Los seres humanos construimos ideales de belleza, estatus social, eficiencia, salud, por mencionar algunos de los estándares a cumplir que el individuo se impone. Supondríamos que es el medio donde se desenvuelve quien le empuja a tales ideales, sin embargo, estaríamos adjudicándole una debilidad que lo deja a merced de su entorno y simultáneamente sin opción a lograr un cambio.
La erótica y el engaño
Supuesta debilidad sólo es un velo. Que la persona introyecte dichos ideales depende de sus fantasmas, los cuales se fijan en la tierna infancia. A la dinámica, al comercio y a la disposición que adopta el individuo ante ellos, le llamamos vida erótica.
Cuando hablamos de erotismo, sin duda nos referimos al amor sensual, a todo aquello que tiene relación con el deleite y satisfacción de los sentidos. Sin embargo, cuando nos adentramos en la vida anímica desde sus expresiones en el comportamiento humano, el resultado que arroja la investigación, sorprende. En ella no existe una pureza de lo femenino y lo masculino, de eros y tanatos, del amor y odio, del placer y displacer; más bien, estos se mezclan y desmezclan entre los que son afines y los opuestos, lo que crea un universo que obedece a una dinámica y lógica particular, esto es la vida erótica.
La razón, lente inadecuada
Si intentamos discernir tal dinámica y lógica con los instrumentos que nos facilita la razón, pronto nos encontraríamos en un callejón sin salida o realizando conclusiones apresuradas nacidas desde una situación afectiva o desde la moral. Semejante tarea requiere que el observador se desprenda de lo consabido, pues lo que descubrirá rompe muchas leyes de la lógica aristotélica, la cual contempla opuestos y no amalgamas de ellos.
El encuentro con los fantasmas
Así como la vida erótica rompe con la lógica de los opuestos, también se nos presenta como un espacio donde no se discierne un afuera de un adentro, esto se debe a dos hechos: que el individuo introyecta el mundo exterior (ideales) y proyecta su mundo interno (expectativas); además, rompe con la lógica del tiempo, vivencias que se fijan en la tierna infancia, reaparecen en la vida adulta una vez que se reúnen ciertas condiciones, es decir obedece a un tiempo lógico, no cronológico.
Es por estas tres cualidades de la vida erótica que en nuestro diario acontecer revivimos en situaciones específicas, con las personas cercanas y en acto, los fantasmas infantiles; dicho de otra manera, vivencias cargadas de montos de afecto que nos llevaron a tomar una disposición con ambos mundos.
Recuerda
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