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Vivir de la limosna, la única "oportunidad" para los adultos mayores en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
DSM

Sólo un sobrero de palma cubre su rostro del intenso sol de este medio día de lunes. El hombre de avanzada edad, está parado, en la esquina que hacen las calles de García Vigil e Independencia en el centro histórico de Oaxaca, su delgada figura la sostiene un bastón de madera, el único apoyo para mitigar el cansancio de las ocho horas que pasa parado pidiendo limosna, uno de los tantos que han hecho de esa actividad su único modo de subsistencia en la Verde Antequera.


Juan López Amaya de 77 años, vive de la caridad de los oaxaqueños. Las monedas que llegan a sus manos y las esporádicas miradas que se cruzan con la suya en un acto cálido y de congoja, son sus únicos alicientes para eludir la soledad y tener dinero para medio comer.


La mirada cansada del hombre, las manchas de sol impregnadas en su piel morena y arrugada, son vestigios de su ardua vida laboral, misma que no le alcanzó para tener una vejez decorosa.


Juan pasó gran parte de su juventud y adultez elaborando, cargando y descargando tabiques de barro rojo en San Agustín Yatareni municipio de los Valles Centrales de donde es originario.



Juan López Amaya pide caridad para poder sobrevivir económicamente. FORO: Deimos Sánchez

Era miembro de una familia de cuatro hermanos. Sus padres, Rosa y Juan originarios de Santa María Peñoles, municipio perteneciente al distrito de Etla, murieron hace años, no recuerda con exactitud la fecha; los huecos en su memoria no le permiten rememorar qué pasó con sus hermanos, únicamente atina a decir que han muerto.


Pero en sus ojos hay un brillo inusual, un motivo por quien salir a mendigar a la calle, es ella, su esposa Cirila Lorenza de 70 años de edad, que lo espera en su humilde hogar en San Agustín Yatareni.


Vida de trabajo, vejez en pobreza


El anciano, es uno más del millón 204 mil 414 personas que no tienen alguna actividad económica en Oaxaca. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 43 por ciento de la población desocupada oscila de los 31 a los 61 años, y entre ellos hay 33 por ciento que viven en situación de pobreza.


A medida que el sol incrementa, el hombre coge su bastón y cruza lentamente la avenida para llegar a la banqueta y tomar algo de sombra, al llegar se recarga en el cofre de un automóvil color gris que se encuentra estacionado, coloca el suelo una bolsa de plástico de color rojo que trae consigo en donde guarda la comida que recolecta de la caridad, de los botes de basura cercanos, de bancas y de la calle.


Desconcertado e incómodo al ver la lente de la cámara, don Juan afirma, “yo no hecho nada, no estoy robando, lo único que hago es luchar para llevar algo de comer a la casa”.


De repente una señora de complexión delgada, de ojos vivarachos y con un semblante alegre se acerca al lugar en donde don Juan se encuentra descansando, la dama saca de su bolsa de mano una torta y la pone en las manos de don Juan, él la recibe agradecido.


“Para que vea joven que no les estoy mintiendo, yo sólo pido ayuda y la gente me la da”, expresa Juan López con una sonrisa.



Una moneda es una bendición para él. FOTO: Deimos Sánchez

El hombre mete la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y saca un cigarrillo lo pone al filo de sus labios y prende fuego, poco a poco va inhalando el humo del cigarrillo, después de unos segundos su rostro denota alivio y suelta: “hay mucha gente buena como esta señora que aún se compadece de mí, yo ya estoy grande pero mientras Dios me preste vida seguiré luchando para llevar el sustento a mi hogar”.


– ¿Y cómo se encuentra de Salud don Juan? – Hace un par de meses me caí y me lastimé mi espinilla, me dolió tanto que casi tres días no pude venir al zócalo, afortunadamente ya estoy bien, ya no me duele, lo único de lo que padezco desde hace tiempo es de la presión, pero es normal a mi edad, cuando tengo dinero, compro medicamentos.


– ¿Cuántos hijos tuvo y qué fue de ellos? – La única hija que tuve se casó desde hace varios años y desde entonces nos quedamos solos, ella se fue con su esposo y ahora que tiene hijos pues esta más difícil que pueda ayudarnos económicamente.


La única entrada que don Juan tiene segura es de 300 pesos mensuales de un programa federal, por eso los 365 días del año él hace de esa esquina su fortaleza y desde las nueve de la mañana busca ayuda, porque peso a peso, la bondad de los oaxaqueños saca adelante a su pequeña familia.

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