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Arzobispo que llegó de la Costa de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

Monseñor Pedro Vázquez Villalobos, ex obispo de la Diócesis de Puerto Escondido, un sacerdote alejado del clericalismo y el conservadurismo en la Iglesia Católica, se convierte a partir de hoy en el octavo arzobispo de Antequera-Oaxaca.


Aunque no se ha declarado abiertamente progresista, su arribo ha llenado de esperanza a muchos feligreses por ese perfil diferente, por su cercanía con la gente, por el amor profesado a los pobres, por el llamado a la unidad a todos los sacerdotes y por la posibilidad de recuperar una pastoral comprometida con el pueblo, que se extravió durante la gestión de su antecesor José Luis Chávez Botello, quien presentó su renuncia hace dos años al cumplir 75 años, conforme al código de derecho canónico.


Según sus críticos, Chávez Botello desmanteló la pastoral profética vinculada a causas sociales desde la fe, especialmente la pastoral indígena –que desarrolló el quinto arzobispo Bartolomé Carrasco Briseño y respetó su sucesor, Héctor González Martínez–, formó un laicado involucionista servidor del clérigo, creó una estructura de poder escalafonaria al interior, impuso una moral católica tradicional mediante una teología de tipo medieval de verdades absolutas y modificó la formación de los futuros sacerdotes en el Seminario Pontificio de la Santa Cruz, con un modelo conservador que rechaza el compromiso social, la inculturación del evangelio y la espiritualidad indígena.


Sin embargo, la recuperación del prestigio en la Iglesia Católica se convertirá sin duda en el principal desafío del nuevo arzobispo, ante el natural desgaste de su antecesor Chávez Botello y los escándalos de pederastia, por su supuesto encubrimiento a los sacerdotes acusados, Gerardo Silvestre Hernández y Carlos Franco Pérez Méndez, éste último, vicario episcopal de pastoral de la arquidiócesis.


Otro de los temas importantes para Vázquez Villalobos será también terminar con la campaña de persecución a 10 sacerdotes quienes denunciaron los casos de pederastia en El Vaticano, que originó la suspensión de dos sacerdotes y un diácono, sin el debido proceso y derecho eclesiástico.


Obispo, tras 37 años de sacerdocio



El nuevo arzobispo (derecha), al lado del obispo auxiliar Gonzalo Alonso Calzada Guerrero y del ex arzobispo José Luis Chávez Botello

Pedro Vásquez Villalobos tiene 67 años de edad, nació el 16 de septiembre de 1950 en Huisquilco, Jalisco.


Estudió la secundaria en el Colegio Felipe Galindo, la preparatoria en el Seminario Menor de avenida Las Torres, en Guadalajara, después el curso introductorio en Tapalpa y la Filosofía y hasta segundo grado de Teología en el seminario Mayor de Guadalajara. Terminó sus estudios teológicos en el Seminario Mayor de San Juan de los Lagos. Fue ordenado diácono en San Juan de los Lagos, el 23 de diciembre de 1977, por monseñor Francisco Javier Nuño Guerrero.


Recibió la ordenación sacerdotal, el 15 de abril de 1979 de manos de monseñor Nuño Guerrero, en la Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.


Tras su ordenación, inició el ministerio como vicario parroquial en el templo San Diego de Alejandría, fue suplente de párroco en la Catedral del Señor de Tabasco y vicario en San Miguel Arcángel de Yahualica de González Gallo. Además a partir de 1990 fue párroco de San Agustín de Tototlán y desde 1996 lo fue en Santa María de Guadalupe de Arandas.


Luego durante seis años, fue decano de Arandas, miembro del Consejo Diocesano de Pastoral y entre 2003 y 2011, coordinó la Fraterna Asistencia y Seguro Social para los sacerdotes diocesanos.


Después de 37 años, el 31 de octubre de 2012, el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo de la Diócesis de Puerto Escondido, sustituyendo a Eduardo Carmona Ortega.


Recibió la consagración episcopal el día 30 de enero de 2013, a manos del entonces nuncio apostólico en el país, monseñor Christophe Pierre, actuando como principal consagrante y como co-consagrantes el arzobispo de Antequera, José Luis Chávez Botello y al cardenal emérito de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez.


“Cuidemos a Oaxaca”


Saludo con afecto de hermano a monseñor José Luis Chávez Botello. Dios le recompense por su labor pastoral realizada a lo largo de estos años. Siervo bueno y fiel, gracias por su gran amor a la Eucaristía, por su entrega a la causa del evangelio, su amor a la Madre De Dios en su Advocación de La Soledad y de Juquila. Gracias por invitarnos una y otra vez a reconciliarnos y vivir en paz.


Que Dios inunde con su gracia y bendición a monseñor Gonzalo Alonso Calzada Guerrero (obispo auxiliar), que a las largo de 5 años ha recorrido los caminos del Señor en Antequera; los encuentros con el Pueblo fiel te han llenado de amor a nuestra gente y de preocupación por ellos.


