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Difícil reanudación de labores en los comercios de Oaxaca, por contingencia sanitaria

Foto(s): Cortesía
Redacción

La pandemia por el brote y propagación de COVID-19 afectó a todos por igual. Sin importar el giro al que tal o cual negocio se dedicara, estos tuvieron que parar por el inminente riesgo que representaba, en meses anteriores, contraer la enfermedad.


Esta situación orilló a los propietarios de locales como consultorios de podología, odontología, e incluso medicina general, si bien no a cerrar, sí a ‘frenar’ cualquier actividad que fuera considerada ‘no esencial’ para enfocar todas las energías en la atención a casos de COVID-19.


En caso de que en el establecimiento no hubiera forma de contribuir al combate de la enfermedad en primera línea, tendría que cerrar por completo. Una de estas situaciones le ocurrió a Mayra, quien en su consultorio de podología vivió por completo los estragos de la crisis por coronavirus. 


“De principio no pensaba que fuera a estar tan grave, cuando de repente pasaron del municipio y nos invitaron a cerrar. Dijeron que lo mio, mi giro, era ‘no esencial’ y pues me tocó parar desde finales de marzo hasta apenas hace como dos o tres semanas”, contó.


Pese a que por su labor podría considerarse como parte del sector salud, Mayra tuvo que cerrar su consultorio y trabajar por citas al interior de su casa. Sin embargo, la sensación de estar ‘quebrantando la ley’ no le permitía trabajar tranquila.


“Estaba nada más pensando si no iba a pasar un inspector o la policía, si no me iban a decir algo. Tampoco te voy a decir que tenía aquí abarrotado, claro que no, pero pues recibía a dos o máximo tres pacientes por día. La verdad sí la pasé mal”, añadió. 


En el mismo sentido, una odontóloga que pidió ser llamada solamente Mariel, dijo que a raíz de la propagación del coronavirus en Oaxaca, lo que ocurrió en su área fue algo atípico que espera no volver a experimentar, pues si bien no hubo pérdidas cuantiosas, tuvo que recurrir al trabajo casi a escondidas.


“Yo decía ‘bueno, soy médica, doctora’, pero en mí sabía que había que darle prioridad a los casos positivos o con síntomas, por eso creí que estaba bien cerrar. Dije ‘bueno, ¿qué puede pasar?’ y mira, tratamientos interrumpidos, pacientes llamándome y preguntando qué hacen si se les cayó un bracket o si se les despostilló un diente. Todo un relajo, de verdad”, precisó.


Sobre cómo llevó la situación al no poder abrir su negocio y quedarse sin generar ingresos, aseguró que decidió tomar una decisión importante.


“Cerré en marzo, abril más o menos, y no aguanté, la verdad, en mayo empecé a decirles a mis pacientes que aunque fuera a puerta cerrada los iba a atender porque tanto ellos lo necesitaban como yo. Los gastos diarios seguían, el pago de servicios, la gasolina, todo. Y mira, ahorita que ya todo está otra vez regresando, pues ahí vamos gracias a Dios”, dijo. 


Por otra parte, un médico internista que solicitó el anonimato, reflexionó sobre la etapa de confinamiento y suspensión de actividades al interior del hospital privado en el que labora, en donde la forma de trabajar también se alteró.


“No es propiamente que paráramos o que no trabajáramos, no. El tema es que en coordinación con el equipo de médicos y el director de la clínica pues se acató la estrategia de las autoridades de dar prioridad los casos sospechosos, positivos, asintomáticos, etc. De ahí que si venía alguien con una gripa, por ejemplo, se tardara un poco en atender a esa persona. Había, hay todavía, lineamientos sanitarios a seguir y bueno, la atención era un poco tardada. En muchos lugares, algunas personas dijeron ‘no están trabajando’, ‘están tardando más de lo normal, ‘pésimo servicio’, etc., pero la realidad es que las baterías estaban enfocadas en el combate al COVID-19. Somos la primera línea y desde nuestra trinchera tratamos de aportar”, mencionó.


El regreso, con restricciones


La nueva normalidad ha traído, sobre todo en centros médicos, clínicas y hospitales, un panorama totalmente distinto al que se conocía habitualmente. El tránsito y acceso libre por las instalaciones dieron paso a los túneles sanitizantes, al gel antibacterial y al uso obligatorio de cubrebocas durante la estancia en el inmueble. 


La sala de espera se convirtió en un habitáculo en donde solo pueden estar, máximo, 3 personas, mientras que la habitual espera se convirtió en una condicionante de atención, si es que antes no hay un caso positivo de coronavirus por atender.

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