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La pandemia por COVID-19 revolucionará nuestra forma de vivir, afirma investigador

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

La pandemia de COVID-19 va a servir para revolucionar conciencias, porque nos va a hacer más organizados, más limpios y más responsables respecto a nuestra forma de vida, afirma el maestro en Planificación del Desarrollo Científico y Tecnológico e investigador del Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO), Alberto Sánchez López.


En su domicilio ubicado en el municipio de San Jacinto Amilpas, donde desarrolla un proyecto de agricultura familiar junto con sus sobrinos, a fin de demostrar que es posible que las familias sean autosuficientes en la producción de alimentos, manifiesta que en la naturaleza no hay basura, “la basura la tenemos en la cabeza”.


En un recorrido por los pequeños cajetes donde han sembrado rábanos, cebollines, chiles, cilantro, girasol, maíz, verdolagas, alfafas, tomate, entre otros; y donde además cultiva jumiles, insectos comestibles; elabora tepache y pronto criarán conejos y codornices, asevera que esto es lo que deberíamos estar haciendo en la contingencia, no viendo programas de televisión todo el día.


“Hoy Netflix ha ganado miles de millones de pesos porque la gente lejos de buscar alternativas productivas para mejorar su salud y calidad de vida está pegada a la televisión, pero pronto se darán cuenta que por el COVID-19 es necesario cambiar nuestra forma de vida”.


Asevera que todo lo que nosotros designamos como basura puede ser reutilizado para producir, construir, limpiar el agua, etcétera.


“Aquí construimos un sistema de captación de agua de lluvia, con la cantidad de agua que llueve en Oaxaca, no solo podemos utilizar esta agua limpia en la agricultura familiar, sino regresar el líquido al subsuelo para ayudar a la tierra a regenerarse”.


Comenta que todo lo que la gente ve como basura él lo reutiliza. Por ejemplo, en el arroyo que colinda con su propiedad las arrieras han dejado mucho abono.


“Entonces lo colectamos, lo limpiamos y lo usamos en el cultivo de los vegetales como abono natural, en todo hay muchas posibilidades; lo mismo sucede con las hojas de todos los árboles, las recopilamos, la vertemos en los pasillo entre los cajetes y pronto se produce humus que beneficia a la tierra y también funciona como abono natural”.


"Basura en la cabeza"


El ex director del Consejo Oaxaqueño de Ciencia, Tecnología e Innovación de Oaxaca, muestra también los cultivos de moringa, nopales, pitayas y pitajayas, limones, chayote y entre otros.


“La gente debe de demostrar lo que sabe hacer, debe trabajar para generar sus alimentos, porque además de tener un ahorro va a tener una mejor salud, por la calidad de los alimentos que consume”.


“La pandemia de COVID-19 va a provocar que cambiemos de mentalidad, que guardemos nuestra distancia, que olvidemos los alimentos con bastante azúcar, la comida chatarra y aprendamos que nosotros podemos cultivar nuestros propios alimentos, quizá no todos, pero si la mayor parte y con la garantía de saber que están limpios y son de muy buena calidad, porque esto redunda en la salud de las personas”.


Añade que en Cuba hay mucha experiencia en agricultura urbana, “pero nosotros tenemos más ingenio, más creatividad, el problema es que también tenemos mucha basura en la cabeza, nos acostumbramos nada más a consumir, no a producir”.


Con orgullo, su sobrino Eduardo López Hernández señala que no comía rábanos y otros vegetales que ahora forman parte de su dieta. El joven manifiesta que desde pequeño no le gustaban los rábanos, pero después de cultivarlos comenzó a probarlos y ahora forma parte de su dieta.


Por su parte, la profesora Zoila Hernández Ortiz dice que su vida profesional está dedicada al magisterio, pero cuando su tío la invitó a participar en el proyecto se dio cuenta que esto también le servía mucho para apoyar sus estudiantes a tener una vida sana, producir sus propios alimentos y tener mejor salud. En lo pedagógico me sirve para reforzar la teoría”.


Sánchez López sostiene con orgullo que las personas que le apoyan con trabajos de albañilería eran consumidores cotidianos de refrescos de cola.


“Todos los días iban por su refresco, pero nosotros empezamos a ofrecerles tepache y ya dejaron el refresco y, lo mejor, es que tampoco en sus casas ya lo consumen; además con los productos que cosechamos les ofrecemos una comida saludable por 25 pesos. Todo es posible si tenemos voluntad de cambiar, aunque ahora con la pandemia todos vamos a cambiar o terminaremos en la sepultura”.

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