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Central de Abasto de Oaxaca, broma y fatalismo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Y si fuera cierto, que se haga la voluntad de Dios, dice Juana Pérez mientras bromea con sus vecinas en la Zona Seca del Mercado de Abasto, para ella, como para la mayoría de personas que se ubican en su corredor, la prevención en caso de desastres es un tema sin importancia.


Al medio día de este miércoles la vida del centro comercial más concurrido en Oaxaca transcurría con normalidad. Es la mitad de semana, la afluencia es menor que los martes, viernes y sábados; aún así, los pasillos son estrechos, dado que los comerciantes cada vez ocupan más espacio para exhibir sus productos.


Pasa de noche el simulacro


Gente de diversas edades transita la zona; en algunas áreas, donde se ocupa gas, no se observa el cumplimiento de las condiciones que establece Protección Civil; al interior de la nave principal no todos saben que en minutos se realizará un macrosimulacro en conmemoración de los sismos de 1985 y 2017 .


Aquí la gente ignora cuáles son los puntos seguros, a dónde dirigirse, cómo actuar en caso de un sismo, es increíble la ignorancia que priva a pesar de que la mayoría indica que al menos escucha la radio comercial.


En la Zona Húmeda, el tianguis y bodegas la situación no es distinta, incluso hasta parece que en el área deambulan almas suicidas dado el montón de tendederos, basura y diversos obstáculos que obstruyen el paso y que, sin duda, dificultan el auxilio inmediato de la población flotante.


De buenas seguimos vivos


“Nadie nos organiza, menos nos capacita, de buenas seguimos vivos, a parte yo no tengo tiempo para andar en cursitos”, comentó Carlos Mendoza quien junto con su esposa e hijas atienden un comedor.


Él asegura que desde que rentó el espacio - hará unos 4 años-, los líderes solo pasan a verlo para pedirle la cuota, jamás para sugerirle nada que ver con su protección.


De risa el Macrosimulacro


A las 13:16:40 horas, la sirena de la alarma sísmica ubicada en el lugar se activó y, con ella, las sonoras carcajadas de las vendedoras del tianguis, quienes se divertían con la reacción de algunas personas que no se dieron por enteradas del evento programado.


Al percatarse de que no había movimiento telúrico, aquellos que se asustaron se unieron a la diversión mientras Doña Toña, vendedora de quesos, trataba de calmar a una pequeña que le acompañaba:


“No pasa nada y si fuera temblor pues te sientas de quedito, no hay más, aquí no hay de otra, tranquila, esto lo hizo el gobierno para recordar a los muertos del temblor como si con eso se acabaran las desgracias”, manifestó.


El Mercado de Abasto es, por mucho, la zona más vulnerable de la capital en la ocurrencia de un sismo o de cualquier otra contingencia, la apatía y la politización provocada por los liderazgos provoca la división de los 15 mil comerciantes que ahí operan, en consecuencia, el desorden que existe pone en riesgo continuo a los más de 20 mil compradores que acuden al lugar.


Aquí, tras el Macrosimulacro 2018 y el dolor que provocó el sismo ocurrido en 2017, pesa más la indiferencia que el deseo de salir librado de un evento en el que sus vidas puedan estar en riesgo, al final, las cosas deben ser como Dios quiera.

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