Dios bendiga llenando de sus dones y gracias, a los sacerdotes que anuncian y viven la fe en medio de nuestro Pueblo de Oaxaca. Gracias por vivir entregados por la causa del evangelio. Gracias por ser grandes colaboradores del Obispo. Gracias por trabajar en favor de la comunión en la Iglesia.


Saludo con grande gozo a quienes viven la vida religiosa, hombres y mujeres consagrados y consagradas. Vivir los consejos evangélicos nos hace parecernos más y más al Señor. Que su presencia en esta tierra sea siempre una alegría porque necesitamos del testimonio de los que lo han dejado todo para seguir al Señor.



El nuevo arzobispo con el papa Francisco

A mis seminaristas, hombres llenos de esperanza, les saludo y les invito a descubrir a la Luz de la fe, el llamado que Dios les hace para que se prepares intensamente. Si Dios les llama a servir en el sacerdocio no tengan miedo, respondan y conságrense a Él. Mi agradecimiento y mi cercanía con quienes están en nuestro Seminario.


Mi saludo con gran amor a todos mis hermanos Oaxaqueños, que con grande fe luchan y se esfuerzan por salir adelante, que anhelan la justicia y la Paz y cada día son más conscientes de que debemos vivir reconciliados. Que nuestra Madre de Juquila les de ese aliento de hijos para que en el seguimiento del Señor y llenos de su Espíritu den abundantes frutos porque Dios les bendice a manos llenas.


Dios bendiga a todos los servidores públicos y a tantos hermanos que realizan tareas importantes en nuestra sociedad Oaxaqueña. Cuidemos juntos nuestro Oaxaca. Trabajemos para ello, siempre pensando en el bien de los demás. Dios, que los llamó a servir, les de la gracia para entender en plenitud, lo que es servir al hermano como lo piensa el Señor en el evangelio.


Les quiero decir que Dios en su infinita bondad, me ha bendecido a lo largo de toda mi vida y ministerio. Ahora me confía el cuidado de la Arquidiócesis de Antequera.


A través del Papa Francisco Dios me llama y digo como el salmista: aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.


Soy un hombre de fe y sé que encontraré en mi nueva encomienda, hombres y mujeres de fe profunda. Tengo la esperanza que con la ayuda De Dios y de mis hermanos sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes laicos continuaremos la labor pastoral que ha hecho posible que como creyentes se viva el compromiso de bautizados, proyectando en la vida diaria el ser verdaderos discípulos del Señor.


Mi amor a Dios es muy grande: Señor tu sabes que te amo, es el lema de mi escudo episcopal. Pido la ayuda de ustedes para vivirlo plenamente. Vivir día a día el amor a Dios, amando a mis hermanos.


Respondo feliz, porque sé que el llamado lo hace Dios y confía en mis débiles fuerzas y yo confío en su misericordia.


Que nuestra Madre de la Soledad y de Juquila, sea quien cuide mi ministerio, como cuidó a su Hijo y me alcance las gracias que necesito, para realizar esta labor pastoral que me ha sido confiada


En mi infancia todos éramos de primera


“Pasé mi infancia en mucha pobreza, pero nunca escuché a mis padres que le reclamaran a Dios porque vivíamos en la pobreza. Siempre nos enseñaron nuestros padres dar gracias a Dios porque nos daba que comer lo poquito que había en la mesa. Siempre fuimos felices viviendo en esa pobreza, porque teníamos el amor de nuestros padres y de Dios. Entonces, no había distinción, lo que tristemente se ha ido forjando, las famosas clases sociales, como si hubiera hombres de primera, de segunda, de tercera y de cuarta. En mi infancia, todos éramos de primera, aunque vivíamos en la pobreza. Le doy gracias a Dios, porque vengo de una familia pobre, porque puedo entender a miles y a miles de hermanos míos que viven en la pobreza”: arzobispo Vázquez Villalobos.


Contra la presa Paso de la Reina



En la región de la Costa, encabezó la lucha en contra de la presa Paso de la Reina

Por su simpatía con la corriente progresista de la Iglesia Católica, el recién electo arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos ha acompañado la lucha de las comunidades indígenas y negras de la Costa en contra de la construcción de la presa hidroeléctrica Paso de la Reina, que proyecta la Comisión Federal de Electricidad (CFE) sobre el cauce del Río Verde.


El 5 de Junio 2014, en la comunidad de Paso de la Reina, perteneciente al municipio de Santiago Jamiltepec, Vázquez Villalobos participó en una multitudinaria marcha-procesión, convocada por el Comité de Pueblos Unidos en Defensa del Río Verde (Copudever) y comunidades eclesiales.


Incluso, en la homilía de una misa que ofició, demandó a la CFE detener la construcción de la presa Paso de la Reina.


“Exigimos la cancelación inmediata del proyecto, ya que a raíz de su imposición, se han violentado sistemáticamente los derechos colectivos de las comunidades”, asentó en esa ocasión.


“No me cuesta trabajo vivir con los pobres”


El arzobispo electo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos ofreció que los pueblos indígenas y los pobres tendrán especial lugar en su labor pastoral, para ayudar a terminar con su dolor, su abandono y su sufrimiento de años.


