Actualmente la exploración y prospección de sitios arqueológicos ha cobrado popularidad debido al contenido que se ha estado proyectando en redes sociales, algunas personas lo realizan con fines recreativos, como deporte a modo de senderismo, con fines académicos y otros más precisamente para la creación de contenido audiovisual con fines de entretenimiento. Hay que mencionar que desde tiempos atrás la curiosidad por conocer lo antiguo y hallar sitios u objetos de culturas pasadas siempre ha generado un mar de vertientes que llevaron a la arqueología por diferentes caminos en su metodología; no hay que olvidar que descubrimientos relevantes en el mundo, se dieron por personajes autodidactas, diletantes e incluso ladrones.
Con el tema del descubrimiento de la tumba de Jaltepetongo en el año de 2025, en la región de la Mixteca en Oaxaca, se intensificó el debate sobre la práctica de exponer “sitios inéditos” mediante diferentes plataformas y las consecuencias que conlleva, cuando se difunden los sitios sin los objetivos de preservación, conservación e investigación antes de la difusión. El presente escrito no pretende ahondar en esa controversia sino más bien mostrar uno de tantos ejemplos de cómo se fue enriqueciendo el registro de sitios o elementos arqueológicos en el siglo XIX, un tiempo en el que no existían las redes pero si un deseo de preservar y proteger el patrimonio cultural y el paisaje arqueológico.
El estado de Oaxaca es un área que está repleta de alineamientos, mogotes y concentraciones cerámicas o líticas, lo cual llevó al registro de más de 6000 sitios en las prospecciones realizadas por Kowaleski, Richard Blanton y Gary Feinman a partir de los años 70´s, el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) por su parte cuenta con más de 5000 sitios registrados de manera oficial. Esto nos brinda un contexto de la riqueza cultural que se halla en el estado de Oaxaca y permite redefinir estrategias de difusión para revalorar los monumentos y disfrutar del paisaje cultural de las diferentes comunidades de Oaxaca. En este contexto encontramos un expediente del Fondo: Gobierno, Sección: Educación, Serie: Arqueología, caja: 226, expediente: 06; el cual contiene registro de algunos elementos arqueológicos en la comunidad de Cabecera Nueva, en ese tiempo perteneciente al distrito de Tlaxiaco.
La comunidad de San Andrés Cabecera Nueva actualmente pertenece al distrito de Putla, en las coordenadas 16°53′18″ latitud Norte, 97°40′50″ longitud Oeste. Según sus antecedentes la comunidad no cuenta con una fecha exacta de su fundación, debido a que en su historia esta comunidad fue obligada a reubicarse en algunas ocasiones; como fechas tentativas de fundación se tienen los años de 1584, sus títulos expedidos por el gobierno colonial están fechados en 1777 y por tradición oral se sabe que en el año de 1774 llevaba el nombre de Yodocuá, que quiere decir: “Llano Colorado”.
El 14 de agosto de 1892 el preceptor de la Escuela Nacional de Cabecera Nueva, Urbano Carreda, mediante oficio informa sobre la existencia de una cueva en esta comunidad nombrada en idioma Mixteco como Cavaveñihu y en castellano como “Cueva de los Cortezes” (Fotografía 2), la cual se ubica al norte del pueblo a distancia aproximada de una legua, es decir a casi 5 km. Lo que describe Carreda, es que la entrada de la cueva está posicionada de sur a norte, teniendo de longitud 13 metros, de latitud 11 metros y de altura 7 metros. Continúa su descripción indicando que se aprecian dos figuras bordadas y en su interpretación sugiere que pudieron formarse por las goteras de filtración del abrigo rocoso.
El Preceptor realiza un dibujo de cada una de las figuras (fotografía 1) y describe que la figura 1, mide dos metros de altura y presenta tres orificios, curiosamente aquí sugiere contrario a su primera interpretación que esos orificios los pudieron haber tallado los antiguos. La figura 2, tiene dos metros y medio de altura y un metro y medio de ancho. En cuanto al tipo de piedra propone que se trata de tezontle muy blanco y fino. Concluye mencionando que no se tiene noticia que estos elementos pudieran haber servido de culto a los antiguos indios o para alguna otra actividad ceremonial y tampoco que en ellas hubieran reconocido alguna divinidad.
De lo anteriormente escrito sobre la cueva Cavaveñihu se pueden resaltar algunos puntos importantes a modo de conclusión; el primero sin duda es la calidad de los dibujos los cuales permiten identificar lo que posiblemente sean imágenes con elementos zoomorfos y en caso de la figura 1. Posiblemente rasgos antropomorfos, pero queda al igual que las descripciones de Carreda como una interpretación solamente. En este sentido se complica inferir sobre el origen o significado de estos posibles grabados ya que no es el contexto original de la comunidad, recordemos que Cabecera Nueva fue reubicado de lo que fue su lugar primigenio, por lo que queda abierta la posibilidad que la cueva pudo ser utilizada con fines ceremoniales por los antiguos indígenas originarios de ese territorio antes de que los pobladores de Cabecera Nueva fueran reubicados en esa zona.
Una pregunta más que queda en espera de su respuesta es, a quién está dirigiendo esta información Urbano Carreda, si es por iniciativa propia o en respuesta a una solicitud de alguna autoridad, con fines de recopilar información histórica de las comunidades como lo realizaba en esa temporalidad Manuel Martínez Gracida.
Por último no se puede dejar de admirar la forma tan metódica en que se realizó este breve informe, el cual aún perdura dentro de los expedientes que resguarda el Archivo General del Estado de Oaxaca y que brinda un ejemplo claro de cómo un registro del siglo XIX sigue enriqueciendo el Paisaje Cultural del estado de Oaxaca.
Referencias bibliográficas:
- Ubicación para su consulta en el Archivo Histórico Central del Archivo General del Estado de Oaxaca: Caja: 226, Expediente: 06 Fondo: Gobierno, Sección: Educación, Serie: Arqueología.
- Richard E. Blanton, Stephen Kowalewski, Gary Feinman, Jill Appel. Monte Alban´s Hinterland Part I: The Prehispanic Settlement Patterns of the Central and Southern Parts of the Valley of Oaxaca, Mexico. University of Michigan. 1982.
