“No puedo abandonar el barco. Yo, como los músicos del Titanic. Mi comunidad necesita despensas mientras esté en cuarentena. No soy indispensable, pero desde mi trabajo también brindo un servicio importante”. expresa Nicolás López Hernández, quien es originario de San Andrés Zautla, municipio oaxaqueño, pero desde hace más de 30 años labora como abarrotero en uno de los barrios populares de la Ciudad de México, punto del país en el que los números de contagios de COVID-19 crecen rápidamente.
Además del personal médico y de enfermería, muchas otras personas también están en la primera línea de fuego frente al COVID-19: barrenderos, policías, personal en farmacias y en tiendas de autoservicio y abarrotes.
Como la dinámica diaria de la capital del país lo demanda, todos los días Nicolás enfrenta jornadas de más de diez horas. El abasto de alimentos es una labor que no puede parar y desde esa importancia asume el compromiso llevando por delante el riesgo de enfermar.
Consciente de estar dentro de la población con el mayor rango de riesgo a su salud, el hombre de 65 años de edad toma sus precauciones y todos los días, como él lo dice, con la ayuda de Dios, se va a trabar. “Sobreviviré, estoy seguro”, afirma sin minimizar el riesgo.
De acuerdo con las estimaciones más recientes del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, en todo el país podrían haber más de 26 mil personas infectadas con COVID-19. En tanto que, de acuerdo con el recuento al 8 de abril pasado, sumaban 3 mil 181 contagios concentrados principalmente en la capital del país.
La calle en la que él se encuentra ubicado poco a poco se ha ido quedando vacía. Los comercios considerados no esenciales fueron llamados a bajar cortina y esperar a que pase la cuarentena, que quizá podría ser más larga de lo que se estima.
“Todo esto es lamentable, conmovedor; tiene que ponernos a reflexionar y actuar en la medida de nuestro trabajo en contribuir para que no colapsemos como sociedad”, expresa.
Cabe recordar que hasta ayer en la Ciudad de México sumaban 39 decesos y 855 casos confirmados. El virus ha infectado incluso hasta personal médico y nueve policías.
