Agencias
El 22 de noviembre de 1888 fueron asesinados don Manuel Neira, de 78 años, párroco de Santa Cruz del Valle de Oro, y sus criados: Luisa García, 66 años; su hermano, Jesús García López, 48 años, y la sobrina de éstos, María Josefa Gasalla García, 22 años.
Las víctimas fueron estranguladas por los asesinos en la comunidad de Valle de Oro, perteneciente a Lugo, España.
Días después del asesinato, por las investigaciones realizadas, fueron detenidos y procesados diversos hombres por su presunta participación en el homicidio múltiple.
El 1 de abril de 1889 son condenados a muerte: Manuel Logilde, Ramón Seivane, José García, Ramón Seco, Antonio Fernández y José Lindín. La pena fue confirmada por el Tribunal Supremo.
Manuel Logilde fue ejecutado por garrote en el pueblo de Mondoñedo unos días más tarde.
El resto de los condenados vio su pena conmutada por cadena perpetua por la reina regente María Cristina.
El cúadruple asesinato
Don Manuel Neira, de 78 años, era el párroco de Santa Cruz del Valle de Oro. Luisa García, María Josefa Gasalla García, Jesús García López, todos del ayuntamiento de Pastoriza, estaban de criados de don Manuel. Jesús y Luisa eran hermanos y, María, sobrina de los dos últimos.
En la noche del 22 al 23 de noviembre, la criada joven, María Josefa, había salido al patio poco antes de las ocho de la noche. No se supo nada más de ellos.
A las siete de la mañana fue, como de costumbre, a casa del señor cura un niño de unos diez años que le ayudaba a misa. Llamó el infante al señor cura y a los criados y no obtuvo contestación. Entró en el pasillo y al ver un hacha arrimada a la escalera del piso principal, salió corriendo de la casa dando gritos de que algo grave había ocurrido.
Al poco tiempo llegó el coadjutor de la parroquia, entró a la cocina y se presentó ante él un espectáculo horrible: el párroco y los tres criados brutalmente asesinados.
Don Manuel Neira estaba tendido en uno de los bancos, con un pañuelo en la boca usado por los asesinos para ahogar al sacerdote enfermo y septuagenario.
Jesús García apareció tendido con la boca entreabierta. Tenía Jesús grandes y profundos arañazos a uno y otro lado del cuello y profundas puñaladas en el mismo.
Luisa García fue encontrada boca abajo en el suelo de la cocina. Tenía metido, casi por entero en la boca un pañuelo.
María Josefa apareció también en el suelo de la cocina. Dado que era mujer de fuerza, los asesinos no le pudieron introducir nada en la boca. Fue estrangulada.
Ninguna puerta o cajón de la casa aparecía rota o forzada, de lo que se deduce que los asaltantes sabían dónde se encontraban las llaves y dónde estaba el dinero.
La versión que circuló en las primeras horas por el Valle de Oro era que el párroco y sus criados fueron asesinados por ser muy conocidos de los homicidas.
Las primeras investigaciones
El juez de Instrucción, Edelmiro Trillo, informado particularmente del grave suceso, partió para Ferreira a las siete de la tarde del día 23, acompañado del actuario, Leiras, y del alguacil, González.
Trabajó el juez sin descanso hasta la tarde del lunes 26, en que regresaría a Mondoñedo.
A mediodía del 24, salieron de la casa rectoral de Santa Cruz los cuatro ataúdes conduciendo los cadáveres de las víctimas hacia el atrio de la iglesia, en donde se practicaron las autopsias.
Los médicos encargados de la autopsia señalaron que los asesinos habían empleado el mismo procedimiento con todas las víctimas, asfixia.
Pocos días después, y gracias a la diligencia del juez, fueron detenidos e ingresados en la cárcel de Mondoñedo diez individuos, todos ellos de Bretoña, uno de ellos, apellidado Logilde, concejal del ayuntamiento de Pastoriza.
