La noche fatídica del 12 de junio de 1994 cambió su vida; semanas después en el teléfono, hablando con la policía, estaba él, O. J. Simpson, a punto de cometer suicidio, lo acababan de detener por la muerte de su ex esposa, Nicole Brown y un amigo de ésta, Ronald Goldman. O. J., estaba en fuga y nadie podría decir que había pasado. Todo pintaba diferente, la historia no era la misma que hacía 20 años.
Orenthal James O. J. Simpson nació en San Francisco el 9 de julio de 1947, es el hijo de Eunice Durden, una administradora de hospital, y Jimmy Lee Simpson, chef y guardia bancario.
La mejor estrella de la NFL
El futbol americano vino desde sus primeros años, fue la escuela Galileo High School, cuando O. J. comenzó a jugar para el equipo de la escuela, eran los Galileo Lions. De 1965 a 1966 fue alumno del City Collage of San Francisco, y sus lados fuertes eran la ofensiva y la defensiva, ya el la categoría junior fue nominado al College All American, como corredor, según lo recopila la NFL
Gracias a esos primeros pasos, Simpson ganó una beca deportiva con los Southern California Trojans, donde jugó como running back entre 1967 y 1968, en 1967 acumuló 1451 yardas y anotó 11 touchdowns.
Con solo 20 años, fue el jugador estelar en el partido entre los equipos colegiales de USC y UCLA, ya que un acarreo suyo logró una anotación de 64 yardas en el 4o cuarto, empató el Trofeo Heisman pero no lo ganó, otro de sus dramáticos touchdowns sirvió de inspiración para una pintura de Arnol Friberg, O. J. Simpson Breaks for Daylight.
Participó también en el cuarteto de relevos de los 4 x 100 metros que rompió el récord mundial de los Campeonatos Masculinos de Pista y Campo de la NCAA en Provo, Utah en el 67.
Su carrera colegial tenía solo éxitos y cuando llegó a la NFL la vida le sonrió ampliamente, incluso los equipos se peleaban por él, tras su éxito en el Tazón de las Rosas de 1969, un dato curioso es que las Águilas de Philadelphia y los Pitsburgh Steelers se enfrentaron en el llamado “Tazón OJ” porque se creía que el equipo que perdiera podría conseguir a Simpson en el draft de 1969, los Eagles ganaron el partido, pero ninguno de los dos se quedó con él.
Sus mejores años llegaron en los 70, cuando consiguió ser nombrado el segundo mejor corredor de los tiempos, el Jugador Más Valioso de la NFL en 1973 y jugó en seis Pro Bowls, gracias a ello, el atleta llegó al Salón de la Fama en 1985, así lo menciona la BBC.
O. J. era conocido por sus desmanes, tenía una personalidad fuerte y arrolladora, se cuidaba mucho y tenía buena apariencia, le gustaban las fiestas, las mujeres y el poder que le daba ser una estrella.
Apodado “The Juice” (El Jugo), si bien pasó la mayor parte de su carrera de 11 años con los Bills.
El “asesino” de Nicole Brown
Su vida cambió radicalmente aquel 12 de junio de 1994, cuando se le relacionó con el asesinato de su ex esposa. O.J. Simpson degolló a su exesposa Nicole Brown y apuñaló más de 20 veces a Ronald J. Goldman.
La escena del asesinato era aterradora: un camino de sangre conducía al cuerpo de Nicole, que estaba tendido en el suelo, boca abajo. Llevaba un vestido negro corto, y de sus rasgos lo único que se alcanzaba a distinguir era su pelo rubio. Un médico forense señaló en un reporte que la agresión fue tan brutal, que Nicole casi fue decapitada. El cuerpo de Ronald estaba unos pasos adelante, prácticamente descuartizado, en un baño de sangre.
Cerca de ese macabro charco rojo, a la entrada de la casa de Nicole, de 34 años, se encontraba la identidad del asesino. Se trataba de una huella perfectamente dibujada en sangre por la suela de un exclusivo zapato de la prestigiosa marca italiana Bruno Magli. El dueño del zapato era el asesino.
La huella tenía talla 12 americana —la talla de O.J. Simpson—, y solo se vendieron 299 pares de ese calzado específico y de ese tamaño en todo Estados Unidos. A pesar de que había varias pruebas irrefutables de su culpabilidad, O.J. logró evadir la cárcel por estos homicidios.
El "juicio del siglo"
El juicio televisado de 134 días por el asesinato de Nicole Brown y Ronald Goldman es todavía hoy el juicio del siglo en Estados Unidos y un show mediático inolvidable.
La Policía encontró además su guante izquierdo de cuero para jugar golf empapado de sangre, además de la huella de zapato de su talla en la escena del crimen. En la casa del futbolista también fueron hallados el guante de golf compañero de la mano derecha, igualmente bañado en sangre, y unas medias con la sangre de Nicole.
Toda esa evidencia, sumada a los antecedentes de maltratos físicos propiciados por el jugador a su expareja, parecía suficiente para condenarlo a una vida en prisión, o incluso a la pena de muerte.
Una de las escenas icónicas del juicio fue ver al atleta forcejeando para que el guante le entrara en las manos, que tenía hinchadas porque le habían suspendido un antiinflamatorio. “Si el guante no le queda bien, ustedes tienen que absolverlo”, le decía la defensa al jurado.
Pero no fue así. A pesar de la contundencia de las pruebas, el deportista fue hallado inocente.
Terminaría tras las rejas por otros delitos
Pero la mala suerte no paró ahí, Simpson fue condenado a cárcel después por robo a mano armada y secuestro en Las Vegas en 2008.
Pasó nueve años encarcelado y en 2017 salió de prisión en libertad condicional. Nadie quiere relacionarse con él. A pesar de los esfuerzos que hace su equipo por conseguirle entrevistas, los medios le niegan la oportunidad. Un duro golpe para el hombre que tuvo al mundo en sus manos...
