Desde su exilio en la península ibérica, Juan Sosa Maldonado, encarcelado en la década de los 90 por supuestamente pertenecer al EPR, solicitó a la embajadora de México ante el Reino de España y el Principado de Andorra, Roberta Lajous Vargas, su ayuda debido a la precaria situación que enfrenta con su familia.
En una carta, el expreso –identificado por el Estado mexicano como Comandante Fausto–, expuso que personas desconocidas intentaron asesinarlo, junto con su familia, el 16 de octubre del 2013, en esta ciudad, después de recibir amenazas de muerte.
“Logramos escapar echando mano de pericia y sangre fría, pero ante la complicidad de las autoridades estatales y la falibilidad del mecanismo nacional de protección a defensoras, defensores y periodistas, tuvimos que abandonar el país e ir al exilio, aunque todo este tiempo de destierro ha sido el sufrimiento de mi familia”, asentó.
Subrayó que la condición de refugiados políticos en España no garantiza a su familia escapar del odio y la exclusión promovida por los partidos y militantes de derecha.
“Se puede apreciar claramente que somos extranjeros con solo mirarnos a la cara, pero eso no es lo más terrible, lo más terrible es nuestro estado de indefensión ante la falta de políticas de pleno respeto a los derechos humanos en este país y en otros tantos de la Unión Europea”, anotó.
Además, el connacional destacó que en los cinco años de su estancia en España, forman parte de la lista de millones sin empleo y sin acceso a una vida digna.
“No hemos conocido lo que es tener calefacción en casa en el crudo invierno, tampoco hemos podido asegurar una alimentación completa y variada o contar con los medios necesarios para una buena educación de nuestros hijos”, señaló apesadumbrado.
De esta manera, Juan Sosa Maldonado pidió a la embajadora tomar providencias de manera inmediata para resolver la crítica situación que vive con su familia en España.
“En este panorama desolador e incierto, veo a mis hijos temblar de frío o ingeniárselas para comer, con mi esposa enferma por el estrés por la larga noche de persecución y desamparo, extrañando a nuestros seres queridos, compañeros y amigos que se han quedado allá, pero sobre todo, extrañando nuestro cálido hogar al que sabemos no podemos volver”, finalizó.
