Abastecidos con herramientas fabricadas con madera y piedra, cerca de 500 indígenas lograron alterar el cauce del río Atoyac, que originalmente pasaba por las calles del centro de la ciudad y cuya grandeza bañaba a Oaxaca.
La corriente del afluente, que pasaba junto a la primera catedral de Oaxaca, hoy San Juan de Dios, tuvo su primera modificación en el año de 1561.
Información publicada en la revista Acervos, edición de 1998, en su especial “Antequera y el Río Atoyac”, señala que los planes del virrey Antonio de Mendoza por ampliar la ciudad, hizo que los indígenas movieran las aguas del Atoyac, a una distancia de 500 metros (30 brazas) al sur de la ciudad.
Bajo el argumento que el agua se desbordaba en la temporada de lluvias y ponía en riesgo la nuevas colonias de la ciudad, la autoridad local asumió todos los costos, incluida la alimentación de los trabajadores a cargo de la obra.
Aún cuando el éxito caracterizó la primera intervención, pues el río jamás reclamó su cauce, el crecimiento poblacional obligó a una segunda modificación.
En los textos históricos sobre el desarrollo de Oaxaca se menciona que la segunda intervención se registró en el año de 1714.
Esta segunda obra llevó los márgenes del río hasta su ubicación actual.
Diversas fuentes bibliográficas, apuntan que las aguas del afluente recorrían las actuales calles de 20 de Noviembre y Trujano, versión que también sostiene el párroco de la iglesia de San Juan de Dios, Fernando Cruz.
Además en su original cauce fueron diseñadas otras vialidades como Aldama, Las Casas, Miguel Cabrera y Nuño del Mercado.
A pesar de las alteraciones en el cauce que ahora pasaba sobre nuevas piedras y tierra, la flora y fauna se mantuvieron estables y jamás lograron evitar las inundaciones.
En otra de sus publicaciones de 2008, la revista Acervos da testimonio de que el afluente del río provocó grandes inundaciones durante la Época Prehispánica, pues en los intentos por descubrir la ubicación del Huaxyacac Prehispánico, los arqueólogos encontraron vestigios, mismos que fueron arrastrados por la corriente del río hasta la Alameda de León.
Toda su grandeza quedó atrás y pese a que en los últimos años se han registrado cientos de intentos por sanear el agua que aún corre en su cauce, se va diluyendo poco a poco a pesar del más reciente dictamen, ordenado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre su rescate.
El máximo tribunal instruye a las autoridades estatales, a realizar todos tipo de acciones para tratar de revertir el alto grado de contaminación que presenta el afluente.
Sin embargo, 4 de las 13 autoridades municipales señaladas, buscan impugnar el fallo para evadir la responsabilidad de implementar acciones para sanear, restaurar y conservar.
Entre las autoridades inconformes se encuentran el actual ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, el de Santa Cruz Xoxocotlán, autoridades estatales y titulares de la Comisión Nacional del Agua.
