Como no se recuerda en la entidad, la ceremonia de entrega del Primer Informe de Gobierno en esta ocasión fue austera, sin parafernalia, sobria. "Republicana", dijeron diputados y el titular del Poder Ejecutivo, Alejandro Murat Hinojosa.
A las 11:00 horas, el presidente de la mesa directiva Jesús Romero López dio inicio a la sesión de apertura de la 63 legislatura, designó a la comisión de cortesía para recibir a los invitados especiales y sin mayor alharaca el gobernador del estado entregó el documento.
En las gradas solo se encontraban trabajadores del Poder Legislativo, los integrantes de la banda de música de la Policía Estatal y algunos que otros despistados como el ex secretario de salud Héctor Matus Martínez, así como los diputados federales perredistas José Antonio Estefan Garfias, Francisco Martínez Neri y “Mamá” Eva.
Sin la presencia de los funcionarios del gabinete estatal, presidentes municipales y priístas acarreados, el salón del pleno del Congreso lucía algunos vacíos en sus 370 butacas. El contingente más numeroso lo conformaron los trabajadores de los diversos medios de comunicación, pero ellos estaban en lo suyo: cubriendo la nota.
Parca y desagelada fue también la intervención de los diputados locales de los diferentes partidos representados en el Congreso, cuestionando sin cuestionar y señalando sin señalar. “Reconocemos, señor gobernador, la atención que brindó usted y su esposa a los damnificados por los sismos del mes de octubre, pero ha fallado su gabinete; los responsables de la seguridad pública, salud, secretaría general de gobierno y demás no han estado a la altura de las circunstancias”.
El coordinador del PAN, Juan Mendoza Reyes, no asistió a la sesión, al igual que el diputado Javier Velásquez Guzmán, quien no asimila aun haber sido derrotado en la elección del presidente de la mesa directiva del Congreso. Del panista, sus mismo compañeros, señalan que su ausencia es solo un chantaje, porque hay cosas que en política no cambian. En lugar del coordinador panista leyó -muy mal- un discurso su compañero Fernando Huerta Cerecedo.
Durante la sesión solemne apenas se retiraron los elementos de la banda de música de la policía estatal de la sala, los vacíos se hicieron más evidentes.
Sin enormes pantallas, edecanes, secretarios y demás achichintles, el ejercicio democrático llevado a cabo en la sede del Poder Legislativo no varió de una sesión ordinaria o de la comisión permanente, salvo por las decenas elementos de seguridad pública que rodeaban el recinto con armas de fuego a la espalda.
Aunque la protesta magisterial tampoco pasó a mayores. Los maestros marcharon por la carretera a Cuilapan y se entretuvieron un poco en el monumento a Juárez, en la desviación al Congreso estatal, para esperar la culminación del evento y regresar a la ciudad. De hecho los acarreados fueron esta vez los profesores de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
El discurso del gobernador se adecuó a la circunstancia. Celebró el diálogo con los diputados, coincidió con algunas de sus críticas, pero insistió que su gobierno tiene rumbo y proyecto definido. Citó algunas acciones en materia económica, turística, seguridad pública y otros rubros, pero nada que llamara la atención de los presentes.
Después, acompañado del secretario de Salud José Narro Robles, el titular del Ejecutivo abandonó el edificio del Congreso para dirigirse al centro de convenciones, donde sí hubo fiesta y el tradicional besamanos, pero aunque sea en forma se cumplió con el mandato de la Constitución de presentar ante los representantes populares el informe de gobierno.