Tras los interrogatorios, se dedujo que Logilde y otros detenidos habían intervenido en el crimen.
Logilde había sido visto el jueves en el Valle de Oro y como parece debía al párroco algún dinero, se deduce habría ido a hablar con él para rogarle demora en el pago.
La conmoción producida en Mondoñedo y en toda la zona era grande. Entre los comentarios surgidos, está la arrogancia de los criminales que no vacilaron en cruzar la villa mindoniense el mismo jueves día del crimen y al día siguiente pagasen las deudas que tenían contraídas con algunas personas.
Se comentaba que don Manuel era muy ahorrador y que recibía muchos donativos de los feligreses. Algunos mal pensados señalaban que luego dedicaba parte de ese dinero a la usura y que Logilde, uno de sus deudores, al verse impotente para pagarle se decidió a asesinarle.
Los inculpados
José García Braña, alias el Rojo, natural de Bretoña, de 33 años, soltero y labrador. El Rojo, de mirada torva, a decir de sus compañeros, fue el que mató a su prima, la joven criada María Josefa.
Manuel Logilde, 39 años, casado y con hijos, baja estatura, de oficio labrador, era también en el momento de los hechos concejal de Pastoriza.
Antonio Fernández Alonso, de 30 años, natural de Bretoña, soltero, labrador, regular estatura, ademanes rudos.
Ramón Seco García, 23 años, soltero, de oficio labrador.
Ramón Seivane, 28 años, soltero, natural de Bretoña, de oficio labrador.
José Lindín Rigueiro, de 26 años de edad, natural de Bretoña, de oficio carpintero.
Según se comentaba en el pueblo, Lindín fue engañado por el Logilde, a quien le debía 25 duros, para que participara en el asalto y arreglar la deuda.
El jueves de la semana siguiente al crimen comenzaron los careos, primero entre reos y testigos, sabiéndose por éstos que los primeros incurrieron en muchas contradicciones.
Posteriormente tuvo lugar el careo entre los reos, negando en principio todos que habían matado. Sin embargo, en el interrogatorio primero hecho en el juzgado municipal, Lindín confesó que Seivane había matado al cura, el Rojo a su prima María Josefa y los otros dos al criado y a la criada vieja.
El 26 de marzo de 1889, a las once de la mañana, dieron comienzo las sesiones del juicio oral.
Poco después se da lectura al proceso y a la prueba documental. Luego se pasa a continuación al interrogatorio de los procesados. Todos confiesan su participación en el caso, pero se atribuyen los unos a los otros los asesinatos del párroco y sus criados.
El día 27 a las doce de la mañana comienza la segunda sesión. Declararon los médicos forenses y confirmaron que la muerte de don Manuel y sus sirvientes fue producida por estrangulamiento y sofocación.
La tercera sesión, celebrada el día 28, se dedica a practicar la prueba de descargo propuesta por los procesados, que resulta contraria a lo que ellos esperaban.
En cuanto a Logilde, se prueba que estaba demandado por juicio ejecutivo por varias deudas, habiendo hecho promesas de que iba a pagar todas el 24 de noviembre, el día siguiente del asesinato, pues iba a tener "un golpe de suerte".
El día 29 se celebra la cuarta y última sesión. El fiscal Naveira reconstruye la historia del crimen.
Califica los hechos como «delito completo de robo con homicidio» en cuya comisión concurrieron las circunstancias agravantes de premeditación.
Pide al Tribunal que se impusiese a los seis procesados la pena de muerte por garrote.
La sentencia
El 1 de abril se condena a la pena de muerte a los acusados Manuel Logilde, Ramón Seivane, José García, Ramón Seco, Antonio Fernández y José Lindín.
Finalmente, la reina regente María Cristina indultaría a cinco de los seis condenados.
Manuel Logilde fue el único reo ejecutado por garrote días más tarde.
