Literal, cuando el apicultor Bernardino Blas está frente al enjambre formado debajo de un árbol cazahuate, les habla dulcemente a las abejas para tranquilizarlas: “¡Vengan chulas, hermosas!”.
Las abejas revolotean en la cabeza de Bernardino, quien se conduce con la tranquilidad que le da una larga vida; la camisa le cubre hasta las muñecas, pantalón, zapatos cerrados y una gorra le visten, no utiliza un velo de apicultor, no tiene miedo a que alguna abeja le entierre su aguijón.
La mirada de Bernardino, nítica gracias a unos lentes con graduación, se maravilla “de la industria silenciosa instalada en el campo, escondida para muchas visiones, de ojos que no lo ven”, pero le temen a los zumbidos que asocian con ataques de enjambres.
Evitar la muerte
Dos semanas atrás, los dos únicos integrantes de la Casa de las abejas, Liré Beesuú en zapoteco, de este municipio que se ubica a 32 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, recibieron la llamada de alerta de un enjambre en un campo de sembradío.
Entre sus ocupaciones diarias en el campo, Floriberto Ambosio Matías y Ángeles León Díaz se hacen tiempo por la tarde para recibir de Zimatlán de Álvarez a Bernardino, quien les inició en la apicultura a través de las escuelas de campo de ambos municipios.
“Acepté enseñar, pero se necesitaban aprendices. Se reunieron 12, pero sólo dos permanecen”, relata Bernardino al mirar a Floriberto y Ángeles.
Para los tres, remover un panal silvestre para intentar alojar a las abejas en una caja de madera para que las abejas hagan ahí su colmena, “es más altruismo que comercialización de miel”.
En el último año de trabajo de los dos apicultores de Zegache “no ha habido cosecha de miel, gastamos más de lo que ganamos, pero entre más conoces el modo de trabajar de las abejas, más te atrapan”, confiesa Ángeles.
Servicio ambiental
Con facilidad encuentran el árbol de cazahuate en el terreno de sembradío del que le dieron referencias.
El primer paso es meter pequeños pedazos de leña “lo más pura y sin residuos químicos o de petróleo” en el cilindro y un cubo metálico de dos ahumadores para abejas, con el que simulan un siniestro para “narcotizar” a las abejas que se distraerán tratando de tomar provisiones de su colmena.
Con un terreno cuatro metros arriba del nivel de la calle, otro paso es formar una especie de escalones con ayuda de una barreta que desgaja partes de tierra rojiza, para que quepan las pisadas de dos hombres.
Floriberto se coloca el velo de apicultor que le cubre el rostro y parte de los hombros, pero Bernardino elige no usarlo, tiene la seguridad de que las abejas no le picarán.
La bomba del ahumador cumple su función y Bernardino dirige la boquilla lo más cerca del panal que descubriendo al retirar la tierra que sostienen parte de las raíces del árbol cazahuate.
Sortear riesgos
Bernardino asoma la cabeza entre las raíces y mira cuatro panales a los que acerca la boquilla del ahumador, pero su habilidad, combinada con su curiosidad, le hacen remover más tierra.
Mientras Bernardino toma la barreta y una cuña para remover cuidadosamente la tierra, Floriberto llega con otro ahumador.
Juntos descubren tres panales más, en éstos hay celdas cerradas protegiendo pupas, las futuras abejas están en etapa de metamorfósis.
Un panal se desprende y Floriberto lo levanta de la tierra para mostrar larvas y la miel. Ángeles acerca una cubeta para resguardar ese panal. Claudia, una tercera aprendiz, acerca un atomizador con agua para rociar las manos que manipulan los panales.
Como apicultores, lo más sencillo es “sacar unas crías de nuestros apiarios” y evitar este tipo de rescates que, además de riesgoso, puede representar un pago para el dueño del terreno o la casa.
“La gente nos dice te lo vendo (el enjambre), porque es mío” y el peor escenario es cuando las abejas “se meten entre los tejados o lugares que hay que demoler y casi salimos raspados porque son lugares de construcción donde vamos a destruir y ahí se nos complica”, explica Bernardino.
En un bastidor con tres alambres atravesados cada panal se va sujetando para que vaya dentro de la colmena, una caja de madera que será la nueva casa de las abejas que colocan después en un apiario instalado en un terreno de sembradío de Floriberto.
Sin paga
No hay ningún pago para esta labor de rescate y a la hora de hacer cuentas, Ángeles calcula que entre gastos de gasolina, horas de trabajo, bastidores y caja para la colmena se invierten entre 2 mil y 2 mil 500 pesos.
Pero dependiendo la complejidad de la ubicación, los gastos pueden elevarse si deben colocar un andamio para alcanzar la altura del árbol,
La única razón para realizar esta labor es su conciencia ambiental, expresa convencida Ángeles:
“Las rescatamos para que no se extingan, porque sin abejas en cuatro años se acaba el mundo, las necesitamos para tener comida, dependemos de ellas para la polinización”, asegura.
Pero contrario a este rescate, lo que es más común es que por miedo a un ataque, las personas utilizan fuego o algún químico para matarlas.
Después del rescate, aclara Floriberto, viene para ellos un proceso bastante largo que implica muchos cuidados.
“Tenemos que checar que las abejas estén limpias, que en su área no haya parasitos como la polilla”, ya que tras el rescate quedan débiles.
Esa situación implica un monitoreo diario, porque si no tienen alimento, deben dárselo de manera artificial con un jarabe elaborado con azúcar, vitaminas y si es necesario una “torta proteica” o “reforzarla con bastidor de otra colmena donde las celdas de las crías ya estén cerradas y otro con alimento.
“Solamente de esa manera garantizamos de que se puedan quedar en las cajas y sea más fácil manipularlas”, pero ello no necesariamente es garantía que habrá producción de miel.
Lejos de ser un peligro, Bernardino insiste en que las abejas deben ser tratadas con mucha consideración porque son la base de la ecología:
“Para muchos, las abejas son un peligro, pero nosotros trabajamos las abejas con mucho amor y consideración y no nos pican”, si lo hacen, explica Bernardino, “es porque las atrapamos o lastimamos”.
¿Qué hacer al encontrar un enjambre deabejas?
- No molestar a las abejas.
- Reportar su ubicación al Heroico Cuerpo de Bomberos o Protección Civil.
- Mantener la calma.
- Evitar movimientos bruscos para no alterar a las abejas, no vestir con colores fuertes.
- No hacer ruidos desagradables o fuertes.
El gasto
Entre 2 mil y 2 mil 500 pesos se invierten en gasolina, horas de trabajo, bastidores y caja para la colmena.
“Las rescatamos para que no se extingan, porque sin abejas en cuatro años se acaba el mundo, las necesitamos para tener comida, dependemos de ellas para la polinización”.
Ángeles León Díaz, apicultora
“Tenemos que checar que las abejas estén limpias, que en su área no haya parasitos como la polilla”.
Floriberto Ambosio Matías, apicultor
