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El Asesino de Costa a Costa

Foto(s): Cortesía
Redacción

Tras dar una entrevista concedida al periódico Kansas City Star en 2001, Terry Harris, con una expresión de abatimiento producto de los sucesos que su familia había vivido dos años antes en la ciudad Del Río, Texas, explicaba: “A Sells le tomó sólo diez minutos devastar a nuestra familia. Le robó a nuestra hija cualquier logro que pudiera alcanzar, todos sus cumpleaños, todas sus fiestas. Durante un año todo fue como un alud destruyendo la comunidad donde vivíamos. Sells robó nuestra forma de vivir. Podríamos ir a la bancarrota. Aún no me permiten trabajar. Todavía tengo mucho coraje. Los medicamentos contra la depresión son bastante caros. No me siento como un hombre. Olviden si tengo ganas de sexo. No hay manera de que alguien esté preparado para una cosa así”.


¿A qué persona se refería el señor Harris, que tanto dolor había causado a su familia?


A las 4 de la mañana del 31 de diciembre de 1999, un hombre de barba merodeaba el hogar de Terry, Crystal Harris y sus hijos, en Bahía Guajia, al oeste de Del Río. El individuo buscaba cómo entrar sin hacer ruido, por lo que inmovilizó al perro Rottweiler que estaba suelto en el patio.


Finalmente, el hombre encontró una ventana abierta y entró. La habitación pertenecía a Justin Harris, de 14 años, que, por ser ciego, no supo quién estaba a su lado. El intruso ignoró al muchacho y, guiándose con la luz de su encendedor, abrió cada uno de los cuartos de la casa, hasta que llegó a su objetivo: Kaylene “Katy” Harris, de 13 años, quien dormía sin saber que a su lado estaba un predador sexual, que la había elegido para sus propósitos durante una misa en la iglesia local.


Resentimiento


Tommy Lynn Sells nació el 28 de junio de 1964 en Oakland. A los dos años fue enviado a vivir con una de sus tías. Sin una educación tradicional, Tommy se hizo amigo de un adulto de la comunidad, quien era señalado como un connotado pedófilo. El niño dormía regularmente en casa del agresor sexual y, más adelante, quedó en claro que el hombre violó sistemáticamente al menor durante varios años.


Tiempo después, durante los interrogatorios policiacos, Sells declaró que su primera borrachera la tuvo a los siete años en compañía de su abuelo. A los 12 aún dormía desnudo junto a su abuela y que a los 13 fue objeto de estudios psiquiátricos, debido a que había intentado violar a su madre. A los 14, Tommy Lynn Sells dejó el hogar donde había crecido. Viajó de un lugar a otro mediante aventones, en trenes de carga, en carros que robaba. Cuando trabajaba, lo hacía de peluquero, mecánico, granjero, de lo que pudiera. Su resentimiento fue en aumento y a los 20 años cometió su primer asesinato durante un pleito de barrio.


Katy no estaba sola


Tommy Lynn Sells se recostó al lado de Katy Harris, quien despertó y preguntó al intruso qué estaba haciendo ahí. El hombre le tapó la boca con una de sus manos, mientras que, con la otra, le mostraba una navaja. Con el filo de su arma desnudó a la adolescente. Cuando estaba a punto de violarla, Katy gritó: “!Rápido, ve por mamá!” Sells entonces se dio cuenta que Katy no estaba sola en su habitación. Una amiga de la escuela la acompañaba, Krystal Surles, que quiso correr, pero fue detenida por el criminal, el cual, antes de levantarse para ir por ella, hirió a Katy en la garganta. Sells cerró la puerta de la habitación y regresó con Katy, a quien le cercenó la garganta en un par de ocasiones. Krystal estaba aterrorizada al ver cómo el cuerpo de su amiga se convulsionaba. Sells llegó hasta ella y también le hizo un tajo en la garganta. El delincuente al parecer pensó que había matado a las dos chicas, aunque Krystal, en cuanto vio que el individuo se había marchado, y pensando que todos en la casa estaban muertos, salió sangrando en busca de ayuda.


Los médicos salvaron la vida de Krystal, quien, al día siguiente, con pluma y papel en la mano, debido a que no podía hablar, hizo un retrato hablado del asesino.


Detención 


Dos días después del asesinato de la adolescente, Tommy Lynn Sells fue detenido en el tráiler donde vía con su esposa y cuatro hijos. No preguntó cuáles eran los motivos de su aprehensión. Al llegar a la comandancia le dijo a uno de los agentes: “Creo que tenemos mucho de qué hablar”.


Y era mucho, efectivamente. A lo largo de 20 años, Tommy Lynn Sells asesinó a hombres, mujeres y niños. Los adolescentes eran sus platillos favoritos. En su afición por matar viajó por muchos lugares, por lo que los medios lo denominaron “El asesino de Costa a Costa”. Su lema era no dejar a nadie vivo para que después lo delataran. Y lo cumplía: en un episodio mató a toda una familia, incluyendo a dos niños que aún no alcanzaban los cuatro años. En otra ocasión golpeó con un bate de béisbol a una joven embarazada quien, a causa de la agresión, tuvo a su hijo con dos meses de antelación. Sells machacó con su bate al recién nacido.


Los muertos no cuentan historias


En dos décadas de carrera homicida, hasta ahora se calcula que Sells asesinó entre 70 y 80 personas, o más. Cuando la prensa le preguntó que si su lema era que “los muertos no cuentan historias”, por qué había sido detenido, Sells respondió: “Porque dejé a una víctima viva”, refiriéndose a Krystal Surles, quien, pese a su corta edad, testificó valientemente contra su agresor.


Ejecución


El 3 de abril de 2014, Sells fue ejecutado por el homicidio de Kaylene Harris, de 13 años, en Del Río, Texas. La ejecución tomó lugar en la Penitenciaría Estatal de Texas en Huntsville. Cuando se le preguntó si quería decir unas últimas palabras, Sells respondió "no".


Mientras que el letal veneno le era administrado, Sells tomo unas profundas respiraciones, cerró sus ojos y comenzó a roncar, en menos de un minuto, dejó de moverse. 

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