Tanto Justino García Antonio como Yezenia Ruiz Pérez nacieron en familias donde trabajar el carrizo era una tradición, pero en el tiempo que les tocó, los productos tradicionales tienen mayor competencia por los recipientes de plástico o están mal pagados.
“Normalmente se hacían piscadores, que son los canastos más grandes para que los burros se lleven la carga, pero ese trabajo rústico se está perdiendo”, reconoce Justino, quien la pandemia de COVID-19 le llevó a retomar hace cuatro años un trabajo familiar.
“Soy psicólogo de profesión y a partir de la pandemia me quedé sin trabajo, retomé la actividad de mi papá (Alberto García) y mi mamá (Victoria Antonio), ví qué funcionaba y empecé a buscar quién me ayudara a aprender”, recuerda un hombre que trabajó de niño el carrizo, pero que con los años perdió esa habilidad.
Además, Justino no quería realizar los productos artesanales tradicionales y en ese buscar coincidió con Yezenia Ruiz Pérez, quien es hábil con el carrizo porque desde niña se aferró a una actividad que su mamá Olivia Pérez domina.
Conectarse con la tradición
"Es como algo que ya llevo en mí, que me dieron mis abuelos y mi mamá que lo trabaja y me enseñó”, dice consciente de que esta actividad artesanal le permite estar en su casa y generar sus propias ganancias, aún entre la competencia.
Entre Justino y Yesenia hay 17 años de diferencia y cinco kilómetros de distancia entre el municipio en el que viven, San Juan Guelavía, él, y Santa Cruz Papalutla, ella, ambos con una actividad fuerte de artesanías de carrizo.
“Ambos coincidimos en tener para vender productos que normalmente no se encuentra en Guelavía o Papalutla”, expresa Justino, con la claridad de la competencia que a ambos les rodea.
Construir un baño y requerir un espejo llevó a Justino a experimentar en colocarle una base de carrizo que además sirviera de adorno.
Diferentes productos
De ese tipo de espejos hizo tres y logró que se vendieran, así que los sigue elaborando, junto con relojes que al colocarse en una pared dan un toque distinto.
Pensó también en pantallas para lámparas de buró y popotes como una alternativa ecológica.
“Es buscar el carrizo delgadito, cortarlo a 25 centímetros y pulir ambos extremos para retirarle las astillas, además se cepilla por dentro con una limpiapipa de metal”, describe Justino.
El precio, para que sea competitivo, es de 5 pesos por una pieza o tres por diez pesos, aunque el fin último es más bien ecológico.
Otra opción fue ofrecer marmotas pequeñas, una réplica de esas esferas enormes que adornadas de tela y listones encabezan una calenda y quien la porta la hace girar.
Producción amenazada
Lo mejor es que al conjuntar talentos los productos en venta enriquecen la variedad.
“Lo que la gente busca es lo económico, pero no podemos malbaratar el trabajo porque es muy laborioso, competimos contra lo que es de plástico, lo desechable”, coinciden Justino y Yezenia.
En esa lucha por lo ecológico la producción de carrizo también se ve amenazada porque la falta de agua hace que escasee.
“El carrizo se selecciona para poderlo trabajar, debe crecer en un lugar que se nutra bien, para que cuando se raje no se rompa o no se pueda manejar bien”, precisa Yezenia.
Si quiere que el carrizo tome una coloración oscura, se debe chamuscar en el fuego, sin que se queme, encontrando el punto de coloración, “sino explota porque es como leña seca, delgadita”.
“Nuestro trabajo comienza desde que vamos a traer el material al campo, llegar a la casa y pelarlo, darle la forma de lo que queremos sacando lo más que pueda del corazón (del carrizo) e irlo afinando”, describe.
En su caso, a pesar de vivir en Papalutla, municipio que se considera la cuna del carrizo, debe ir al municipio vecino de San Sebastián Teitipac, a cuatro kilómetros de distancia, a conseguirlo.
“Normalmente en épocas de frío, el carrizo se quema. Lo que no hay es estaca qué es fundamental para armar el Canasto, por eso mi mamá asegura tener 100 estacas”, para poder elaborar artesanías.
PARA SABER
-El carrizo es una caña hueca con una rigidez que le permite cierta durabilidad.
-Santa Cruz Papalutla y San Juan Guelavia son dos municipios de Valles Centrales que se dedican a la artesanía de carrizo.
