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Enfermeras de Oaxaca, en primera línea de batalla contra COVID-19

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

Cuando Claudia Isabel Castillo Rodríguez se enteró que estaría en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para atender a pacientes con COVID-19, en un hospital de la capital de Oaxaca, tuvo que vencer sus propios miedos y agarrar coraje para cumplir con su misión.


La enfermera, de 44 años, sabía que estar en la primera línea de batalla contra la enfermedad era exponer tanto la salud de sus seres queridos como la de sí misma. Sin embargo, al ver que varios de sus compañeros se retiraron por edad o por alguna enfermedad crónicodegenerativa, supo que tenía que tomar la responsabilidad y ejecutar su vocación sobre el cuidado de las personas.


"Tuve que vencer esos miedos y esos temores, porque, ante todo, elegí esta profesión de enfermería y pues me queda claro que yo tenía que estar ahí, y que tenía que hacerlo", comentó Castillo, quien labora en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca (HRAEO).



"Claro, también tomando todas las medidas y las precauciones necesarias para no contaminar a mi familia ni a mis compañeros". Desde que la pandemia de COVID-19 llegó a México, la rutina diaria de la enfermera, quien vive con uno de sus tres hijos, su esposo y sus padres -ambos mayores de 70 años y diabéticos e hipertensos-. se ha modificado.


Si bien su día sigue empezando desde antes de las 5:00 horas, cuando se levanta para alistarse para el trabajo, ahora tiene que desayunar antes de las 7:00 -su hora de entrada- y tomar la menor cantidad de líquidos posibles para aguantar la jornada completa en la UCI. Su equipaje con el que sale de casa ha pasado de ser solo un bolso con lo básico a incluir una muda de ropa extra y objetos de aseo personal.


Al llegar al hospital, que se encuentra a más de una hora de distancia de su domicilio, y tras encomendarse a Dios, según indica, la enfermera se cambia el uniforme, todo desechable: pijama quirúrgica, bata, botas, dos pares de guantes, googles, mascarilla N95 y un gorro. A partir de ahí, no hay vuelta atrás, ni para tomar agua, sostiene.


Entonces, Castillo, al igual que sus compañeros al interior de la UCI, comienzan con sus actividades, entre ellas, la toma y valoración constante de los signos vitales de cada usuario, actualización de exámenes de laboratorio, el aseo personal de los pacientes y cambios continuos de posición de los mismos, así como la valoración de los parámetros de ventilación, la administración de medicamentos y el estricto cuidado de la piel de los pacientes para evitar úlceras.


Ante ello, otro de los cambios a los que ha tenido que acostumbrarse la enfermera es a estar ocho horas bajo un equipo de protección que sofoca, detalla, y a las marcas que ha dejado en su rostro.


"Estamos trabajando en condiciones que jamás nos había tocado trabajar, porque el hecho de portar todo este equipo de protección implica también varios cambios fisiológicos. No es lo mismo que trabajes en condiciones normales al aire ambiente a que estés trabajando con limitaciones de tu propio oxígeno, porque el equipo de protección provoca eso", asevera.



Al terminar su jornada y quitarse todo el equipo desechable con el que entró a la UCI, la enfermera se baña en el hospital con la esperanza de no llevar el virus a casa, actividad que incluso repite al llegar a su hogar, una rutina que, dice, sí diferencia a sus compañeras que también son madres o que viven con familiares con factores de riesgo de las que no.


Castillo cuenta que el trabajo inició desde semanas antes de que empezara a haber brotes en el país, cuando ella y sus compañeros de área tuvieron que prepararse sobre las medidas para evitar y prevenir riesgos haciendo simulaciones continuas acerca de la puesta y retiro del equipo de protección y de cómo iban a recibir y entregar a los pacientes.


Pese a todos los miedos y riesgos que hay, el impulso de su familia, así como de su equipo de trabajo y el buen ambiente en el mismo, le han dado los ánimos de seguir con su misión día con día. "Ahí comprendes que vale la pena todo el esfuerzo y el sacrificio que se está haciendo".


 


"Tuve que vencer esos miedos, porque, ante todo, elegí esta profesión de enfermería y yo tenía que estar ahí".


"El hecho de portar todo este equipo de protección implica también varios cambios fisiológicos".


"No es lo mismo que trabajes en condiciones normales al aire ambiente a que estés trabajando con limitaciones de tu propio oxígeno".


Claudia Isabel Castillo Rodríguez


Enfermera del HRAEO



 


Uniforme desechable


Pijama quirúrgica


Bata


Botas


Dos pares de guantes


Googles


Mascarilla N95


Gorro



Atención a pacientes contagiados


Monitoreo de signos vitales


Actualización de exámenes de laboratorio


Aseo personal y cambio de posición de los pacientes


Valoración de los parámetros de ventilación


Administración de medicamentos


Cuidado de la piel de los pacientes para evitar úlceras


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