El extraño fenómeno que sorprendió a habitantes de la comunidad de El Salitre, en Michoacán, no corresponde al surgimiento de un nuevo volcán ni a la actividad de un géiser, según determinaron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo tras realizar una inspección en la zona.
De acuerdo con los expertos, se trata de un proceso hidrotermal conocido como "pozos de lodo", originado por el ascenso de agua caliente, vapor y gases a través de fracturas geológicas presentes en el subsuelo.
Durante la visita técnica, en la que también participaron integrantes del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y personal de Protección Civil, se documentaron emisiones de vapor, lodo y agua a altas temperaturas. Las observaciones descartaron cualquier evidencia de actividad magmática o de formación volcánica reciente.
Los investigadores localizaron un total de 11 pozas de lodo, tres de ellas dentro de una vivienda donde inicialmente se reportó el fenómeno y otras ocho en terrenos cercanos. En algunos puntos se registraron temperaturas de hasta 86 grados centígrados, además de la presencia de pequeñas cantidades de gases como dióxido de carbono, amoniaco y sulfuro de hidrógeno.
La doctora Ruth Esther Villanueva Estrada, especialista en geotermia del Instituto de Geofísica de la UNAM, explicó que la comunidad se encuentra sobre la falla geológica de Ixtlán, una estructura que facilita el desplazamiento de fluidos calientes desde capas profundas hacia la superficie. Un comportamiento similar ya había sido observado años atrás en la misma región.
Los especialistas indicaron que la distribución de las nuevas pozas coincide con el patrón detectado en eventos anteriores, lo que fortalece la hipótesis de que el fenómeno está relacionado con la actividad hidrotermal característica de la zona y no con procesos volcánicos.
Como medida preventiva, las autoridades recomendaron evitar acercarse a los pozos, no introducir objetos en las aberturas y mantenerse atentos a posibles deformaciones del terreno que pudieran indicar cambios en la actividad subterránea.
