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Cosecha de Rábanos: 50 años de tradición en las manos de don Serafín

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Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Bajo el cálido manto de la mañana, don Serafín, con su pala, libera con cuidado los rábanos enraizados en la tierra de Oaxaca. El sol apenas acaricia el ambiente, pero el frío no es obstáculo cuando se trata de preservar una tradición.

Este 2023 marca el medio siglo de don Serafín, como partícipe clave en la Noche de Rábanos, una de las tradiciones más emblemáticas de Oaxaca, donde la imaginación y la destreza se entrelazan para dar vida a figuras espectaculares, moldeadas sólo por las hábiles manos de los hortelanos oaxaqueños.

 

Fiesta original

"Son ya 50 años siendo parte de la historia de la Noche de Rábanos. Acompañaba a mis padres a la vendimia desde los 10 años. En esos tiempos, no era la Noche de Rábanos; era un tianguis donde se vendía de todo para la cena del 24 de diciembre. Después, a alguien se le ocurrió hacer una figura de rábano a cambio de un premio económico. Estuve presente cuando se hizo la primera figura", relata don Serafín durante la cosecha anual en los campos de cultivo del Bosque El Tequio.

 

La primera obra con la que ganó, de las 20 veces que ha sido galardonado, fue la representación de la primera misa celebrada en Oaxaca. La recreación capturó la ceremonia realizada en la orilla del río Atoyac, bajo la sombra de un árbol de huaje. En aquel entonces, el premio ascendía a 600 pesos.

A sus actuales 76 años, don Serafín ha construido un legado sólido, un camino que sus hijos y nietos continúan para mantener viva la tradición de la Noche de Rábanos. “El artista tiene que sentir y amar lo que va a hacer. Hay que poner corazón y sentimiento”.

Said y José, dos de sus nietos, comparten la misma edad que tenía don Serafín cuando se unió por primera vez a la vendimia. Con pequeñas manos, escarban la tierra, revelando las raíces de los rábanos. Algunas raíces, con hendiduras profundas, asemejan siluetas humanas; otras, con agrietamientos, se asemejan a manos.

 

Entre los surcos, Said corre emocionado. "¡Este es el rábano más pequeño de la historia!", exclama con la alegría de quien ha descubierto un tesoro. Luego, vuelve a la tarea y desentierra un rábano gigante, quizás de cuatro kilos. Tanto Said como José, están seguros de que su abuelo volverá a ser galardonado.

En este año, ellos también participarán por primera vez en la categoría infantil; Said, de 9 años, con “El Nacimiento” y José de 10 años con “La Calenda de mi barrio”. 

El Tequio permite que la tradición se mantenga 

El Bosque El Tequio es el escenario donde la tierra de Oaxaca, fecundada por décadas de dedicación y pasión, dan vida a las esculturas efímeras que caracterizan la Noche de Rábanos. El legado perdura, y las manos de nuevas generaciones continúan esculpiendo la riqueza cultural de esta tradición única en el país.

 

En esta edición de la Noche de Rábanos son 100 participantes, de los cuales 60 participan con rábanos en la categoría tradicional y libre; en la primera, las piezas tienen que ser alusivas a tradiciones, cultura o lugares emblemáticos de Oaxaca como la Guelaguetza, festividades religiosas; en la segunda, es temática abierta con expresiones más contemporáneas.

Cada hortelano recolecta varias toneladas necesarias para poder dar vida a sus creaciones. El trabajo es pesado porque hay que remover tierra y desenterrar el tubérculo. Algunos enraizados de manera profunda y por tanto más complicado de extraerlos.

 

En la labor participan familias enteras, quienes se funden en el campo como hormiguitas arando la tierra. Sus siluetas se pierden entre las hojas que coronan el rábano. Sobre ellos caen los primeros rayos del sol y los envuelve el frío del invierno. Se oyen risas y se levanta el olor a tierra removida.

“Venimos realizando estas obras desde que estamos en el vientre de mi mamá. Mis papás son artesanos de la flor inmortal y venimos realizando esta tradición desde los abuelos y ahora nos toca seguir”, expresa José Javier.  La primera pieza que hizo fue un caballo; él tenía 9 años y participó en categoría infantil.

Para Dulce Lucero es la primera vez en la cosecha; es estudiante de la Escuela Secundaria Técnica 170. Ella participará con la pieza “Mis primeros juguetes” en el que recreará el yoyo, trompo y los juguetes tradicionales que debido a la modernidad cayeron en desuso. De esta manera busca recuperar la memoria sobre estos objetos.

“Yo siento alegría porque nunca había participado en la Noche de Rábanos. Se siente bonito, es un orgullo y me siento feliz”. Al igual que otros cinco compañeros de la escuela, llevan dos semanas practicando el tallado en zanahorias bajo la instrucción de Mario Daniel Herrera, profesor de Turismo. 

“El ser partícipe de estas festividades, vivirlo no solamente por fuera, sino venir a cosechar, a tallar y esculpir, leer para poder explicar tu pieza, significa cultivarse. Yo soy de la idea de que todos deben participar y sobre todo que se debe de fomentar la convivencia familiar, la comunicación entre padres e hijos”, expresa.

Una tradición arraigada en la historia de Oaxaca

En 1897, bajo la administración del presidente municipal de la ciudad de Oaxaca, don Francisco Vasconcelos, se llevó a cabo el primer certamen de la Noche de Rábanos, una tradición que ha dejado una huella imborrable en la identidad cultural de la región.

 

La iniciativa nació con el propósito de estimular el progreso de la floricultura y horticultura, tomando como referencia los puestos del mercado de vigilia de la Navidad.

El éxito rotundo de esta primera edición aseguró la continuidad de los concursos, consolidando al Zócalo central como el escenario principal para su realización. Desde entonces, la Noche de Rábanos se ha convertido en una festividad emblemática que fusiona la tradición hortícola con el espíritu navideño de los oaxaqueños.

El ambiente festivo que se respira en la noche del 23 de diciembre integra la exposición de carácter popular con el sentir navideño de la comunidad, dando como resultado una experiencia única llena de sensaciones y emociones. 

La Noche de Rábanos ha trascendido el tiempo y se erige como un homenaje a la riqueza de la región. Cada talla, cada detalle, cuenta una historia que se entrelaza con la historia misma de Oaxaca, creando un lazo indeleble entre el pasado y el presente.

 

Las cifras

126

años de historia tiene la Noche de Rábanos

1897

año en que se realizó el primer certamen

 

"Son ya 50 años siendo parte de la historia de la Noche de Rábanos. Acompañaba a mis padres a la vendimia desde los 10 años. En esos tiempos, no era la Noche de Rábanos; era un tianguis donde se vendía de todo para la cena del 24 de diciembre. Después, a alguien se le ocurrió hacer una figura de rábano a cambio de un premio económico. Estuve presente cuando se hizo la primera figura".

Don Serafín

Artesano

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