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El sismo de 1985 hirió de muerte al Distrito Federal

Foto(s): Cortesía
Redacción

A las 7.19 horas de un día como hoy pero de 1985, una gran parte del país --Michoacán, Guerrero, Jalisco, Colima y Oaxaca, pero principalmente el Distrito Federal--, se vio afectada por un potente sismo de 8.1 grados Ritcher, que con una duración de dos minutos dejó al menos siete mil muertos, cientos de heridos al igual que cientos de edificios destruidos y otros con graves daños. Esa mañana el Distrito Federal quedó aturdido. Fue un golpe duro, seco, demoledor, que dejó a la ciudad coja y adolorida.


Fue en las costas de Michoacán, a casi 400 kilómetros del DF, donde la placa tectónica de Cocos sacudió a la placa Continental y ambas se deslizaron violentamente. La onda de choque tardó casi dos minutos en atravesar las sierras, subir hasta el altiplano y golpear brutalmente a la capital del país, informó un grupo de científicos de la UNAM.


Y vino el terror: el suelo se iba caprichosamente en todas direcciones, brincos, sacudida de cuerpos, árboles, postes, edificios y las calles reventadas. Cayeron viejas casonas, masivos edificios de departamentos, hoteles de abolengo, centros nocturnos, cines, oficinas públicas, hospitales, cafeterías como Superleche, escuelas, teatros, etcétera. La zona cero del Centro Histórico del Distrito Federal, quedó envuelta en zozobra, polvo, humo y un olor a muerte.


En sus dos minutos de duración, el sismo tiró 400 edificios y dejó a otro millar listos para ser demolidos. Cayeron líneas telefónicas, telegráficas, la ciudad se quedó sin agua y electricidad; el transporte se colapsó dejando a la ciudad durante horas comunicada con el exterior sólo mediante radios de onda corta y carretera. La lista de desaparecidos se daba a conocer vía televisión y radio.



Fue tal la magnitud del temblor del 19 de septiembre de 1985 que decenas de edificios se vieron abajo como pasteles derretidos. Las víctimas, en cifras oficiales, llegaron a las 7 mil. Y miles fueron los heridos.

El Servicio Sismológico Nacional explicó que el epicentro se originó el Océano Pacífico, cerca de la desembocadura del río Balsas en la costa de Michoacán, a 15 kilómetros de profundidad, y la energía que generó se comparó con la liberada por treinta bombas atómicas similares a la detonada en Hiroshima.


Las zonas sur, centro y occidente fueron las afectadas por el sismo, que se sintió en estados como Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Jalisco y Colima; sin embargo la zona más afectada fue el entonces llamado Distrito Federal, hoy Ciudad de México, que quedó con tantos daños que fue necesaria la ayuda internacional.


La sacudida tiró el Hospital General de México, el famoso Hotel Regis, ubicado a unos metros de la Alameda Central, el edificio Nuevo León, Multifamiliar Juárez, Televicentro, los televiteatros, fábricas de costura en San Antonio Abad, una torre del Conjunto Pino Suárez, entre otros muchos más dañados, que cayeron derrumbados y otros parcialmente destruidos por la ola sísmica. Al menos 152 edificios tuvieron que ser demolidos en la zona debido a los daños ocasionados.


El suministro de agua se vio afectado varios días por averías en los acueductos, red primaria y red secundaria. Fracturas, grietas y hundimientos afectaron la carpeta asfáltica.


SI bien las víctimas llegaron a unas 7 mil, otras 4 mil personas fueron rescatadas de entre los escombros de construcciones derrumbadas, algunas hasta diez días después de la tragedia, entre ellos varios bebés a los que posteriormente calificaron como “bebés milagro”.



Miles de ciudadanos, teniendo como herramientas sólo sus manos, participaron en las tareas de rescate en diferentes puntos del DF, quebrado por la mitad a causa de un sismo de 8.1 grados Ritcher.

