a la entidad.
El color naranja del semáforo epidemiológico contrasta seriamente con el número de personas que están sentadas bajo el framboyán de Santo Domingo o beben una cerveza en alguna de las terrazas de las calles del Centro Histórico. Un policía se pasea tímidamente a no más de 100 metros del módulo de seguridad de la calle de Allende.
A quienes también poco parece importarles la situación es a los vendedores apostados a los lados del andador. Pulseras, aretes, blusas, sombreros y más productos, son ofertados por personas que acechan a los turistas esperando que estos se animen a adquirir algún producto típico que les quede de recuerdo de su visita a Oaxaca en plena pandemia.
A pesar del sol que cae pleno sobre el primer cuadro de la ciudad, el flujo de paseantes y caminantes por el andador turístico es parecido al que se registraba habitualmente hasta marzo, cuando el paso por este lugar quedó restringido llevando a este punto turístico a lucir desolado.
A diferencia de otros espacios y al igual que en unos cuantos más, aquí en el andador no hay quien dote a los paseantes de gel antibacterial y mucho menos una estación sanitaria para el constante lavado de manos recomendado por las autoridades para evitar cualquier probabilidad de algún contagio.