“A mi no me cuesta ningún trabajo desgastarme por los pobres, vivir con los pobres, vibrar con los pobres, no me cuesta estar con ellos, no me cuesta vivir con ellos”, asentó.


–Su designación ha causado mucha alegría en los fieles de la arquidiócesis, ¿qué les dice?


–Les diría que le den gracias a Dios, por la alegría que les está concediendo en este momento, por la esperanza que ellos tienen ante mi llegada. Pero, eso los compromete a sostenerme como hombre de Dios, como su arzobispo, como su pastor, como su hermano, como su amigo con su oración, con su comprensión, con su perdón, con su misericordia, con su bondad, con su cercanía, con su amor. Me llena de mucha alegría y mucho gozo, pero también me cuestiona o me motiva para dar lo mejor de mi ministerio. Eso, hace que me pregunte de ¿dónde nace tanta alegría de la arquidiócesis de Oaxaca?, solo Dios es el que alegra el corazón y se vale de mi persona, para alegrar el corazón de los fieles.


–A usted lo ven como un signo de esperanza, como un verdadero pastor, sobre todo, por su acompañamiento pastoral a las comunidades indígenas y negras de la Costa, opuestas a la presa Paso de la Reina.


–Me he unido a la voz de nuestro pueblo que sufre, porque tiene esa gran preocupación de que si se construye la presa Paso de la Reina tendrá que salir y dejar las tierras donde nació y creció. Ese es su mundo y no quiere ir a otra parte, porque ese mundo es desconocido. Me he unido a ese sufrimiento; simplemente he sido una voz más del pueblo, que dice no queremos esto, porque va acabar nuestra historia de vida.


–Pocos obispos habrían hecho algo así, ¿por qué usted si?


–He podido convivir con el pueblo; no nos piden mucho, solamente nos piden que pasemos un ratito con ellos, que estemos con ellos, que los saludemos, que les demos una palabra, que les permitamos estar cercanos a nosotros, darnos un abrazo, tomarnos una foto, sentarnos a la mesa con ellos, comer lo que han preparado y comerlo con gusto. Y claro, celebrar la eucaristía en sus pueblos.


–El fantasma de la pederastia ha rondado a la arquidiócesis por las denuncias en contra de dos sacerdotes, ¿qué decisión asumirá para evitar más casos?


–Estaré con ellos, los ayudaré a ser mejores, viviré con ellos, eso es lo que tenemos que hacer. Nuestro señor en el Evangelio, nos dice ‘sean perfectos, como su padre celestial es perfecto’, tenemos que ir en busca de la perfección. Estas cosas ya no se deben de dar. El Papa Francisco nos pide que estas cosas ya no se den y que estemos al pendiente.


“Pongan la mirada en la Costa”


Ante los daños ocasionados por el terremoto de magnitud 7.2 de febrero pasado, el arzobispo electo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos demandó a los gobiernos federal y estatal poner la mirada en la región de la Costa y destinar recursos financieros para la reconstrucción de miles de viviendas afectadas, especialmente en comunidades mixtecas y comunidades negras.


“Como no hubo personas fallecidas por el sismo, piensan a lo mejor que la gente no está tan dada a la desgracia”, asentó.


Expuso que las administraciones federal y estatal “necesitan mirar la realidad” de las comunidades, porque los damnificados difícilmente podrán levantarse sin su intervención.


“Si no reciben un apoyo del Fonden o de otros programas, no podrán tener otra vez una casita techada o un lugar donde estar y no podrán salir de esa realidad”, asentó.


Además, destacó que la mayoría de los damnificados en las comunidades indígenas y negras de por sí se encuentran en la marginación y en la pobreza.


La arquidiócesis de Antequera-Oaxaca


En junio de 1535 se erige la diócesis de Antequera a partir de la original diócesis de Tlaxcala. A su vez de Antequera, surgirán las diócesis de Chiapas (1539), la diócesis de Veracruz (1863), la Diócesis de Tehuantepec (1891), la diócesis Mixteca (1902), la Diócesis de Tehuacán (1962), la prelatura Mixe (1964), la prelatura de Huautla (1972) y la Diócesis de Puerto Escondido (2003).


En junio de 1891, la diócesis de Antequera fue elevada al rango de arquidiócesis.


Está regida por un arzobispo asistido por un obispo auxiliar. La arquidiócesis es miembro de la Conferencia Episcopal Mexicana y pertenece a la zona pastoral del Pacífico-Sur. Sus diócesis sufragáneas incluyen las prelaturas de Huautla y de Mixes, así como las diócesis de Puerto Escondido, Tehuantepec y Tuxtepec.


El territorio comprende 33 mil 648 kilómetros cuadrados. Está a cargo de un millón 132,000 de católicos. Existen 178 sacerdotes repartidos en 111 parroquias. Se efectúan aproximadamente 24 mil 550 bautismos al año, así como cinco mil 240 matrimonios.

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