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“Es nuestra fe, nuestra creencia": peregrinos van a ver a la Virgen de Juquila

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Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Nadia Altamirano Díaz

Añorando el perdón, para cumplir una promesa o simplemente por gratitud, 150 pobladores de Santa María Guadalupe, Veracruz, cruzan a pie casi 600 kilómetros que incluyen territorio de Puebla y Oaxaca para llegar este martes al Santuario de la Virgen de Juquila.

“Es nuestra fe, nuestra creencia hacia nuestra madre Santísima y más que nada es nuestra fe lo que nos lleva a ella, porque sabemos que ella nos cumple muchos favores”, expresa Socorro, encargada de la peregrinación en la que participan 150 personas, incluyendo menores de edad.

Socorro agradece por la vida y salud de ella, sus hijas, su esposo y por encabezar esta peregrinación que partió el domingo 17 de noviembre de Santa María Guadalupe, Veracruz.

Por tramos e intercalando descansos, Miguel, un adolescente de 13 años que es sobrino de Socorro, llega a Juquila porque así se lo prometió a la Virgen si llegaba a curarse.

Dos años atrás una bacteria en el cuerpo de Miguel le impidió caminar y mantenerse en cama seis meses.

“Gracias a sus terapias y que le hizo a la Virgen de Juquila la promesa de venir, volvió a caminar”, expresa convencida Socorro.

Devoción

Después de la Virgen de la Soledad, la de Juquila se considera la segunda patrona de la grey católica en Oaxaca.

La devoción que provoca entre las y los fieles de México sólo la superan las Vírgenes de Guadalupe y la de San Juan de los Lagos, en Jalisco.

En su libro Juquila, memorias de mi pueblo (Conaculta, Puerto Escondido, 2010), Erasmo Guzmán Ventura relata que la imagen de 30 centímetros tallada en madera fue regalada por el fraile Jordán de Santa Catalina a un joven campesino de Santa María Amialtepec, en el Siglo XV.

Un incendio alcanzó el templo donde se colocó, pero el vestido y el cabello de la Virgen quedó intacto, sólo su rostro se quemó, adquiriendo un color oscuro.

Antes de que en el Siglo XVII se determinara que la Virgen se quedaba en el templo de Juquila, cada que la colocaban ahí se regresaba a Amialtepec, a 20 kilómetros de distancia.

En diferentes épocas del año, pero sobre todo en las cercanías del 8 de diciembre que se celebra a la Virgen de Juquila, su Santuario recibe a miles de personas devotas, ya sea en vehículo, motocicleta, bicicleta o a pie.

En colectivo

Cristina no camina, pero encabeza a las 20 cocineras que con sus guisos se aseguran que las y los peregrinos tengan la fuerza para caminar entre el frío o el sol.

En cada parada las mujeres “echan tortillas a mano, arrocito, caldito de pollo, molito, pero surtidito, todo es nuevo y diferente, hecho al momento”.

Que entre los peregrinos de las Parroquias unidas por una misma fe camine uno de sus hijos, Diego de 16 años, y su nieto César, de 10 años, hacen que Sofía ponga “lo más que se pueda de empeño, para corresponder el esfuerzo de las personas que vienen caminando.

“Es la Santísima Virgen la que nos da mucha fuerza, porque a veces sentimos que no vamos a poder llegar”, describe Sofía, quien hace siete años, cuando caminó por primera vez en la peregrinación y llegó al Santuario sintió una emoción que la llevó a las lágrimas. 

Víctor tampoco camina, pero con la camioneta que abandera a las y los peregrinos va a su paso, a casi dos kilómetros por hora, “me adelanto para darles una botella con agua o fruta”.

Para sustentar los gastos se pide una colaboración de mil pesos, pero Francisco, uno de los cuatro responsables aclara que se puede aceptar menos para que nadie “se queda con las ganas” de llegar caminando a Juquila.

“Se puede cooperar con la mitad”, arropados de caminar en colectivo para sortear riesgos como ser picados por un animal o sufrir un robo o agresión mientras duermen,.

“Cada que llegamos a un lugar a dormir, hay personas que velan su sueño para que eviten que alguna persona les dañe”, pues muchas del cansancio caen en un sueño profundo.

Silvino, esposo de Socorro, y otro de los cuatro encarcelados de la peregrinación hizo el mismo viaje un mes previo para pedir que en localidades como Esperanza o Tehuacán, en Puebla, o La Carbonera, la Ciudad de Oaxaca, Zimatlán o Sola de Vega les permitan detenerse para cocinar alimentos, comer o dormir.

Los nueve días de trayecto que se hicieron a pie lo harán lo recorrerán esta noche de martes, pero en vehículos, entre el cansancio y la satisfacción de cumplir con lo que dicta la fe por la Virgen de Juquila.

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