Pasar al contenido principal

Huérfanos de madre: infancia dolorosa

Foto(s): Cortesía
Redacción

La ausencia de una madre, sinónimo de amor y compañía, muchas veces deja en los hijos secuelas capaces de destruir sus vidas, destinándolos a la tristeza y a la desdicha.


"Siento que parte de mis errores han sido porque no tuve quien me enseñara a darme a respetar y valorar; me da vergüenza, pero no estoy segura de nada de lo que hago", confiesa Karen, con voz casi imperceptible; sus ojos están rojos por las lágrimas que ya han brotado minutos atrás.


Con apenas 20 años, Karen siente su vida convertida en un infierno. Vive a cuestas.


"Yo sé que ya no debo seguir con él, pero no sé por qué siempre vuelvo; cuando me llama, no puedo ignorar sus llamadas; yo sé que ya no debo estar con él, pero a veces siento que podemos volver a querernos como antes". No está casada, pero se siente presa de un hombre que la maltrata y la humilla.


Escuchar y no juzgar


Karen no se atreve a atribuir su inseguridad a la ausencia de su madre, pero es la primera respuesta que emerge cuando se le cuestiona el por qué de su inseguridad.


"Mi papá siempre estuvo conmigo y trató de suplir la figura de una mamá; siempre trató de estar cerca de mí y darme confianza, pero siento que siempre falta la parte de una madre; yo necesité y sigo necesitando de ella, pienso que sería la único que me pudiera hacer feliz, ellas te escuchan y no te juzgan", asegura la joven de ojos aceitunados y piel morena.


Karen perdió a su madre cuando aún era una niña.


"Tenía 5 años. A mi mamá la atropellaron a dos cuadras de mi casa, yo me acuerdo que lloré mucho, yo la vi ahí tirada y sentí mucho miedo", rememora.


Para Karen es triste aceptar que sus piernas se doblan con cada paso que da. "No soy fuerte", admite.


La ausencia de una madre que le escuchara y le enseñara, penetran hasta lo más íntimo de su vida.


"Me siento impura, a veces sucia, cuando disfruto hacer eso que para otras es muy normal", confiesa con temor a que alguien pudiera escucharla; habla del sexo.


El padre bondadoso que la vida le dio, no ha podido lograr que su hija alcance la seguridad, amor y protección que las fotos de su madre le otorgan al contemplarlas.


"Cuando vas creciendo, convirtiendo en adolescente, siempre necesitas la figura de la madre, es clave y no es cliché solamente. Desde los cambios físicos que se viven hasta cuando te enamoras, lo que debes permitir y no y cómo alejarte cuando te hacen daño; se escucha muy fácil pero no lo es", asegura.


Además, sus sueños de ser bailarina están estancados. Estudia idiomas.


"No es que no me guste, pero no es lo que quiero para mi vida. Me gustaría bailar profesionalmente, pero no me gusta mi cuerpo; mi papá me ha metido a cursos, pero termino saliendo porque me siento menos que las demás", lamenta. Su mano derecha acaricia sucesivamente su boca, como queriendo callar.


Cariño y amor desconocido


El mismo movimiento hace Anastasio, quien con 25 años de edad se confiesa violento e impulsivo. Él creció sin su madre, ella les abandonó a sus hermanos y a él cuando Anastasio tenía apenas 3 años.


"Se fue con otro hombre, nos dejó con mi jefe y él se volvió alcohólico", dice con rostro inexpresivo.


Anastasio tiene dos hijos, de 3 y 2 años, ambos con diferentes madres.


"No puedo permanecer mucho tiempo con una misma mujer, me cuesta; la verdad es que soy muy violento, me acelero luego luego", confiesa. Anastasio observa con dureza, su mirada es penetrante y a la vez lejana.


Él, desde los 7 años comenzó a trabajar.


"Andaba en todos lados con el diablito, mi papá es albañil, es muy rudo y no nos dejaba estar sin hacer nada o estar jugando futbol o viendo tele", expresa.


El amor de una madre, el cobijo y la protección, es algo que nunca conoció.


"No tengo idea cómo hubiera sido mi vida si mi jefa no se hubiera ido, pero fue lo que ella quiso; le tenía coraje y hasta odio, mi papá no la bajaba de cualquiera; pero ahora sé que, a pesar de todo, tengo que respetar", dice.


Un beso por las noches, una bebida caliente en las noches lluviosas o un abrazo de felicitación, nunca llegó a la vida de Anastasio.


"No, mi papá es bien seco y no hacía nada de eso. Lo que le agradezco es que nos hizo aguantadores, lo que lamento es que nos volvimos machos", asegura. Las dos mujeres que se alejaron de él, fueron víctimas de violencia.


Una infancia dolorosa


"Querían que fuera todo atento y cursi con ellas y es bien difícil cuando no conoces esas cosas, y pensaban que no las quería; aparte, con cualquier queja que me hacían, no tenía yo tolerancia, explotaba y sigo explotando a la de ya", confiesa el joven, quien junto con su hermana, la única y la más pequeña, ha aceptado recibir atención psicológica.


"Pesa un buen no conocer el calor de una mamá; a Ceci (su hermana), el vato con el que andaba la agarró a golpes y yo me aloqué; platicando con mi tía, vimos que los dos necesitamos ayuda", expresa.


Anastasio teme indagar en su infancia y adolescencia. Siente dolor, siente pena.


"Uno siempre quiere tener una mamá, yo no sé por qué nos dejó, y a pesar de que aborrezco eso, yo también estoy lejos de mis hijos", lamenta.


Una madre, sostiene, es un pilar de unión y fortaleza. Es pilar que él no conoció cuando más lo necesitó.


"Ahorita ya no tiene chiste que se aparezca, nos ha buscado, pero salimos como pudimos. A mí me hace sentir extraño recibir un cariño o gesto de que te quieren, pero qué hacer, es lo que hay y toca esperar", culmina.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.