Por: Gerardo Gutiérrez Candiani
Preocupa ver al país con una fragilidad inédita y ante un punto de quiebre con nuestro poderoso vecino del norte, precisamente en el inicio de la revisión del TMEC. Es fundamental que en la conducción nacional se ponga el interés nacional y el bien común por encima de intereses de partido. Recurrir a una retórica de soberanía sin sustento en la realidad no librará al gobierno ni al país de esta crisis en ciernes.
No hay menoscabo a la soberanía por atender, conforme a derecho y a los mecanismos de cooperación existentes, a una solicitud legítima y legal de detención de personajes señalados por presunto contubernio con el crimen organizado.
El peligro real e inmediato no es de “injerencia”, sino que la cuestionable defensa de presuntos narcopolíticos acreciente la debilidad de México ante la asimetría y la dependencia, y en el peor momento, por todo lo que hay en juego.
Sería en extremo difícil que este caso —que pudiera ser apenas la punta del iceberg, ante posibles acusaciones contra otros políticos encumbrados— no impacte la revisión del tratado. Lo lógico es que estreche los alcances del diálogo técnico que conduce el Secretario de Economía Marcelo Ebrard, en coordinación con el “cuarto de junto” del sector privado.
Hace unos días, en una conferencia del Council of the Americas en Washington, los líderes de los tres países en la negociación que dio lugar a la firma del TMEC en 2018 coincidieron en que el porvenir de éste ya no puede ser analizado y abordado aisladamente. Imposible que no se pongan en la balanza, para el caso de México, las tensiones por el crimen organizado. Ese elefante no va a moverse del medio de la sala a fuerza de arengas patrióticas.
Ildefonso Guajardo, ex Secretario de Economía, explicó que en la negociación en 2017 y 2018 las relaciones bilaterales estaban compartimentalizadas: la secretaría a su cargo llevaba la parte comercial y de inversiones, con nula contaminación de los asuntos de seguridad y migración que tenía a cargo la de Relaciones Exteriores. Hoy todo cuenta y está mezclado, y la Casa Blanca se muestra decidida a usar todas las capacidades de presión disponibles y en todos los frentes.
Y como comentó Ildefonso, es difícil encontrar un momento, en tiempos recientes, en el que nuestra nación haya estado en una posición de tanta vulnerabilidad.
La forma en que nuestro gobierno responda ante esa presión judicial marcará las pláticas del TMEC y de otros asuntos prioritarios, para bien o para mal: sea insistiendo en proteger a los indiciados, a riesgo de una ruptura, o cooperando para “tomar al toro por los cuernos” ante un cáncer de delincuencia, violencia, corrupción e impunidad que afecta a ambos países, y sobre todo al nuestro.
En cuanto a las mesas de negociación del TMEC, ante un contexto tan incierto y sembrado de minas explosivas, México debe escoger muy bien sus batallas, con realismo y pragmatismo.
Como apunta el columnista Enrique Quintana, podría darse casi por hecho que no se firmará la extensión por 16 años en el corte del 1 de julio, tan solo por las mesas bilaterales agendadas, el 16 y 17 de junio en Washington y el 20 de julio de nueva cuenta en la Ciudad de México. Canadá ni siquiera ha puesto fechas para sumarse. Los especialistas en el TMEC anticipan revisiones anuales, un escenario que no es completamente negativo.
Seguimos sentados en la mesa y, si bien es cierto que muchas empresas y sectores esperaban una pronta resolución para paliar la incertidumbre que paraliza proyectos, peor sería dar concesiones comerciales con altos costos de largo plazo solo para restablecer una certidumbre que depende quizá más de desafíos internos.
Puede ser que, como afirma Ebrard, no volveremos al libre mercado, dado que estamos ante una directiva de Donald Trump y en una nueva era de proteccionismo. Sin embargo, también es cierto que la posición dura “de saque” era de esperarse y hay espacio para los acuerdos.
Por un lado, es muy poco probable que se rompa el TMEC, cuando en las consultas realizadas entre actores económicos estadounidenses más del 85% se manifestó a favor de extenderlo. Por otra parte, un tratado regional no tiene sentido si no establece preferencias para los socios.
Eso sí, hay un escollo que debemos superar con urgencia: los aranceles al acero, al aluminio, al cobre y sus derivados, y sobre todo, a nuestra industria automotriz, todos bajo la llamada Sección 232. Ya tienen un alto costo y la afectación puede agudizarse.
Como ha advertido Rogelio Garza, presidente de la AMIA, esos gravámenes se perfilan como el problema número uno a resolver, antes de discutir cambios en reglas de origen, políticas arancelarias homologadas u otros.
Como ha dicho el ex negociador comercial de México Juan Carlos Baker, habrá que esperar algunas rondas para ver propuestas bien planchadas, pero México sí tiene que plantarse por la cancelación o reducción de esos aranceles. Es contradictorio que algunas automotrices europeas, japonesas y coreanas hoy encuentren mejores condiciones arancelarias en sus países de origen que en México y Canadá, en detrimento de los encadenamientos productivos y las empresas de toda la región.
Las exportaciones siguen creciendo, pero como ha expuesto Garza, puede ser un espejismo. Las compañías que ahora están absorbiendo pérdidas no han realizado cambios relevantes en sus cadenas porque las capacidades productivas y logísticas ya están establecidas en México. Pero eso no impide que, de persistir la problemática, opten por relocalizar.
Lo mismo aplica en la divergencia entre el espejismo de la soberanía declarativa y la soberanía real sustentada en instituciones fuertes, estado de derecho y capacidad económica.
Como ha argumentado el columnista Ezra Shabot, la capacidad negociadora de México frente al gigante del norte es limitada: la retórica de “no subordinación” carece de sostén militar, económico y político.
Lo que sí está en nuestra cancha y urge es recuperar la soberanía perdida en amplias zonas a manos del crimen, detener el deterioro de la certeza jurídica y afianzar condiciones para la productividad, la inversión y el crecimiento.
Ahí encontraremos la fuerza que hoy falta.
