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Dónde están los restos de Cuauhtémoc

Foto(s): Cortesía
Israel García Reyes

Cuauhtémoc fue el noveno y último tlatoani mexica, hijo de Ahuizotl y primo de Moctezuma Xocoyotzin. Según cronistas como Francisco López de Gómara, falleció un 28 de febrero de 1525 por órdenes de Hernán Cortés después de permanecer preso durante cuatro años, tras la caída de Tenochtitlan. Tendría 29 años de edad al morir.


El conquistador, presionado por sus hombres, le exigió revelar el destino del oro de la ciudad, pero el gobernante negó que existiera tal botín. Otras versiones afirman que dijo se encontraba en una laguna, en la propia Tenochtitlan, pero cuando los soldados mandaron buzos para explorar no hallaron nada.


La tortura


López de Gómara refiere que ante las torturas a que fue sometido junto con sus cercanos, uno de ellos le pidió permiso para hablar y parar el tormento de los demás, a lo que Cuauhtémoc respondió molesto que: “si estaba él en algún deleite o baño”. Posteriormente, una novela histórica escrita por Eligio Ancona en 1870 popularizó la variante “¿Estoy yo acaso en un lecho de rosas?”.


De acuerdo a los libros de Bernal Díaz del Castillo y López de Gómara, Cortés atormentó al gobernante echándole aceite en las plantas de pies y manos y les prendió fuego, para que hablara. Después de esto quedó tullido y cojeaba.


Durante su expedición a las Hibueras, actual Honduras, el conquistador tomó como pretexto que sus hombres le dijeron que el mexica preparaba una revuelta y mandó ahorcarlo. 


Sus últimas palabras


En su libro “Conquista de Yucatán”, Diego López de Cogolludo refiere que antes de ser ahorcado Cuauhtémoc exclamó: “O capitán Malinche, ha días que yo tenía entendido y había conocido tus falsas palabras: que esta muerte me habías de dar, pues yo no me la di, cuando te entregaste en mi ciudad de Méjico ¿porque me matas sin justicia…?”.


Siguiéndole el rastro


Hasta el momento la ubicación de sus restos es un misterio. Según la V Carta de Relación de Cortés, y otras versiones, Cuauhtémoc fue ejecutado en la zona de Itzamkánac, Campeche, pero hasta ahora no se ha dado con su ubicación. 


En 1949 la arqueóloga Eulalia Guzmán anunció que había descubierto la ubicación de los restos debajo del piso de la iglesia del pueblo de Ixcateopan de Cuauhtémoc, Guerrero, pero empleó datos y metodología arqueológica incorrectos.


Basaba el hallazgo en documentos del siglo XVI resguardados en ese pueblo por la familia Juárez que supuestamente probaban el traslado de los restos desde el sur de México hasta Ixcateopan. En 1950 se dictaminó que no había evidencia científica para determinar que esos restos pertenecían a Cuauhtémoc.


En 1976 se abrió nueva investigación a través de una comisión multidisciplinaria de antropología física, social, entnohistoria y arqueología en la cual investigadores determinaron que todas las pruebas fueron manipuladas y los documentos eran falsos. Los restos prehispánicos en Ixcateopan no tenían relación con México-Tenochtitlan ni con Cuauhtémoc, incluso pertenecían a ocho distintas personas, incluida una mujer.


A su vez, Ernesto Vargas Pacheco, investigador del Instituto de Investigaciones Arqueológicas (IIA) de la UNAM, refiere que el tlatoani fue asesinado en las márgenes del río La Candelaria, en la provincia de Acalán, Campeche, donde hay cerca de 170 zonas arqueológicas inexploradas.


Vargas Pacheco indica que según algunas fuentes pudo ser colgado de una ceiba o decapitado, inclinándose más por la primera versión. Sin embargo, el destino de los restos sigue siendo un misterio. La razón es que los cadáveres de los gobernantes prehispánicos eran incinerados, lo que hace más difícil la identificación.


El investigador no descarta que los restos pudieran estar enterrados en esa zona, también llamada El Tigre. 


Las fuentes históricas


El investigador afirma que cuenta con al menos ocho fuentes históricas que establecen este lugar donde  pereció el guerrero, entre ellas la V Carta de Relación de Hernán Cortés donde refiere al emperador español Carlos V su trayecto a Acalán y la muerte de Cuauhtémoc. 


También se mencionan los documentos de Pablo Paxbolon Maldonado, descendiente del último gobernante de El Tigre de Itzamkanac, que señala que su abuelo recibió a Cortés, además que fue él quien lo alertó de la supuesta rebelión que organizaba el gobernante desde su cautiverio. Después de esto, Cortés lo ejecutó junto con sus primos”. Documentos como los códices Vaticano e Ixtlilxóchitl, refuerzan la versión.


Otras versiones ubican los restos de Cuauhtémoc en Guerrero, cerca del Tenosique, Tabasco, y en Chiapas, pero ninguna cuenta con sustento científico.
“Según las fuentes históricas, el lugar exacto sigue en duda”, explica Ernesto Vargas Pacheco.


Esto abre la puerta para nuevas investigaciones tanto de los restos del tlatoani, que podrían hallarse en algún lugar de Campeche, y de otros misterios como el destino del oro que supuestamente perdieron los soldados de Cortés durante su huida de Tenochtitlan en 1520 durante la llamada “Noche triste”. 

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