P. Gregorio Gil Cruz Glz.
En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles: buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Estos recibirán un castigo muy riguroso”.
En una ocasión, Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo:
“Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.
Palabra del Señor.
La enseñanza del Señor en este domingo es clara: la generosidad y la entrega plena al amor misericordioso de Dios. En el evangelio que escuchamos, Jesús, antes de abandonar el templo, quiere que la gente y sus discípulos lleguen a la conclusión: que no deben aprender ni seguir a líderes que llevan una incoherencia de vida; por ello, para fundamentar su idea, le basta con desenmascarar a los maestros de la ley. Por el contrario, a quienes deben imitar es a la viuda pobre que se acerca temblorosa a las alcancías del templo para depositar en ellas todas sus seguridades materiales, significando así que se abandona a la misericordia de Dios. (Cfr. Biblia de América).
Luego de reprobar a los escribas por su incoherencia entre lo que predican y lo que viven, se coloca junto a la alcancía y se pone a observar “cómo la gente echa allí sus monedas”. Pasan ricos y pobres. Aquéllos dan mucho, pero hacen de todo para que la gente se entere; en cambio, los pobres dan poco. Luego llega una viuda pobre, echa dos moneditas. Y Jesús hace una declaración sorprendente: ésta dio más que todos; porque dio todo lo que tenía para vivir, mientras los ricos dieron de lo que les sobraba.
La viuda pobre es totalmente distinta a los líderes incoherentes: ofrece cuanto tiene, abandonándose absolutamente a la misericordia de Dios.
Así son los criterios de Dios, podemos decir que así son las matemáticas de Dios. Los pobres, desprovistos de lo elemental, están más en disposición para poner su confianza en Dios. Vacíos de todo, están disponibles por completo ante Dios. La valoración de Dios en estos gestos de amor, no se mide por la cantidad, sino por su entrega generosa. La actitud de compartir y la auto donación cuentan más que la cantidad.
Hay que ver que la diferencia entre la viuda y los demás no es cuantitativa, dar más o menos, sino más bien es esencial; es decir, la actitud de generosidad y desprendimiento con la cual se sitúa frente a la alcancía. Ella lo da todo como expresión de su confianza absoluta en el Señor; los demás, sólo dan una parte de lo que tienen, manifestando con ello que su relación con Dios no es total ni definitiva.
Podemos leer también un mensaje para nosotros: el corazón de los pobres, representados por la viuda, es terreno fértil que acoge el don de Dios y lo multiplica. La mano del pobre, aunque tímida, es espléndida. Los pobres están más dispuestos a compartir solidariamente aun lo poco que tienen. No es pura casualidad que en la primera de las bienaventuranzas exclame Jesús:
“¡Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos!” (Mt 5, 3).
La viuda pobre es el ejemplo claro de aquél que lo da todo, sin escatimar esfuerzo ni sacrificio; es el caso de una madre para quien no hay cansancio en la entrega generosa de su hijo, que lo cuida, lo protege y lo forma en los valores; o también es el caso de cuántas personas de buena voluntad que trabajan afanosamente en la construcción de un mundo más humano; la de un profesor que lo da todo por sus alumnos, o un médico, un arquitecto… que trabaja responsablemente dando lo mejor de sí.
Que cada día nos esforcemos por ser más generosos y compartir todo lo que somos, nuestras virtudes, carismas, dones y cualidades; que venzamos nuestro egoísmo y avaricia que nos impide darnos a los demás; recordemos que lo que engrandece el corazón del hombre no es la riqueza material, sino la pobreza de espíritu.
Lo que cuenta a los ojos de Dios es un corazón generoso, desprendido y confiado. Como la viuda pobre que da con el corazón, demos con generosidad y Dios nos multiplicará: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos”.
Dios los bendiga. Feliz domingo.
@PGil_Cruz