HERNÁNDEZ CASANOVA Y ANTONIO MEJÍA, ENTRE LAS VÍCTIMAS


Entre las víctimas que perecieron en el hotel Regis, se encontraba el político oaxaqueño, licenciado Ricardo Hernández Casanova y el periodista Antonio Mejía García , entonces reportero de “Panorama Oaxaqueño” y corresponsal del periódico capitalino “El Día”. En la fecha del siniestro, los corresponsales de éste último rotativo celebraban su tradicional reunión cuando se desplomó el edificio.


NOTICIAS dio cuenta entonces de las tareas de rescate de los fallecidos y posteriormente de la inhumación de los restos mortales de ambos oaxaqueños. Una comisión de periodistas locales estuvo en el DF todo el tiempo de la búsqueda hasta que se dio con los restos.


Tras el sismo de aquel 19 de septiembre, se registraron varias réplicas, siendo la más significativa la que tuvo lugar al día siguiente, a las 19:38 horas, y que tuvo una intensidad de 7.3 grados en la escala de Richter.


El entonces presidente Miguel de la Madrid fue víctima de críticas y escarnio pues tras registrarse el fenómeno telúrico y a pesar de las víctimas humanas, heridos y los daños por doquier, rechazó inicialmente el apoyo internacional y prohibió la participación militar en las labores de rescate. Aunque, posteriormente y ante la magnitud de la tragedia, accedió a abrir las fronteras para que llegara la ayuda internacional de países solidarios que se hermanaron con México en esta tragedia nunca vista en la historia del país.



El edificio de la Torre Latinoamericana, de pie, fue mudo testigo de la peor tragedia en la vida del entonces Distrito Federal, donde centenares de edificios quedaron así, en puro cascajo.

 


Pero por sobre todo tipo de adjetivos de esta tragedia, la que brilló fue la solidaridad de miles de millones de mexicanos que participaron en las tareas de rescate, auxilio y todo tipo de ayuda para los hermanos en desgracia. Tal ayuda rebasó el acciones del gobierno delamadrista, hecho que fue reconocido por el mismo presidente.


Así, además de recibir el apoyo de otras nacionales, en las zonas de desastre cientos de personas, sin importar su condición, se sumaron a las acciones de ayuda. Destacó la del tenor español Plácido Domingo que buscaba afanosamente –incluso sin cubrebocas y sólo con sus manos— los restos de una tía. Tiempo después, el cantante donó varios millones de pesos para un condominio que entregó a varias familias damnificadas.


Por también, y debido a la tragedia, se tomaron varias medidas ejemplares, como la institución de simulacros de sismo periódicos, y se creó la agrupación "Brigada de Rescate Topos Tlatelolco", mejor conocida como "los topos", que asiste y ayuda nacional e internacionalmente a las zonas afectadas por sismos.


Los cientos de damnificados tomaron varias calles del Centro Histórico del DF, y vivieron como precaristas bajo tiendas de campaña de lona o de plástico, y no fue sino hasta unos diez o quince años después cuando el gobierno del Distrito Federal pudo asignarles un lugar digno para vivir.


Las secuelas físicas y mentales se apoderaron de miles de personas tras aquel suceso que se volvió películas, novelas, libros, etcétera, pero sobre todo, aquel episodio originó a la larga que se creara una nueva cultura de protección civil, protocolos de prevención y reacción y reglamentos de construcción más severos que han originado menos víctimas en los recientes sismos registrados.


Hoy que se celebra un aniversario más del sismo del 19 de septiembre de 1985, se recuerda a las víctimas, a los heridos, a los rescatistas, pero también queda en la memoria aquella fecha en que la sociedad tomó el poder y se volcó en ayuda del próximo en desgracia.


Pero por desgracia, hoy como entonces, se ratifica ese profundo y arraigado sentimiento de vulnerabilidad que tiene el hombre ante la naturaleza desatada. Y tenemos que acostumbrarnos porque México, y especialmente Oaxaca, es tierra de sismos.

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