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Y si Colosio no hubiera muerto...

Foto(s): Cortesía
Israel García Reyes

El 23 de marzo de 1994, el candidato a la presidencia por el PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta, viajó en avión a Tijuana, Baja California, para ofrecer un mitin en la colonia Lomas Taurinas como parte de su campaña; ahí sufriría un atentado del que no saldría vivo. Hasta ahora las razones y circunstancias son poco claras.


Reza el dicho que "el hubiera no existe", pero imaginemos que sí. ¿Qué hubiera pasado si Colosio no se presenta en ese lugar? Aquel día pudo sentirse indispuesto, retrasarse o no salir del hotel; incluso no hacer el viaje hasta el norte del país. En dicho caso, la historia de México sería distinta. 


El originario de Magdalena de Quino, Sonora, hubiera participado en la elección presidencial y, dado el carisma y expectativas generadas, pudo ganarla. Instalado en Los Pinos en lugar de Ernesto Zedillo Ponce de León, habría enfrentado la devaluación del peso mexicano durante el llamado “error de diciembre” y decidido cómo resolver la insurgencia del EZLN en Chiapas.  


Pudo cumplir una parte de las promesas en campaña echándose en contra a la clase empresarial y los intereses nacionales y extranjeros que pretendían mantenerse detrás del poder; al narco, por ejemplo. Aunque, también pudo traicionar su discurso y continuar la inercia política del partido oficial.


Por otro lado, su labor como estadista hubiera refrescado a las anquilosadas cúpulas priistas, tras décadas de inmovilidad en el gobierno, significando un repunte en las preferencias electorales. Quizás aún seguirían en el poder. Fox tampoco hubiera sido presidente. No lo sabemos. Pero las cosas ocurrieron de modo trágico y ominoso. 


El último día


Ese 23 de marzo de 1994, Colosio, según relata su fotógrafo personal, Víctor Palma, visitó Lomas Taurinas en una fecha no programada: "Era una colonia muy difícil para llegar... Se suponía que no habría tanta gente, que era un evento 'patito', pero cuando llegamos eran muchísimas personas y Colosio se bajó del carro".


El candidato, como pudo llegó hasta una camioneta donde ofreció su discurso, ya que ni siquiera dispusieron de templete. 


Al terminar, con el fondo del tema: “La Culebra” de Banda Machos, el candidato avanzó tratando de recorrer 60 metros que lo separaban de su camioneta. Eran las 17:00 horas.


En el video del mitin aparece de pronto una pistola a la derecha que dispara a la cabeza del candidato. Luego surge otro disparo. 


Entre la confusión, la multitud se dispersa y más adelante se ve a elementos de seguridad que cargan el cuerpo de Colosio, quien fue conducido al Hospital General de Tijuana. 


A las 19:00 horas, Liébano Sáenz, secretario de Información y Propaganda de la campaña presidencial, anunció la muerte de Luis Donaldo Colosio. Tenía 44 años de edad.


Teorías del magnicidio


Enrique Krauze plantea en su libro “La presidencia imperial” que una alianza del narcotráfico con el poder decidió el destino del candidato y deja entrever que al presidente en turno, Carlos Salinas de Gortari, no le convenían las ideas de Luis Donaldo ante su inminente triunfo. 


Sin embargo, Salinas resultó ser el más perjudicado con el crimen y al final de su sexenio tuvo que autoexiliarse al haber ganado el repudio de la población, lo que no parece concordar con una estrategia política. 


Nadie creía que un asesino solitario como Mario Aburto Martínez hubiera organizado el crimen sin ayuda. El problema es que nunca hubo pruebas de un complot y quienes disintieron de la versión oficial no vivieron para contarlo. Entre ellos, Guillermo González Calderoni, exinformante de agencias de seguridad de Estados Unidos, quien declaró que la ejecución fue planeada por el Cártel de Tijuana, liderado por los Arellano Félix y respaldados por el Estado mexicano.


González Calderoni fue ultimado de un disparo en Texas en 2003. Esta no fue la única muerte sospechosa. Tres miembros del equipo de seguridad de Colosio fueron asesinados antes y después del crimen. José Larrazolo Rubio, Alejandro Castañeda Andrade, agente de la PGR, y José Federico Benítez López, director de Seguridad Municipal de Tijuana, que halló el “Cuaderno de Actas” en que Aburto confesaba la planeación de su crimen.


Krauze menciona más de 15 muertes violentas relacionadas con el caso. 


Otra teoría apunta a Manuel Camacho Solís, quien buscaba la silla presidencial y que se vio relegado con la venia del presidente en favor de Colosio. Esta hipótesis tampoco se comprobó.


La versión oficial atribuye el magnicidio a Mario Aburto, quien fue juzgado por homicidio calificado, con premeditación, ventaja y alevosía, además de portación de arma de fuego sin licencia. Lo condenaron a 49 años de cárcel y desde 2012 permanece ingresado en el penal de Huimanguillo, Tabasco. Su condena terminaría en marzo de 2043 cerrando con él un episodio lleno de aristas, sospechas y omisiones sobre el magnicidio.   


La sentencia


 49 años de cárcel recibió Mario Aburto 

2043, año que podrá salir de prisión

1994, año en que fue internado en el Centro Federal de Readaptación Social número 1, entonces conocido como “La Palma” (hoy “Altiplano”, en Almoloya de Juárez, Estado de México)

2004, año en que fue trasladado al Cefereso 2 “Occidente”, en Puente Grande, Jalisco

2012, año en que fue enviado al penal federal de Huimanguillo, Tabasco, donde permanece en la actualidad

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