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Noche para recordar: Guelaguetza, fiesta de hermandad, amor y gozo

auditorio
Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Entre aplausos y entusiasmo, con una fuerte lluvia en el Cerro del Fortín, dio comienzo el ritual de permiso para la Guelaguetza vespertina. La segunda presentación reunió a 16 delegaciones, que compartieron su baile, tradición, versos, cantos y sus mejores pasos.

La fiesta inició con la bienvenida de la Diosa Centéotl, Juana Hernández López. En una tarde que se alargó gratamente para hacer vibrar a los asistentes entre sones, jarabes y chilenas, e imprimir al corazón una memoria de alegría, hermandad, en una celebración incomparable en la que los pueblos de Oaxaca bailaron, danzaron y compartieron.

La delegación que abrió la edición vespertina fueron los vallistas de San Antonino Castillo Velasco, con sus sones y jarabes. Por segunda vez en la historia de la Guelaguetza se presentaron los mazatecos de San Felipe Jalapa de Díaz, con “Las Pastoras”, con la que las mujeres campesinas, con sus huellas, borran el paso de María y José hacia Belén, donde nació Jesús, sitio que durante la celebración mazateca tiene lugar en la parroquia de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago.

De la Sierra Juárez y con un blanca indumentaria, sus largas trenzas negras tejidas con listón de lana negro, soyates de palma, faja para el trabajo pesado, y cubierto con ceñidor de color rojo hecho en telar y teñido con grana cochinilla, llegaron los serranos de la delegación de San Melchor Betaza para compartir sus sones y jarabes.

 

 

Los ikoots de San Francisco del Mar del Istmo de Tehuantepec presentaron sus tradiciones con Homenaje luctuoso y Martes Santo y la danza de La palomita, y Son del toro, danzas que aquí se presentan son acompañadas por flauta, tambor, sonaja y caparazón de tortuga.

Llegó después Pinotepa Nacional para ejecutar sus sones, chilenas y juegos, con la picardía natural de las sensuales morenas que deslumbraron con sus amplias faldas de colores. 

De la sierra sur llegó la delegación de San Carlos Yautepec con su fandango y el tradicional Jarabe Carleño. Luego fue el turno para la etnia zapoteca de El Espinal, en la región del Istmo de Tehuantepec

La algarabía y júbilo se presentó con los giros y saltos de mujeres con faldas multicolores, como arcoíris en movimiento, de la delegación de Huajuapan de León con el Jarabe Mixteco, que es un compendio de los sones tradicionales como el jarabe inicial, el guajacado, el chandé, el palomo, el zapateado, el toro, el jarabe final, que se distinguen por su alegría. La entrañable Canción Mixteca fue el broche de oro que hizo a todos entonar con su mejor voz. 

 

 

De la Sierra Sur llegaron los tacuates, “hombres serpientes” con Boda, Fandango y Carnaval Tacuate, de Santa María Zacatepec, donde el carnaval es la fiesta que reúne al pueblo y la alegría se desborda en las calles, pues los diablos de carnaval salen llenos de pintura roja y negra y atrapan a toda personas que esté por la calle, llenándola de pintura principalmente en la cara, le desgarran la ropa y lo hacen parte de esta alegre tradición.

Luego fue el turno de los mixtecos de Santiago Juxtlahuaca, con su aplaudida Danza de los rubis, para seguir con los mixes de Santiago Zacatepec, que ejecutaron sus mejores pasos, por primera vez en la rotonda de la azucena. 

Gradiente de folclor

La delegación de Tuxtepec con Flor de Piña arrancó las ovaciones de la audiencia que se rindió ante la belleza de las mujeres vestidas con los más hermosos huipiles bordados de infinitos colores. 

Las mujeres de San Juan Bautista Tuxtepec de la Cuenca del Papaloapan con sus inigualables huipiles bordados por manos de mujeres artesanas arrancaron las ovaciones de la audiencia con la coreografía de Flor de Piña, creada por la maestra Paulina Solís, quien falleció el pasado domingo 9 de julio.

 

 

De Santos Reyes Nopala se presentó la Boda Chatina a ritmo de chilenas con la bendición frente al altar de la familia, entre hierbas y velas se persignan a los novios por parte de los padres y padrinos. Ahí se entregan los regalos a la pareja, una gallina y un gallo como símbolo de unión, un metate de piedra, un machete y un bule para el trabajo y al novio le colocan mascadas en el cuello para la abundancia de hijos.

De la etnia zapoteca llegaron los representantes del barrio La Soledad, del Istmo de Tehuantepec, para luego dar paso a Cuilápam de Guerrero, de valles centrales, con la Danza de la Pluma, que forma parte de las danzas de conquista más representativas de México y cuyo vestuario corresponde a las estrategias de evangelización indígena.

Hay que recordar que los danzantes portan un penacho como alegoría de los ornamentos sacramentales del rito católico. Para sujetarlo a la cabeza utilizan una cinta tejida en telar de cintura llamada barbiquejo. El rango que el danzante representa, Moctezuma, teotiles, capitanes, reyes, se identifica por las características del penacho.

La gran fiesta concluyó con la participación de las Chinas Oaxaqueñas de Casilda Flores, con su Jarabe del Valle, monos de calenda, marmotas y canastas adornadas con flores y juegos. Al final el cielo se iluminó con un espectáculo piromusical. Ahora a la octava comienza a prepararse. 

 

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