18 años tuvieron que pasar para que un sismo en Oaxaca dejará una estela de muerte, desde 1999, un terremoto no provocaba víctimas mortales.
El jueves 30 de septiembre de 1999, un sismo de 7.4 grados en la escala de Richter, tuvo como epicentro la ciudad de Puerto Angel y dejó 46 muertos y 45 mil viviendas afectadas.
Hoy el Istmo de Tehuantepec sufre con una cifra preliminar de 23 muertos sólo en el distrito de Juchitán.
Este jueves , Oaxaca sintió el terremoto de 8.2 grados que tuvo como epicentro Tonalá, Chiapas.
La entidad Oaxaqueña, sólo ha reportado pérdidas humanas por terremotos en dos ocasiones desde hace 86 años.
El 14 de enero de 1931, alrededor de las 20 horas, un terremoto de 7.8 grados, que duró tres minutos y 10 segundos, provocó una tragedia en la capital.
Por las limitantes de aquellos años no se tiene registrado un número determinado de víctimas ni de construcciones afectadas.
Se conocen versiones de 10 mil muertos por referencias de quienes sobrevivieron el gran temblor que tuvo su epicentro en la zona de los Loxicha.
La tragedia, también causó hambruna, cólera, miseria y la consecuente migración de muchos oaxaqueños, especialmente al Distrito Federal.
En Oaxaca de Mis Recuerdos, Carlos Velasco Pérez escribió “entre pobrezas y trabajos terminé el segundo año, pero con muy buenas calificaciones, hasta que hizo su arribo el año fatal de 1931, y digo fatal porque el 14 de enero cuando el reloj marcaba las ocho de la noche y nos disponíamos a tomar café, empezó un temblor que de inmediato hizo crujir los techos. Luego se fue la corriente eléctrica, en tanto mi infeliz ama luchaba por sacar a sus tres niños que ya estaban dormidos, de entre dos vigas que se habían desprendido, pero que milagrosamente habían caído a un lado de la cama donde dormían las criaturas”.
Las oficinas del gobierno trabajaron provisionalmente en el edificio que se ubica en las calles de Morelos y Macedonio Alcalá. En medio de aquella desolación era común ver sobre las banquetas y lotes baldíos, tienditas de campaña que se cubrían con petates o cualquier otro material que atajara los helados vientos del invierno”.
El periódico El Mercurio, fechado el 23 de enero de 1931, describió así la situación.
“Al visitar los amplios patios de algunas casas que hoy son montones de escombros, unos y otros convertidos en verdaderos campamentos donde se presencian escenas reales, cuadros de dolor, capaces de impresionar a los espíritus más fuertes, ancianos y niños, tendidos sobre viejos petates y envueltos en miserables sarapes, con la tristeza realmente reflejada en sus demacrados rostros, pasan gran parte de la noche en el insomnio hasta que el sueño le vence para volver a despertar poco después ante la desconsoladora realidad que los rodea”
Cuando se producen los impactos y se libera la energía, ésta se transmite en forma de ondas de choque radiales que se desplazan a diferentes velocidades, según la capacidad de resistencia de las rocas que se encuentran en su camino, pero es tanta la energía que se libera, que en frecuencia dichas velocidades fluctúan entre los 50 y 70 kilómetros por segundo, por lo que las ondas pueden recorrer el territorio estatal en un tiempo calculado de nueve a 17 segundos.
