Braulio tiene 60 años. Un accidente lo dejó ciego y perdió su trabajo como albañil. Para sobrevivir y ser autosuficiente aprendió a tocar la guitarra y armónica. Ahora son sus herramientas de trabajo como músico urbano en las calles de la capital de Oaxaca.
“Yo tuve un accidente y me quedé ciego, a raíz de eso no pude encontrar trabajo. Fui al DIF y ahí me enseñaron lo básico: el círculo de Do, pero la necesidad me sacó a las calles a cantar en los urbanos, a trabajar en los camiones, ahí fui conociendo a más compañeros que tocaban un instrumento. Yo les decía: pon mis dedos en la tonada, quiero aprenderla. Ellos me ayudaban y ponían mis dedos en las tonadas. Ahí fui aprendiendo a tocar la guitarra y a dominarla”, dice.
“Fíjese que mi trabajo era la albañilería, yo trabajaba como chalán de albañil y cuando quedo así, híjole, sentí muy feo. Se secaron mis nervios ópticos y de ahí ya no pude seguir trabajando. Pero pues aquí andamos, señorita, yo tengo muchas ganas de salir adelante, de superarme, no porque esté discapacitado esté tirado a la basura, no señorita, yo tengo deseos de superarme”.
Para Braulio cada día es una odisea que incluye discriminación, insultos, obstáculos en la calle que ponen en riesgo su vida. En una ocasión cayó en una coladera sin tapa y en más de una ocasión le han negado el acceso a los autobuses urbanos.
No todo son malas experiencias -afirmó- también ha sido reconocida por mucha gente que observa sus ganas por salir adelante pese a su discapacidad. “Mucha gente me aprecia, mucha gente dice: ¿cómo es posible? Ese camarada que no ve, lucha, sale adelante, toca su guitarra y su armónica. Esa es la gente que tiene el pensamiento en la cabeza, pero el que lo tiene en los pies, ese me discrimina”.
La Sociedad Mexicana de Oftalmología calcula que en México hay 415.800 ciegos y el Inegi estima en casi 2.7 millones las personas que tienen una “discapacidad visual imposible de solucionar usando lentes”. En Oaxaca, según el censo 2020 del Inegi hay 123 mil 518 personas ciegas y débiles visuales.
