"Nunca me di cuenta; no sé ni el día, ni la fecha, ni el año; yo me esclavicé en el trabajo", recuerda Ana. La mujer está resignada, sabe que con sus manos ya nada puede hacer para sacar a su hijo del infierno de las drogas y el alcohol.
"Tengo un hijo adicto", lamenta. Por Rodrigo, ella ya dio todo lo que podía dar.
Ana: la vida de su hijo, a merced de Dios. FOTO: Javier Jarquín Jacinto
"Yo entrego mi hijo a Dios porque no hay ser humano que lo pueda salvar. Es lo único que he hecho, entregarlo a Dios. Yo ya traté de ayudarlo, anexarlo, dar todo lo que yo podía, en lo económico; ahora ya no, ya todo se agotó, sus hijos están creciendo y necesitan de mi ayuda también", explica.
Y es que su hijo tiene 15 años en las adicciones.
"Ya no puedo más"
Desde niño, regaños y golpes era lo que recibía de su madre, cuando le veía en mal estado.
"Era la ayuda que según yo, le daba; la mayoría de las mamás somos neuróticas, entonces gritar es lo primero que hacemos. Pero hoy entiendo que una debe hablar con ellos. 'Cállate' y 'te vienes luego', eran los gritos que yo le daba. No hay ese entendimiento", explica, después de más de una década de batallar con la adicción de su hijo.
Ana, con su rostro triste y hablar pausado, recuerda cuando Rodrigo comenzó a llegar drogado a su hogar.
Un hijo adicto, un infierno en vida. FOTO: Javier Jarquín Jacinto
Llegaba mal, con los ojos rojos, con mucho sueño. Se dormía donde quiera que estaba, se ponía agresivo, todo lo que uno le decía le molestaba y comenzaba a contestar
En una ocasión, detalla, preso de las drogas y con intención de golpear a su esposa, Rodrigo rompió con sus manos las ventanas del cuarto en donde su madre había escondido a la mujer.
Se cortó bien feo, fue bastante impresionante, desesperante. Yo decía: 'No, pues ya no puedo más'. A mí se me acababa la vida, fue horrible ver en ese momento tanta sangre
Si hay algo que Ana se lamenta, es no haber dedicado el suficiente tiempo a su hijo en la etapa más difícil y riesgosa: la adolescencia.
Mi ansiedad era trabajar. Yo no pasaba tiempo con mi hijo, lo descuidé; nunca tuve tiempo de acompañarlo, conocer a sus amigos. Le di más importancia al dinero, pensé que dándole todo, ropa, calzado, él iba a estar contento, feliz... bien
El calvario de tener un hijo adicto, sostiene Ana, no sana nunca.
"Esto no tiene fin. Esto es de toda la vida."
¿En dónde está en este momento Rodrigo? Su madre no lo sabe.
"Tiene una semana que llegó bien a la casa, normal, con sus cinco sentidos y ahorita ya se desapareció".
Testimonios, lágrimas y palabras de apoyo. FOTO: Javier Jarquín Jacinto
"No era enfermedad, era tristeza"
Magdalena también lleva en el pecho el dolor de saber que sus hijos cayeron en las adicciones, pero tiene el consuelo de que actualmente ellos se están tratando.
Soy mamá de hijos alcoholicos y drogadictos. Uno tiene 32, empezó a los 22 y el otro tiene 21, empezó a los 16 años
La mujer, delgada y de andar cabizbajo, platica la pena que sintió cuando le hizo frente a la realidad, al alcohol y a la cocaína.
"Yo quería aparentar que mi matrimonio era feliz, que mis hijos estaban bien. Guardaba todo eso y eso llevó a que mis hijos se siguieran haciendo más daño. Es que yo sentí una tristeza muy dentro de mí, porque yo siempre busqué ser una mamá trabajadora; solo veía que ellos estuvieran y vivieran bien", lamenta.
Describe que llegó a sentir resentimiento hacia ellos y hacia el padre, pues el mayor infierno lo estaba atravesando ella en soledad.
"Me llené mucho de tristeza, empecé a enfermar y pensé que era enfermedad de ir al doctor y que te sanara y no, era tristeza", dice.
CoDa
El grupo de fraternidad "Codependientes Anónimos" es un espacio para que las mujeres con hijos, esposos o padres adictos se escuchen y se apoyen entre sí. Allí acuden todos los días, hablan, se abrazan y se aconsejan.
Comparten testimonios y el dolor que cada una de ellas lleva guardado en el alma, dolor que a pesar de los años, está allí, dentro y oculto.
Centro CoDa, ubicado en Nuño del Mercado 402, centro, Oaxaca de Juárez. FOTO: Javier Jarquín Jacinto
"Mi hija es buena"
Alicia es una mujer seria y de rostro duro. Su hija fue adicta, fue víctima de violencia y prostitución.
Mi hija se casó muy joven y se fue a vivir a México con su esposo. Pero allí la metieron a la cárcel tres años. Él la dejó sola
Dios, la fuerza, el sostén. FOTO: Javier Jarquín Jacinto
Alicia omite hablar sobre la causa que llevó a su hija a estar en prisión. "La acusaron de un delito... que ya ni me acuerdo", expone.
Y es que su pequeña se casó apenas a los 14 años, para un año más tarde ser víctima de la prostitución.
Ya tenía dos hijos cuando yo me enteré que él la prostituía, que la trataba mal
Fue a los 18 años cuando ella pisó la cárcel. "Allí se volvió adicta", lamenta.
Alicia está tranquila. Hace tres años, su hija volvió y se trató. Actualmente es líder de un grupo de fraternidad, y lleva el mensaje de las adicciones a más jóvenes.
Mi hija es buena. Los padres tienen la culpa, porque uno no le pone atención a los hijos
