Si Luis Alberto no trabajara en el relleno sanitario de San Lorenzo Cacaotepec, a 16.5 kilómetros de la Ciudad de Oaxaca, no creería que, a la par de que se separan, venden y confinan los desechos sólidos de 13 mil habitantes, cuenta con un área verde donde se siembran hortalizas, plantas medicinales, se crían abejas para potenciar la polinización y a un centenar de gallinas.
“La nueva autoridad dijo que para ocupar el abono que se produce en el relleno sanitario había que elaborar camitas para poder sembrar, pero yo no me imaginaba que se podía hacer esto en el relleno sanitario”, admite uno de los tres trabajadores del área verde.
Cebolla, cebollín, lechuga, cilantro, perejil, cempasúchil y otro tipo de plantas se intercalan en la siembra en un espacio de 20 por 30 metros.
Crisis desbordada
Mientras la ciudad de Oaxaca y otros 24 municipios de la zona conurbada entraron en una crisis de manejo de residuos sólidos por el cierre del tiradero en la Villa de Zaachila y la dilación para plantear soluciones, en Cacaotepec suman once años operando un modelo de relleno que debería ser la constante en los 570 municipios de Oaxaca.
La Secretaría del Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable contabiliza 30 rellenos sanitarios en todo el estado, algunos con problemas en su operatividad por falta de continuidad y el de Cacaotepec es de los pocos que no ha dejado de funcionar, a pesar de que su única celda de confinamiento está por llegar al término de su vida útil.
“Se supone que ya se rebasó el límite, porque la vida útil era de cinco años”, expone la bióloga Perla Procopio, asesora técnica de este municipio que en 2020 destinó 1.5 millones de pesos para compactar todos los desechos acumulados en la celda de confinamiento.
En el año 2011 este relleno sanitario comenzó a operar en un predio de dos hectáreas, alejado del casco urbano de la población, con una celda de confinamiento de 3 mil 175 metros cuadrados que se proyectó serviría para cinco años, el doble de tiempo que lleva funcionando.
En una entidad donde la constante es recolectar los residuos para “llevarlos a otros lados”, para el coordinador del proyecto reciclaje inclusivo en Oaxaca de Solidaridad Internacional Kanda (Sikanda AC), Edgar Sereno Cruz, “este es un modelo de gestión de residuos comunitario”.
En medio de la carencia de propuestas de gestión de residuos sólidos urbanos que ha detonado crisis ambientales por la basura, él ve que hay diversas alternativas como este modelo de relleno en Cacaotepec, donde se busca reutilizar residuos valorizables, es decir, aquellos que se pueden vender.
Seleccionar para ensanchar su vida
La música a alto volumen hace que la jornada de seleccionar desechos durante ocho horas sea más llevadera.
Cada una de las siete personas que se dedican a seleccionar los desechos tienen más cultura ambiental que los 13 mil habitantes de este municipio.
Aquí no hay asco a vaciar bolsas, cajas o costales con lo que nadie quiere y con ojos esculcones separan ropa, electrodomésticos, cartón, plástico, tetrapack y todo aquel desecho que en gran volumen se pueda comercializar.
A veces los guantes o botas no son suficientes para evitar que una aguja, un clavo o un vidrio traspase el cuerpo, como hace ocho meses le ocurrió a Marisol Mendoza Pérez, una mujer de 37 años que debió recibir tres puntadas para que cerrara la herida en su mano derecha.
“Falta cultura y educación ambiental para la clasificación y reutilización de los residuos”, dice orgullosa de hacer una labor que por comodidad e inconsciencia no se hace en casas, oficinas, negocios o espacios públicos.
“Somos, medio dejados. Se le hace difícil a la ciudadanía tirar su basura, sólo importa que se la lleven; la gente más pobre es la que recicla porque sabe que tiene un costo”, analiza.
Pedro Cándido Díaz Sánchez, encargado de la selección de residuos sabe bien que si siete personas no se encargaran de este proceso, el relleno ya hubiera rebasado por mucho su vida útil, ya que por día recibe 3.5 a 4 toneladas de desechos.
