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Domingo, día del Señor

Imagen que ilustra la reflexión del evangelio dominical, representando el llamado de Jesús a tomar la propia cruz para poder seguirlo.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por P. Gregorio Gil Cruz Glz.

 

 

“El que ama a su padre o a su madre más  que a mí, no es digno de mí…”

Evangelio: Mt. 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más  que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí: la salvará.

Quien los recibe a ustedes  me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe al profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el  que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa  de justo.

Quien diere, aunque  no sea  más que un vaso de agua fría  a uno de estos pequeños, por  ser discípulo mío, yo les aseguro  que no perderá su recompensa”. Palabra del Señor.

El seguimiento supone morir así mismo y entrar por el camino de la entrega y el servicio, como Jesús. El evangelista presenta la radicalidad del seguimiento a Cristo, aunque pareciera algo muy duro e irrealizable, Jesús quiere recordarnos que en nuestra jerarquía de valores Dios debe ocupar un lugar muy importante. Su seguimiento exige, pues, una total entrega. No se trata aquí de dejar a los familiares sino de relativizar esas adhesiones personales al seguimiento de Jesús. Seguir a Jesús exige renuncias y sacrificios; Jesús pone de ejemplo a la familia porque para todos la familia es algo muy importante, muy sagrado, con lo que nos quiere enseñar que incluso todo eso se pone al servicio de la construcción del Reino.

Nos asegura además que el que es capaz de renunciar a ciertas cosas, el que es capaz de sacrificarse, incluso de dar la vida por él será recompensado en gran medida: “El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará”.

Así nos recuerda también el Apóstol San Pablo: “por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte”, para que, “así también nosotros llevemos una vida nueva”. El cristiano que sigue radicalmente a Cristo resucitará a una vida nueva. Vida que nos concede el Padre por colaborar en su proyecto de salvación.

Jesús nos pide que no antepongamos nada a su amor, sobre todo, que no antepongamos nuestro egoísmo, que no antepongamos nuestro orgullo y amor propio. Que no antepongamos ningún bien material, ningún bien físico, ninguna persona. “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”. Solo en Dios encuentra el hombre la verdadera felicidad, por ello que nada se anteponga al amor de Dios, porque es El quien le da sentido a nuestras vidas. Sólo Dios es la fuente de la felicidad del ser humano.

Dios los bendiga. Feliz domingo.

@PGil_Cruz

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