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VI Jornada Mundial de los abuelos y de las personas mayores: “Yo no te olvidaré” (Is 49,15)

Pintura clásica del Museo del Prado que representa a San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, junto a su hija, la Virgen María.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador

 

En 2021 el Papa Francisco, que de Dios goce, instituyó para el cuarto domingo de julio, por ser cercano a la memoria litúrgica de San Joaquín y Santa Ana (padres de la Santísima Virgen María y, por tanto, abuelitos del Niño Dios), la Jornada mundial de los abuelos y de las personas mayores. 

Así que hoy estamos celebrando la VI edición de esta jornada mundial. Y en su mensaje para este año el Santo Padre León XIV nos recuerda: 

“La celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos y que en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios. Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita”. 

El mensaje subraya la promesa divina de un amor eterno e incondicional hacia los ancianos, caracterizado por una ternura paternal y maternal que combate el olvido y la soledad. Ante la fragilidad de la ancianidad, el Papa exhorta a redescubrir la propia vocación de "hijos de Dios" y a vivir la debilidad como una potencialidad para la reconciliación y la paz, fomentando la cultura del encuentro intergeneracional.

A propósito de esta Jornada, es bueno recordar que el cuarto mandamiento de la ley de Dios: “Honrarás a tu padre y a tu madre”, incluye también el amor y respeto a nuestros ancianitos. El Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 2218-2220), nos enseña que los hijos mayores de edad tenemos responsabilidades para con nuestros padres, y en cuanto podamos debemos prestarles ayuda material y moral en sus años de vejez y durante los tiempos de enfermedad, de soledad o de abatimiento. Jesús recuerda este deber de gratitud (Mc 7,10-12). El Catecismo también señala la especial gratitud que debemos tener para aquellos de quienes recibimos el don de la fe, la gracia del Bautismo y la vida en la Iglesia; y sin duda, de quienes más recibimos la fe, es de los abuelitos, la misma Biblia lo menciona: "Evoco el recuerdo de la fe sincera que tú tienes, fe que arraigó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y sé que también ha arraigado en ti" (2Tm 1,5). 

¡Felicidades a todos los abuelitos, gracias por ser un don para los nietos y unos maestros de vida para los hijos! Que el Señor les conceda vida, salud, el amor y cercanía de sus seres queridos; y que reciba en su seno a todos nuestros abuelitos difuntos. ¡Que así sea!

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