Don Arturo Lona Reyes se definió como un hombre de Dios, un seguidor de Jesucristo como sacerdote y un Obispo crítico, influenciado por los cambios sociales y los cambios eclesiales generados sobre todo en el Concilio Vaticano Segundo.
En su Testamento Pastoral y de Servicio Incondicional al Pobre, publicado el 14 de septiembre del 2011 en el jubileo diocesano por sus 40 años de servicio episcopal, el Padre Obispo explicó que fue producto del mundo cristiano de su familia, de la formación recibida en los seminarios donde estudió y del ser misionero que lo condujo a los indígenas del estado de Hidalgo, después a los del Istmo de Tehuantepec y del mundo.
“Fui influenciado por los cambios sociales como la revolución cubana, el movimiento juvenil de Praga, París y México 68, los golpes de estado en América Latina y la convulsión en Centro América. Y por los cambios eclesiales generados por la reunión de Río de Janeiro, el Concilio Vaticano Segundo de Medellín, la encíclica Populorum Progressio del papa Paulo Sexto, la segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Medellín, la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi del papa Paulo Sexto, la tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla y la muerte de mi amigo, el Obispo Oscar Arnulfo Romero y de la propuesta pacífica de libertad de Mahatma Gandhi”, señaló.
Lamentó que no pudo acudir a la tercera Conferencia Episcopal Latinoamericana de Puebla, a pesar de ser presidente de la Comisión de Pastoral Indígena, pero también subrayó la importancia de las conclusiones.
“Hubo fuerzas extrañas que lo impidieron, pero en las conclusiones los obispos dejamos constancia escrita en el mensaje de nuestra falta de compromiso y hasta ‘pedimos perdón también nosotros pastores, a Dios y a nuestros hermanos en la fe y en la humanidad’. Hoy a 32 años la retomo, la hago mía, ‘perdón por mi falta de compromiso y testimonio’”, agregó.
Además, destacó que en su proceso de conversión también influyó el ejemplo del papa Juan Pablo Segundo, ahora beato.
“En una de mis visitas Ad Limina al Vaticano (para informar sobre el estado de su diócesis al papa) me dijo ‘tu trabajo pastoral no es comunismo’, cuando evaluaba mi trabajo pastoral y el trabajo de todos en esta nuestra diócesis, porque siempre he buscado el trabajo en equipo”, anotó.
Aparte de esto, pidió perdón por no haber sido un pastor ejemplar y ofreció también perdón a quienes fraguaron los varios atentados en su contra.
“También quiero pedir perdón si he sido piedra de escándalo y por lo que haya causado por pequeño que sea el daño a cualquier hermano o hermana de la diócesis. Perdono a quienes se opusieron a mi trabajo evangelizador y a quienes me quisieron arrancar la vida en tantos atentados que tuve”, señaló.
De la misma manera, destacó que el indígena tiene una sana relación con la naturaleza y sobre todo con Dios.
“El indígena tiene una sana y buena relación con Dios, me atrevo a hablar como de algunos santos que tiene una presencia de Dios, constante en su vida. Es un privilegio servir e intercambiar, compartir en la diversidad de las culturas, en las que han germinado las semillas del verbo, pues la evangelización da frutos de hermandad cristiana”, apuntó.
También, recordó su estancia en los Chimalapas, después de convertirse en Obispo Emérito de la Diócesis de Tehuantepec, donde se sumó a la lucha por la defensa de su territorio y por su desarrollo.
“En San Francisco la Paz, me impresionó su aislamiento, la dificultad de comunicación, se llegaba únicamente por lancha en el río Uxpanapa, zozobramos en dos ocasiones. Logramos sacar a los invasores. Hoy tiene terracería, luz eléctrica, agua potable, hospital, telesecundaria, cooperativas de producción y servicios, templo nuevo, niños en catequesis y celebraciones litúrgicas. Si un obispo emérito del tercer mundo logró este tipo de acuerdos, que sería si los hermanos obispos de la región, de provincia o de la conferencia episcopal o del mundo, nos organizáramos para combatir prácticamente la injusticia”, asentó.
