Pasamos del llanto a la desolación, del miedo a la desesperación y de la esperanza a la frustración.
Poco más de un año ha pasado desde aquel día en que la tierra tembló. Aquella violenta sacudida del 7 de septiembre de 2017 horadó el ánimo de una sociedad que no ha sabido salir del marasmo en que la tragedia la sumió.
A unos, el terremoto les quitó todo, pero a otros, fue la burocracia y la corrupción las que terminaron por arrebatarles lo poquísimo que les quedaba.
La devastación de comunidades completas exhibió el oportunismo de los políticos, la corrupción de los gobernantes y la bajeza de los taimados que aprovecharon la desesperación de los damnificados.
Juchitán, 28 de agosto de 2018.- Hay símbolos, personajes y héroes que alentaron a creer en la esperanza. FOTO: Emilio Morales
Pero también vimos la mejor cara de Oaxaca y sus oaxaqueños, del apoyo mutuo, del trabajo en equipo, de miles de voluntario que ayudaron a sostener las ruinas en las ciudades y pueblos del Istmo.
Aun cuando todavía hoy la gente camina entre escombros, esa tragedia de septiembre mostró las mil caras de una sociedad que, aunque debilitada, viviendo en las calles, sin trabajo, con engaños, con promesas, se ha mantenido en pie con las pocas fuerzas que que nadie les ha podido quitar.
Santiago Astata, 25 de septiembre de 2017.- Ninguna puerta pudo esconder la devastación. FOTO: Mario Jiménez
