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Keily, un corazón sin latir por 32 minutos

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Kelly duerme profundamente. La anestesia que le aplicaron hace 40 minutos hace su efecto. No siente dolor ni se mueve, duerme. El pequeño pecho está descubierto. Los parámetros hemodinámicos de la pequeñá se registran en los monitores médicos.


Nueve personas del Hospital de la Niñez Oaxaqueña doctor Guillermo Zárate Mijangos actúan de manera sincronizada en el quirófano. La bomba extracorpórea está lista. Es la primera cirugía mayor de corazón, el riesgo es altísimo.


La enfermera circulante, Adriana de la Cruz, dice en voz alta la hora que marca el reloj: 9:58. El aroma a piel quemada y el vapor que emana del pecho de Keily es el foco de atención del cirujano pediatra cardiovascular, Antonio Moreno Hidalgo, quien con un electrocauterio inicia la cirujía al abrir el pecho para llegar al corazón de la menor de cuatro años de edad.


Se transpira adrenalina, pero los nervios son suplantados por la calma que amerita actuar como ayudante de Dios, para prolongar la vida. En silencio, inconsciente, Keily lucha por su vida. Con sus dedos y el instrumental el cardiólogo pediatra, César Augusto Zárate Morales, le abre paso a su colega Moreno en el pecho de Keily.


Una sierra esternal abre el esternón, como si sufriera una fractura, pero controlada y lineal. El área de trabajo es muy pequeña, no supera los seis centímetros. Los movimientos son finos y precisos.


Un corazón sustituto


César Sabalza, perfusionista, calibra todas las piezas de la bomba de circulación extracorpórea que "se purga" con 300 mililitros de sangre tipo A positivo, es la cantidad que se  necesita transfundir a Keily para que resista la intervención, "si no lo hacemos, equivaldría a que ella tenga una hemorragia aguda", explican los especialistas.


La paciente está en un momento de muy alto riesgo, pesa 14 kilos y los cien mililitros de sangres es lo máximo que puede perder en medio de la manipulación de todas las articulaciones circulantes; el corazón bombea de cinco a seis litros de sangre por minuto.


El cardiólogo Moreno canaliza las venas cavas del corazón de Keily a la bomba extracorpórea, la sangre se oxigena y regresa a través de la arteria aorta, la bomba suple las funciones de los principales órganos que mantiene con vida a Keily.


Los pulmones se paran


Los primeros que detienen su función son los pulmones, no hay ventilación anatómica. A las 11:07 el corazón de Keily deja de latir, durante 32 minutos se mantiene viva por la bomba extracorpórea, tiempo que el especialista Moreno ocupa para prolongar la vida, cerrar la comunicación interventricular, la que, por defecto de nacimiento, se generó entre dos cavidades de su corazón, esos ventrículos que se encargan de distribuir la sangre a todo su cuerpo.


La corrección quirúrgica se realiza con éxito. La atención se concentra en conseguir que el corazón de Keily vuelva a latir y pueda entrar a terapia intensiva; en los siguientes días se realizará el restante 40 por ciento del proceso; la recuperación para que la pequeña pueda abandonar el hospital que se localiza en San Bartolo Coyotepec.


Superar carencias


Realizar hace dos años una cirugía de este tipo, era imposible. Sólo se tenía la capacidad médica, faltaban insumos e infraestructura, necesidades que se agudizaron con los sismos de septiembre de 2017 que terminaron por inhabilitar tres de los cuatro quirófanos, a ello se sumó un paro de labores en el Hospital de Especialildades.


Después de sortear las carencias, de octubre al día de ayer se han realizado 23 cirugías, pero sólo una, la de Keily, implicó un grado de complejidad mayor: parar su corazón.


El director del Hospital, Luis Aquino Santiago, encontró la forma de ensamblar recursos materiales y financieros con la infraestructura, ya que el hospital cuenta con la acreditación de cirugías cardíacas, a renovar en este año ante Comisión Nacional de Protección Social en Salud que paga alrededor de 50 mil pesos por cada intervención en beneficiarios del Seguro Popular.


Antes de la cirugía de Keily, la jefa del Departamento de Pediatría y Hospitalización, Verónica Martínez García, contabiliza 22 cirugías del corazón, pero ésta es la primera de magnitud mayor, porque una bomba extracorpórea fungió como corazón sustituto para detener "el corto circuito" que en su cuerpo ocasiona “la mezcla de sangre oxigenada y sin oxigenación”.


La angustiosa espera


En la sala de espera su madre Mayra Guzmán Santos, una joven de 24 años, vive en soledad su angustia. Las emociones entraron en un espasmo. Tiene una ecuanimidad ganada a base de miedos que no nombra.


Apenas la semana pasada recibió la llamada del hospital y el lunes viajó de San Pedro Pochutla con Keily para que el martes se hospitalizara. Ese día el personal médico hizo pruebas y simuló que realizaban la cirugía, la bomba extracorpórea que llegó en renta debía funcionar con precisión.


Casi a finales de 2015 refieron a Keily al Hospital de la Niñez porque desde que nació, en octubre de 2014, la pequeña "empezaba a respirar muy rápido y la parte del corazón estaba abultada". Por dos años le suministraron medicamentos, pero el tratamiento no le evitó la cirugía a corazón abierto.


El sudor en las manos de Mayra delata el nerviosismo. Recibe la noticia que su hija ha salido bien de la operación, pero su incredulidad vuelve su rostro inexpresivo. Necesita verla, pero lo más importante, regresar con ella a casa a fortalecer su corazón que hoy inició una nueva lucha.

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